Ciencia

El coronavirus está mutando, pero no como piensas

El coronavirus, llamado técnicamente SARS-CoV-2, está mutando, pero sigue siendo el mismo que salió de Wuhan y si se comporta diferente es, sobre todo, porque nuestra sociedad es diferente.

Este artículo fue publicado el 18 de marzo de 2020. Teniendo en cuenta la velocidad a la que cambian los datos y los modelos predictivos empleados es probable que la información del siguiente documento ya esté desactualizada. Recomendamos buscar una fuente más reciente y leer el presente artículo teniendo en cuenta este inevitable desfase.

Es posible que hayas leído que el virus del COVID-19 ha mutado y el de España no es el mismo que el de Wuhan. Pero ¿qué tiene esto de cierto? Quienes así lo afirman se apoyan en los resultados de un estudio de la Universidad de Valencia que ha podido leer prácticamente toda la información genética del virus (SARS-CoV-2) de un paciente español. Algunos artículos añaden que esta ha sido la primera vez que se ha leído toda la información genética del virus, sin embargo, es parcialmente falso, porque hace semanas que se ha secuenciado su genoma completo y no una, sino cientos de veces por todo el mundo. La verdadera novedad a celebrar, es que esta ha sido la primera vez que se ha hecho con un virus aislado en España. Y esa es la clave, porque comparando esas secuencias de ARN con las de otros países se ha revelado que las de Wuhan y la de España no son idénticas. ¿Significa esto que ha mutado?

Sí, sin lugar a duda ha mutado, pero no como crees. Popularmente “mutar” suena realmente mal, pero no quiere decir necesariamente que el virus se vuelva más agresivo o que su transmisión se acelere, simplemente que su material genético ha cambiado. De hecho, en ocasiones puede ocurrir todo lo contrario y que el virus se vuelva más “manso”.

La inestabilidad del ARN

Todo muta. Todos los seres vivos lo hacen, incluso tú. Así que, es posible que, ahora mismo estés mutando. La información que ha ayudado a construirte tal y como eres, escondida en tus genes, se enfrenta a cambios constantemente. Pero, aunque suene abrumador, que algo mute solo significa que ha habido cambios en la estructura de su material genético, en tu caso el famoso ADN y en caso del coronavirus, en su ARN.

El ADN es una molécula formada por dos “hilos” cada uno de ellos enroscado sobre el otro y compuesto de muchas moléculas más pequeñas puestas en fila, como las cuentas de un collar. Estas “cuentas” se llaman nucleótidos y cada una de ellas muestra una molécula todavía menor que diferencia a unas de otras, las bases nitrogenadas. Estas últimas son esas famosas “letras” de las que se suele hablar: adenina (A), citosina (C), guanina (G) y timina (T). Para simplificar las cosas podemos imaginarnos cada uno de estos hilos como una larguísima cadena de letras tal que así …GATTACACCGTACTTA… La clave está en cómo se unen dos de estos hilos (llamados técnicamente “hebras”) para formar una molécula de ADN.

No podemos unirlas de cualquier manera, tenemos que hacer que las letras de una se “enganchen” a las de la otra y lo cierto es que son algo caprichosas. Tienen una norma: una A solo se une a una T y una C a una G. Así pues, la hebra complementaria a la que hemos escrito antes sería la siguiente: …CTAATGTGGCAGAAT… Esto es muy útil, porque así el ADN tiene una especie de copia por duplicado de su información genética y si alguna letra de una hebra muta y desaparece puede saber cual era buscando en la otra hebra a su pareja. Aunque si somos estrictos la cadena complementaria sería …TAAGTACGGTGTAATC… la de antes pero dada la vuelta, pero el motivo volvería este texto algo más confuso.

En el caso del ARN pasa exactamente igual, salvo por dos diferencias. La primera es que en lugar de tiamina (T) tiene uracilo (U). La segunda es que en muchas ocasiones puede estar formado por una sola hebra, y esto es crucial para comprender la mutabilidad del SARS-CoV-2.

Miles de mutaciones

Por desgracia, la información que guardan estas moléculas, tan relevante para la vida, puede cambiar. Son muchos los motivos por los que esto ocurre, desde los daños producidos por la radiación ultravioleta del Sol hasta pequeños errores que suceden durante la división celular. A veces se borra una letra o se cambia una por otra. La parte positiva es que, como decíamos antes, nosotros tenemos mecanismos que nos ayudan a arreglar estos fallos, los corrigen mirando la hebra intacta, que funciona como el negativo de una fotografía. Pero, este truco no está al alcance del ARN monocatenario, que así se llama cuando está formado por una sola hebra. Este es uno de los motivos por los que los virus de ARN, como el SARS-CoV-2 mutan mucho más que los de ADN, como los del herpes (Herpesviridae).

