Crítica de “Nuestras derrotas”: La lucha sí continúa ★★★★✩

Dirección: Jean-Gabriel Périot. Fotografía: Amine Berrada, Manon Fourneyron y S. Belkie. Intérpretes: Swann Agha, Natasha Andraos. Francia, 2019. Duración: 100 min. Documental.

En un momento del segundo capítulo de la serie “France Tour Détour Deux Enfants”, Jean-Luc Godard, en fuera de campo, entrevista a un niño en medio de la calle, preguntándole sobre conceptos tan esenciales como la luz o la verdad. “Tu vida, ¿va en línea recta o en línea curva?”, le espeta sin dilación. Lo que hace Jean-Gabriel Périot en “Nuestras derrotas” se parece bastante a ese cine ensayístico en el que Godard, desencantado de las utopías del mayo del 68, cuestiona la materia prima del pensamiento desde la reivindicación de una inocencia sin respuestas definitivas. Périot trabaja con diez alumnos de un instituto de secundaria en un taller sobre cine militante en el que tienen que recrear escenas de películas emblemáticas del periodo -de “La chinoise” a “La salamandra”, pasando por cintas del colectivo Medevkine y Chris Marker- y comentar los conceptos que allí se debaten, desde el sentido de la revolución a la vigencia de la lucha de clases.

La candidez con que estos adolescentes hablan de política -interesante, por ejemplo, que muchos de ellos no sepan ni siquiera lo que es un sindicato- no les exime de representar lo que toda una generación -en apariencia más pragmática, menos idealista, que la de los estudiantes marxistas-leninistas de finales de los sesenta- ha aprendido del fracaso de la ideología revolucionaria en la sociedad occidental. Es un ejercicio de lo más instructivo ver cómo cada uno de ellos reinterpreta ese cine contestatario a la luz de sus experiencias personales y su manera de relacionarse con el mundo, por mucho que no esté articuladas políticamente.

Es aún más instructivo el epílogo con el que Periot termina la película, en el que algunos de los alumnos del taller participan en la paralización de las clases del instituto en la época en que las protestas del movimiento de los “chalecos amarillos” se extendieron por toda Francia. Es en el momento de la lucha activa, en la que la teoría se lleva a la práctica, que los chicos toman conciencia política real del espacio que ocupan en la sociedad. No hay derrota sin pelea, y lo importante es pelear, resistirse, cuestionar al “status quo”. Es posible que desfallezcamos, que salgamos de la experiencia magullados y sin energía, pero al menos, sí, la derrota será nuestra, no habrá que mendigar el fracaso ajeno. Y siempre podremos levantarnos del suelo. El cine nos tenderá la mano.

Lo mejor: La idea motora del documental, una muy eficaz manera de examinar los nuevos valores políticos de una generación

Lo peor: Que no haya más películas que crean en la fuerza inapelable de la revolución