Tino Casal: el archiduque del pop español

Desarrolló un estilo único mezclando el pop de los 80 y el glam y una estética barroca

Con independencia de si gusta o no su obra, no hay duda de que la figura de Tino Casal es única en España, tanto a nivel estético como musical. Este 22 de septiembre se cumplieron 29 años de su fallecimiento, a la tempranísima edad de 46 años, por lo que es un buen momento para rememorar su carrera, que no es solo su archifamosa versión de “Eloise”.

Por estética y quizá por la música, hubiera encajado en la tan ochentera Movida Madrileña, pero Casal era algo más, y desarrolló su carrera al margen de casi todo. De hecho, parecía más cercano al entorno de su Oviedo natal. Poco rural había en él, más bien todo era barroco y excesivo, pero por ejemplo su primera banda conocida, Los Archiduques, tenía elementos celta en su música.

Fueron un grupo destacado en Asturias en los años 60 y 70, aunque no traspasaron del todo la barrera del tiempo. Algunos de sus temas más conocidos son “Lamento de gaitas” y “Si mi padre fuera rey”. La aventura duró cinco años de 1968 a 1973, y llegaron más lejos que su primer grupo, Los Zafiros Negros.

Tras su marcha de Los Archiduques en 1973, termina instalándose en Madrid dispuesto a iniciar su carrera en solitario. Grabó los sencillos “Olvidar, recordar” y “Emborráchate”, y participó en el XX Festival de Benidorm en el verano del 78, ganando el Premio de la Crítica y el de la Radio y Televisión al mejor intérprete, así como el de la Asociación de la Prensa.

Con la llegada de finales delos 70, Tino dio un paso adelante en su carrera. Apartó de forma temporal lo de ser cantante y empezó a producir a Obús, que sería la mejor y más importante banda del heavy español, junto a Barón Rojo. En el cine, siguió de cerca la incipiente trayectoria de Pedro Almodóvar.

Además, decide mudarse a Londres en una época muy interesante en la capital británica. De ahí coge su evidente influencia a todos los niveles de iconos glam como David Bowie y Bryan Ferry. También se dedicó a la pintura y la escultura. Convertido en un “new romantic”, volvió a España para convertirse en una estrella.

Su lanzamiento en solitario llegó en 1981 de la mano del entonces afamado productor y ahora locutor Julián Ruiz. El disco se llamó “Neocasal”, y fue una bocanada de aire fresco. Llegó el primer éxito, “Champú de huevo”, interesando a una nueva generación de oyentes. De hecho, llegó al número 1 en la lista de singles.

Casal y Ruiz siguieron trabajando juntos, con la idea de introducir en España lo que se conocía esos años como “Nuevos Románticos”. Una mezcla de la música más ochentera, con toques glam y punkies. En la música y en la ropa. Tino Casal potenció el culto a la estética, y también la comercial calidad de su música. Un buen ejemplo de ello fue el brillante single “Embrujada”, su mayor éxito hasta entonces. El impactante videoclip ayudó. El tema se incluyó en su segundo álbum, “Etiqueta negra”, que se publicó en 1983. Sonaba más al típico tecno-pop de la época, más que a glam. La reedición del álbum incluyó el tema “Tigre bengalí”, que fue grabado para la película “Sal gorda” de Fernando Trueba. Es otra de sus mejores canciones.

Componiendo canciones para otros artistas, como Pato de Goma, y produciendo a Vidrio, en 1984 recibió otro golpe de suerte. “Pánico en el Edén”, uno de los temas de su nuevo disco, “Hielo rojo”, fue escogido como la sintonía oficial para TVE de la Vuelta Ciclista a España, más popular que nunca en esos años. Pasaría lo mismo con su posterior canción “Oro negro”, dos años más tarde. “Hielo rojo” prosiguió la buena racha artística y comercial.

En la cúspide, la desgracia se cebó en él. Concretamente, en verano de 1985 sufrió un esguince de tobillo en un concierto en plena gira en la sala Pachá de Valencia.

El problema es que no hizo ningún caso a los médicos y siguió la gira, automedicándose. Lo grave llegó cuando tuvo que ser hospitalizado por causa de una necrosis producto de una descalcificación en la cabeza del fémur, llegando a temerse por su vida. Su convalecencia fue larga, permaneciendo en silla de ruedas durante meses en su casa de Oviedo. Tuvo que aguantar rumores sobre si padecía sida o no.

Ya recuperado, y de nuevo con el apoyo en la producción de Ruiz, en 1987 editó “Lágrimas de cocodrilo”, disco que incluía una excelente versión del clásico “Eloise” de Barry Ryan y con el que volvió a los primeros puestos de las listas de ventas. Ha quedado como su canción más emblemática, y lo merece, pero en el álbum también destacan “Noche de perros” y la citada “Oro negro”.

“Lágrimas de cocodrilo” fue su disco más popular y de mayor éxito, en buena parte gracias a “Eloise”, pero también por tener un gran sonido, grabado en los Abbey Road Studios de Londres. Colaboró la London Philarmonic Orchestra, bajo la dirección de Andrew Powell, arreglista de Alan Parsons.

En 1990 publicó el que iba a ser su último disco, “Histeria”, que pasó mucho más desapercibido. Estaba dedicado a dos amigos fallecidos de sida. Tino decidió volver a volcarse con la pintura.

Un domingo de otoño, en septiembre de 1991, Tino sufrió un accidente automovilístico en Aravaca en el que perdió la vida. Volviendo de una discoteca, se estrelló con una farola.

Por pura coincidencia, al día siguiente se publicó, siguiendo el calendario previsto, sus “Grandes éxitos”.

Casal es una figura con bastante prestigio y sus canciones han sido versionadas por numerosos artistas, desde la revisión de Alaska junta Madelman de “Bailar hasta morir”, o “Embrujada” de Marta Sánchez. En 2003 el director asturiano José Antonio Quirós produce un largometraje documental llamado “Gran Casal me Como el Mundo” (2003) en el que se narra la obra y vida artística de Casal de la mano de sus amigos más allegados y parientes, así como los aspectos menos conocidos del mismo.