Muere el fotoperiodista que retrató la barbarie de la Revolución Cultural china

Su testimonio ha pasado a la historia como el documento visual más importante de las actuaciones de Mao Zedong entre 1966 y 1976

Hace más de cincuenta años que comenzó la Revolución Cultural y allí estaba él, Li Zhensheng. Con su cámara a cuestas, el fotógrafo chino retrató parte de lo que fueron esos diez años en los que Mao intentó mantener el comunismo a toda costa a base de eliminar cualquier traza de capitalismo y de hacer bueno su propio revisionismo. El hermetismo del régimen hizo que, por entonces, se viera lo justo. Poco o nada más de lo que ellos quisieron contar.

Pero con el tiempo fueron saliendo imágenes. Los carretes de un treintañero que se había recorrido las calles y campos inmortalizando (y ocultando) todo lo que se ponía a tiro de objetivo: “Lo hago para que no vuelva a ocurrir”, reconocía de unas instantáneas que desde el minuto uno sabía que no eran del agrado de los de arriba. Las imágenes retrataban a un sistema instalado en la barbarie que derivó en la Gran Hambruna china que terminó con la vida de millones de personas.

La suya, su vida, terminó ahora, aunque, antes de marcharse, Li Zhensheng pidió a sus allegados que transmitieran su mensaje: “He pasado mi vida esforzándome por dar testimonio y documentar la historia, y ahora descansaré en la historia”, se lee en un comunicado emitido tras su muerte, a los 79 años, después de una hemorragia cerebral.

Con la pérdida de su madre a los tres años, Li ayudó a su padre, primero cocinero y luego agricultor, hasta que tuvo diez. A pesar de entrar tarde en los estudios, logró hacerse un hueco en la escuela de cine de Changchun, en la que se formaría como fotógrafo. Siendo esta educación la que le terminaría convirtiendo en un “evangelista” de la Revolución Cultural, como él mismo se definió. De esta forma, intentaría llamar la atención de uno de los períodos más traumáticos de la historia de su país y que paralizaría la nación de 1966 al 1976.

Li portaba un brazalete en el que se podía leer “soldado de noticias de color rojo” (“Red-Color News Soldier”), un fotoperiodista acreditado para la ocasión; sin embargo, la orden era clara “no publicar imágenes negativas”. Tomó miles de fotografías que, ante la imposibilidad de que vieran la luz, se guardaron para denunciar la situación en un futuro. Con la muerte de Mao Zedong en septiembre del 76, se ordenó entregar todo el material, pero Li escondió 20.000 negativos bajo el suelo de su casa de Harbin que más de una década después, en 1988, sí saldrían de su guarida. Aunque solo fue una pequeña muestra. Veinte fotografías que se presentaron a un concurso nacional de fotografía.

El grueso de la colección se reservó para 2003, cuando se publicó “Red-Color News Soldier”, la documentación visual más completa de la Revolución Cultural que terminó convirtiéndose en todo un testimonio de la brutalidad comunista: “Mi propósito no es mostrar el lado oscuro de las personas en el poder, sino enseñar a la gente lo que sucedió en el pasado para que nada de eso vuelva a suceder. No es un intento de poner al descubierto la autoridad china”, reconocía durante su presentación.