La extraña historia de la Rana Pepe: el símbolo involuntario de la América racista

Originalmente un personaje de cómic, pasó a ser uno de los memes más populares y de ahí a ser apropiado como mascota de la extrema derecha estadounidense. Vida, muerte y resurrección de un batracio inocente

Ya casi parece la prehistoria de internet. Pero en 2008, la Rana Pepe se convirtió en un icono viral. Este personaje secundario del cómic “Boy’s Club” (traducido en españa por “Coleguis”) había empezado cayendo en gracia a algunos seguidores de las viñetas a través MySpace (ya dijimos que era vieja es esta historia), hasta que, poco a poco, su imagen se iba difundiendo como una manera de contestar mensajes sin utilizar palabras. Desde 2005, la imagen de la Rana Pepe era objeto de culto y de intercambio para arrancar alguna sonrisa y comenzó a difundirse por la plataforma 4chan, frecuentada por seguidores del mundo del cómic. Todo esto sucedía sin el conocimiento de su creador, el dibujante Matt Furie, de ideas más bien pacifistas y despreocupado con el uso que pudieran hacer los usuarios de su creación. La historia de la rana hasta convertirse en símbolo de la derecha radical y el supremacismo blanco se cuenta en el documental “Feel Good, man”, que acaba de estrenarse.

Pepe se convirtió en todo un personaje de internet, con su eslogan “Feels Good, Man” (que puede ser como “está guay” o “qué gusto”) como bandera de una vida relajada. La costumbre favorita de la rana es orinar con los pantalones por los tobillos y exclamar su frase favorita. No puede decirse que tenga el menor contenido político, sino más bien al contrario. El caso es que la rana fue seduciendo a más y más personas y famosos. Kate Perry y Nicky Minaj escribieron mensajes con el personaje como icono. Poco a poco se había convertido en una figura pop, muchísimo más de lo que Furie había imaginado jamás para un humilde batracio. Incluso el sector de los adictos al fitness utilizaban su efigie para compartir imágenes del postentrenamiento. En 2015, según la revista “Vox”, el sapo era el meme más rebotado en Tumblr. Pepe había dejado de ser un personaje para frikis de 4chan y se estaba convirtiendo en “mainstream”. Tanto que, ese 2015, hasta el propio Donald Trump compartió una imagen de Pepe en su Twitter.

Y fue en ese momento cuando todo comenzó a complicarse. Se acercaba la muy disputada carrera electoral de 2016, en la que Trump había arrancado un año antes como nada más que uno de los 13 precandidatos republicanos, pero que había ido avanzando, fase a fase, hasta ser el rival de Hillary Clinton por la presidencia de Estados Unidos. Poco a poco, el personaje empezó a ser utilizado para mensajes más ofensivos y, en determinado momento, algunos “trolls” lo convirtieron en la mascota del candidato republicano.

Durante el debate electoral de 2016, Hillary Clinton llamó “deplorables” a los seguidores de Trump. Después, la aspirante demócrata tuvo que pedir disculpas, pero el hijo de Trump compartió un mensaje en redes por el cual terminaban de asumir a Pepe como parte de su “bando”. Uno de los seguidores de Trump se cuela en un mitin de Clinton e interrumpe su discurso gritando: “¡Pepe!”. La transformación se estaba completando. Lo que sucedió en las siguientes semanas y meses fue que la rana comenzó a aparecer con esvásticas, el bigote de Hitler y cualidades “trumpianas” (como el tupé). La rana amiga era representada junto a mensajes racistas, homofóbos y antisemitas, con lo que Pepe dejó de ser utilizado por el resto de usuarios y pasó a identificarse con la iconografía radical.

La rana fue adoptada por la llamada “alt right” y otros movimientos supremacistas blancos. Como consecuencia, la ADL, organización contra el antisemitismo en Estados Unidos, incorporó al dibujo a su lista de símbolos de odio. En la escalada de acción-reacción, el autoproclamado supremacista blanco Richard Spencer también compartía imágenes de Pepe y el personaje fue protagonista de una línea de “merchandising” lanzada por Alex Jones, presentador de InfoWars, una cadena de televisión conspiranoica de la derecha. Su creador, Matt Furie, ni sabía lo que significaba la palabra “meme” pero, alertado por terceros sobre las apariciones de su personaje, trató de detener la situación. Paró la comercialización de productos con la imagen pero, cuando fue consciente de la dimensión “icónica” de su personaje, ya era muy tarde. En 2017, el dibujante y padre de la rana, Furie, trata de “asesinar” y enterrar a Pepe en una tira, pero la bola de nieve ya no puede detenerse. Solo le quedan las acciones legales.

Louis Tompros, el abogado de Furie, dijo al “Washington Post”: “La meta de esto no es ganar dinero ni ir tras Alex Jones.... La meta es asegurarnos de que el uso de Pepe en asociación con imágenes e ideas de odio se detenga. Y si alguien piensa que va a ganar dinero vendiendo mercancía de odio de Pepe, no lo hará”. También tuvo que hacer frente a a otro uso que se hacía de su dibujo por parte de los creadores de un libro para niños en los que aparecía el personaje con actitudes “racistas e islamofóbicas”. A raíz de la demanda, el autor del libro tuvo que donar los beneficios de su venta al Council on American-Islamic Relations. En 2018, Furie también logró que se retirasen las imágenes de Pepe de una web neonazi. Llegó un punto en el que el creador del meme abrió una campaña de Kickstarter llamada “Save Pepe” para recaudar fondos para llevar a cabo acciones legales contra la extrema derecha.

La Rana fue luego rescatada por los manifestantes de Hong Kong en 2019, pero ya nada iba a volver a ser lo mismo. La parte amarga de esta historia es que la Rana Pepe (que fue enterrada pero sigue viva) ya nunca se librará de su historia. “Voy a estar ligado a este personaje el resto de mi vida y el personaje estará ligado a los sucedido también”, dice Furie en el documental. De hecho, el ilustrador no ha conseguido convencer a la ADL de que elimine a la rana de los símbolos de odio, pese a sus reiteradas peticiones. Puede decirse que Furie perdió el control del personaje, dejó de ser su dueño. Y que la Rana también perdió el control de su propio destino.