Así que sí, el coronavirus ha mutado y tiene diferencias en su ARN respecto al que se extendía en Wuhan, pero no es el único que ha mutado. De hecho, casi todos los países muestran algunas diferencias en sus versiones. Estos cambios son muy interesantes para los científicos, pero no porque nos hablen de cómo de agresivos son, eso todavía no lo sabemos deducir a partir de su ARN. Lo que sí se puede hacerse es reconstruir una especie de árbol genealógico del virus, colocando a cada una de sus variantes en él para saber cómo se ha ido extendiendo por el mundo y si la variante española es descendiente de la italiana y la italiana de la china. Es lo que se llama, técnicamente, un árbol filogenético. Sin embargo, hay un detalle importante. Los cambios son mínimos. De las aproximadamente 30.000 letras que forman el ARN del SARS-CoV-2 de las variantes de Wuhan, el español solo cambian entre 9 y 2 letras.

Una vuelta de tuerca

A decir verdad, es una diferencia mínima, minúscula prácticamente. Tan pequeña que no podemos decir que los virus sean diferentes, como tanto se ha afirmado. El virus que salió de Wuhan y el de España son prácticamente idénticos. Puede parecer extraño teniendo en cuenta lo mucho que se está multiplicando si pensamos que cada vez que lo hace, el virus corre el riesgo de mutar, sobre todo pensando que es de ARN y por lo tanto más propenso a cambiar. Sin embargo, la situación es más compleja, el formato de la información genética no es lo único que afecta a la mutabilidad. En el caso del coronavirus, su genoma es realmente grande comparado con otros virus de ARN y entre sus 30.000 letras puede permitirse destinar algunas a volverse más estable. Es como si tuviera entre las páginas de su enciclopedia genética un pequeño capítulo explicando cómo reparar el libro en caso de que se borraran algunas de sus letras.

Este es el motivo por el que los coronavirus en general y el SARS-CoV-2 en particular mutan menos que la mayoría de los virus de ARN. De hecho, muta menos que los virus de la gripe (Orthomyxoviridae). Y por eso, hasta ahora no se había hablado demasiado en los medios sobre la posibilidad de que mutara, porque era improbable y había información aparentemente más relevante.

Pero hay más. Porque como hemos dicho, mutar no significa volverse más agresivo, es simplemente cambiar. Algunas de las 30.000 letras del ARN del SARS-CoV-2 no son demasiado relevantes, pueden cambiar sin que suponga una diferencia dramática para la información. Sin embargo, la mayoría son realmente relevantes y han sido afinados durante muchas generaciones para permitir que el virus funcione correctamente. Si el ARN comienza a sufrir cambios al azar, añadiendo letras, duplicándolas, borrándolas o invirtiendo su orden lo más probable es que quede ilegible y el virus pierda algo clave para su supervivencia.

Por ejemplo, cambiemos aleatoriamente una letra de la palabra “científico”. Puede que tengamos suerte y que la “o” se vuelva una “a” dando “científica” o que se añada una “s” al final y sea “científicos”. En ambos casos, aunque la palabra ha cambiado ha adquirido un nuevo significado que podría tener una función interesante. No obstante, lo más normal es que de la aleatoriedad surjan aberraciones como “cieneificos” o “científicorr”. Ese es el motivo por el que las partes del genoma claves para la supervivencia de una especie suelen mutar mucho menos que el resto de zonas y el motivo por el que los virus no suelen volverse más agresivos a la ligera, aunque acumulen muchas mutaciones. Es algo que ocurre, por supuesto, pero muchísimo menos de lo que se suele pensar. Sin embargo, al principio del artículo hemos dicho algo mucho más impactante, y es que un virus también puede mutar para bien, haciéndose menos letal. ¿Podría ocurrir esto con el SARS-CoV-19?

Evolución no es progreso

Las mutaciones ocurren al azar, eso ya lo hemos dicho y por eso existen muchas mutaciones neutras, que no cambian gran cosa. Lo que hace que unas mutaciones triunfen y se transmitan a los descendientes de un virus, una vaca o tú mismo, es el entorno al que se enfrentan. En la naturaleza la evolución no es progresión, no vamos a mejor, simplemente cambiamos y a veces, una mutación resulta ser beneficiosa para el entorno concreto en el que vivimos. Por ejemplo, los osos polares (Ursus maritimus) están adaptados a la nieve y su color blanco les ayuda a camuflarse, pero no les hace mejores que otros osos, solo mejores para esas condiciones. Cuando el polo norte se deshiele su ventaja desaparecerá y, si el cambio climático fuera menos rápido de lo que es, puede que les diera tiempo de adaptarse desarrollando un tono más parecido al de sus parientes pardos (Ursus arctos)

Ese cambio en el clima es una presión selectiva que empuja a las especies a evolucionar y lo mismo ocurre con los virus. ¿Qué ventaja saca un virus de volverse más letal? Por lo general el virus no obtiene ningún beneficio de que muera su hospedador, los daños que causa en nuestro cuerpo suelen ser colaterales a su verdadero “interés”: entrar en nuestras células para aprovecharse de su maquinaria, haciendo con ella copias de del ARN y, por lo tanto, de sí mismos. Este secuestro celular suele dejar secuelas que producen fiebre, la inflamación de las vías aéreas que dificulta la respiración y el resto de los síntomas y signos que relatan los infectados. Lo que realmente le “interesa” al virus es esparcirse tan rápido como pueda.

