Juicio moral a la literatura

El filósofo Pau Luque se alza con el Premio Angrama de Ensayo con «Las cosas son como son y otras fantasías»

La situación sanitaria ha hecho que la concesión del nuevo Premio Anagrama de Ensayo se haya retrasado este año y se hiciera público ayer y no en mayo, como estaba previsto. El galardón ha recaído en Pau Luque con «Las cosas como son y otras fantasías», un libro que presenta una reflexión sobre la moral, la imaginación y el arte narrativo. Para ello, Luque recurre a las canciones de Nick Cave, así como a novelas como la «Lolita» de Vladimir Nabokov o «El mar, el mar» de Iris Murdoch.

Mundos siniestros

El autor, en declaraciones a este diario, explica que el libro surge de una pregunta: «¿Qué carajo querrá decir que una novela o una película tiene interés moral? Empecé a pensar en esas cuestiones y, mientras lo hacía, sospeché que había algo erróneo, extraño, no muy bien fundamentado sobre la acusación de moralista que a veces se hace a algunas novelas o películas. De la tensión de esta intuición paradójica, de esta sospecha de que hay algo raro, surgió la idea del ensayo». En la obra, el autor lo que quiere es «sugerir una manera, tal vez peculiar, de entender las relaciones entre arte y moral. Hay tiempo para todo: para divertirse, para ver cosas que no tienen interés moral, pero también hay momentos en que el arte nos da lo que necesitamos. Por eso creo que debe ser moralista, debe explorar las virtudes morales imperfectas: lealtad, nobleza, generosidad y, sobre todo, la imaginación».

Para ello, como se ha dicho anteriormente, Luque recurre a una serie de ejemplos, varios de ellos con capítulo propio. El primero es el músico y escritor australiano Nick Cave. «Él tiene una manera de ver su propia obra y el arte que consiste en huir de sí mismo, en su caso, imaginando mundos bastante siniestros, pero que son bastante ajenos a él. En alguna entrevista que le he leído, aseguró que no le interesaba ser introspectivo y siempre le llamó la atención la idea de Kafka: un tipo sentado en una oficina y a quien le pasan cosas muy locas por la cabeza. Quería hacer un ensayo sobre la imaginación literaria y artística, y Cave me interesaba por esto, porque sus letras y su música tienen esa pulsión para imaginar y fabular formas de personajes moralmente abyectos. Ello nos ayuda a entender mejor nuestras prácticas morales».

En el caso de Nabokov y su «Lolita», una novela que ha sido cuestionada en los últimos años por motivos morales, Luque recuerda que le dedica un capítulo que titula de una manera un poco extraña: «La Lolita de “Lolita” no es una “lolita”». «Creo que hay una especie de lectura e interpretación que se ha popularizado mucho según la cual el protagonista de la novela es alguien que cae rendido y enamorado a los pies de una preadolescente. Eso es una mala interpretación, porque “Lolita” es la historia de un secuestro y un abuso por parte de un tipo mayor perturbado hacia una menor. Esa es la interpretación más plausible de la obra. Si uno lo lee en dichos términos, es una lectura moralista en la dirección opuesta a la que se le había supuesto». Luque no considera que sea esta una interpretación moralizante del clásico del autor ruso. «No importa mucho la intención de Nabokov. Llega un momento en el que el libro toma vida propia con independencia de lo que quisiera o no Nabokov. Yo lo que digo es que de “Lolita” se pueden extraer algunas lecciones acerca de la crueldad y la perversidad que da a los hombres el tener poder. En ese sentido, es una novela moralista, cómo los hombres que tienen poder pueden usarlo para hacer cosas perversas que es lo que pasa con Humbert Humbert en el libro».

Otro título con un papel destacado en la obra ganadora del Premio Anagrama de Ensayo es «El mar, el mar», de la irlandesa Iris Murdoch. Si ha escogido este título es porque «algo que me interesaba mucho es que se trata de una novela en la cual los personajes van reflexionando sobre lo que van haciendo en tiempo real. El protagonista, Charles Arrowby, descubre en tiempo real cómo es víctima de la fantasía que él mismo se ha creado. Ha querido creer, ha deseado creer porque le convenía creer que esta pareja suya que encuentra en el pueblo sigue enamorada de él. La secuestra y hace de todo. Pero lo que me interesaba es cómo el propio narrador se va dando cuenta de que está siendo víctima de su propia fantasía, de su propio engaño». Y todo ello lo enlaza con una frase de la propia escritora y que es guía de su ensayo: «La imaginación es la propia negación de la fantasía».

En una época como esta, en la que la realidad nos ha dado una bofetada vestida de coronavirus, ¿se impone la imaginación? Luque (en la imagen) recuerda que «es cierto que hay quien reivindica la imaginación como una huida de la realidad. No sé qué pensar de la huida de la realidad. Creo que la imaginación es una manera de irse de ella para volver luego mejor equipados, con un bagaje más grande. No me convence la idea de evasión. Es un viaje de ida y vuelta».