Aunque seamos sinceros, un patógeno no busca hacer daño, pero tampoco le importa mucho, así que no tiene motivos para intentar evitarlo, al menos mientras siempre tenga a mano otra persona a la que infectar cuando mate a la primera. Dicho con otras palabras: cuando hay mucha población al alcance del virus solo siente la presión selectiva de transmitirse más rápido que el resto de los virus para “ganar la carrera”, aunque sea a costa de volverse más agresivo y dañar más a tus células. Estas mutaciones no nos convienen, pero pensemos en qué pasaría cuando al virus le cueste encontrar a otras personas que infectar.

Mutar para “bien”

Estamos simplificando algo que en realidad es mucho más complejo, pero es una forma de transmitir una idea acertada sobre cómo cambian los microorganismos que se aprovechan de otros seres, ya sean virus, bacterias, hongos, etc. Imaginemos una población pequeña, tal vez una comunidad nómada de 20 individuos. Un virus demasiado rápido infectará en poco tiempo a los 20 y se quedará sin nuevos huéspedes. A no ser, claro, que se crucen con otra comunidad. Pero ¿cuándo puede ocurrir eso? Quizá no ocurra ni en días ni en semanas, sino en meses, y el virus muera porque o ya ha matado a sus huéspedes o estos se han vuelto inmunes a él. En estos casos, las variantes del virus menos agresivas mantienen más tiempo con vida a su huésped y por lo tanto tienen más posibilidades de encontrar a uno nuevo al que infectar. De hecho, se cree que fue así como evolucionaron algunas infecciones de muy largo desarrollo, como la tuberculosis (Mycobacterium tuberculosis)

Son muchos los motivos por los que hemos de permanecer en cuarentena. El principal es proteger a la población de riesgo y evitar que el virus se propague rápidamente de una persona a otra. Quedándonos en casa reducimos el número de contactos diarios que tenemos y por lo tanto al virus le es más difícil saltar a otros individuos. Esto reduce el ritmo de reproducción del virus (R0) así como el número de infectados, evitando que se sature el sistema de salud y por lo tanto bajando la letalidad. Hablamos de parámetros dinámicos del virus, que cambian incluso cuando su genética es idéntica y explican por qué el virus se comporta de forma distinta en diferentes países. Ninguna sociedad es igual, no tomamos las mismas medidas de precaución y Europa tiene una mayor proporción de personas de la tercera edad que China, haciéndola más vulnerable al virus.

Sin embargo, podría haber otro beneficio derivado de las medidas de contención y es que, aunque sabemos que no son perfectas y algún virus se escapará a la cuarentena, no será cualquier virus. Será uno que haya podido sobrevivir a un largo periodo de tiempo en una población reducida, apenas un núcleo familiar. Será, posiblemente, un virus menos letal que la media del SARS-CoV-19 en las mismas condiciones. Podríamos estar hablando de una mutación beneficiosa para nosotros.

Sea como fuere, el distanciamiento social parece ser la medida más cabal para afrontar la pandemia. Una pandemia que muta, sí, pero que genéticamente sigue siendo la misma que salió de Wuhan y que, si jugamos bien las cartas, podemos presionarla a nuestro favor.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Existen indicios de que, si bien las variantes del virus entre países europeos no son significativas, en China sí que existían dos cepas diferentes de las cuales la más agresiva (la L) es la que se ha globalizado, aunque en Wuhan esta era la menos frecuente y era la S quien dominaba. Esta afirmación se basa en un estudio válido, pero con limitaciones que no permiten determinar si sus conclusiones son correctas o si han sido sesgadas por la falta de sujetos o algún problema metodológico. Hace falta seguir estudiándolo.
  • Evolución no es progreso y la adaptación que vuelve a un individuo más apto depende en gran medida del contexto.
  • Existen mutaciones neutras y mutaciones adversas para el organismo, como las que producen enfermedades genéticas en nuestra especie. Las mutaciones beneficiosas son muy raras, casi tanto como aprobar un examen de tipo test respondiendo todas las preguntas al azar.
  • En cualquier caso, las cosas improbables ocurren si esperamos suficiente tiempo, por lo que el SARS-CoV-2 podría mutar a peor. Lo que este artículo trata de hacer es poner sobre la mesa esas probabilidades.

REFERENCIAS: