Andrew Doyle, contra la corrección de la izquierda: “Han rehabilitado el racismo, ser blanco es un pecado original”

Es el padre del personaje satírico Titania McGrath y uno de los más agudos críticos de los excesos ideológicos de la izquierda reaccionaria

-¿Cómo parodiar una parodia?

–¿Cómo habrías descrito hace diez años lo que está sucediendo? No te habrían creído. Habría sonado demasiado ridículo. Cuando la realidad alcanza un punto en que la gente abraza sus creencias despreciando los hechos, y cuando se genera esa hostilidad contra el pensamiento racional, qué otra cosa puedes hacer excepto reírte. He discutido sobre el fenómeno en artículos más serios. Pero el aspecto satírico proporciona otra forma de aproximarse. Estoy escribiendo un libro sobre el fenómeno, firmado con mi propio nombre, que no es paródico, donde trato de responder a cómo podemos actuar frente a este reto, esta nueva religión, la de la Justicia Social. La aproximación satírica viene porque soy un comediante, soy humorista. Mi instinto me lleva a satirizar. Pero uso las dos fórmulas.

–Habla de religión...

–Quizá es un poco injusto. La analogía funciona mejor si hablamos de un culto fundamentalista, que no acepta oposición, ni que determinados asuntos puedan debatirse, porque son artículos de fe. A los guerreros sociales les escuchas hablar de racismo sistémico, racismo institucionalizado, y al final convierten esos diagnósticos en cuestiones que debes creer, y que encima no se sostienen en los datos objetivos. Describen una sociedad de tintes racistas cuando toda la evidencia disponible demuestra que la sociedad nunca ha sido mejor en términos de igualdad, de derechos de las minorías, etc. Y luego, más allá de esas visiones, está el hecho de que son profundamente intolerantes. No toleran que alguien discuta sus posiciones. Excomulgan al disidente. Lo suyo no son opiniones. Son verdades. Incontrovertibles e indiscutibles. Enfrentan la disensión desde una postura iliberal. No sólo que el otro esté equivocado. Es que es malo. Pecado.

–Atacan algunos de los pilares de la sociedad liberal.

–La sociedad liberal no les interesa. Les parece peligrosa. Usan un lenguaje que camufla sus verdaderas intenciones, muy positivo, afirman que están por la justicia social. Pero mienten. Porque sus acciones nos alejan de ella. No hay nada progresivo en su programa. Los luchadores por los derechos cívicos de los años sesenta y setenta siempre supieron que la libertad de expresión era la clave de todo su activismo. Los Guerreros Sociales no hablan nunca de cuestiones de clase. No tocan las desigualdades económicas. Para ellos las desigualdades son fruto de la identidad racial, sexual, de género, etc. Pero el motor principal de todos los privilegios es el dinero.

–El jefe de la sección de música clásica del «New york Times» propone acabar con las audiciones para que las orquestas sean racialmente diversas

–Han rehabilitado el racismo. Un nuevo racismo. Que permite discriminar por la piel y no por las habilidades o el mérito. Lo único que importa en un músico de una orquesta es cómo toca. Una vez que empiezas a preguntar por su sexualidad o su raza, recuperas la discriminación por cuestiones ajenas al mérito. Ojo, en ningún momento digo que hayamos eliminado el racismo, o que el racismo ya no exista, de hecho que no creo que sea posible acabar enteramente con el racismo, y es fundamental señalar y atajar el racismo. Pero eso no significa favorecer un racismo que sólo existe en tu imaginación.

–Ay, los sentimientos...

–Los sentimientos, claro, porque no les interesan los hechos. Algo muy ligado al espíritu del posmodernismo, ya sabes, la verdad es algo inalcanzable, no existe nada parecido a la verdad objetiva. Por eso hablan de nuevas formas de conocer, de experiencias personales. No les importa la realidad sino cómo la perciben los individuos. Su subjetividad. Sus sentimientos. Si tu sientes que una institución es racista, pues es racista. Y da igual lo que digan las evidencias. Es algo muy grave. Porque no puedes luchar contra un racismo que existe, principalmente, en la mirada del observador. Además, cuando todo es racista nada es racista. Con lo que finalmente camuflas al auténtico racismo, y a la extrema derecha supremacista y racista.

–Van contra la ciencia.

–Sostienen que la ciencia es otro constructo racista y sexista, y que debe de ser purgada. Su problema es que, gracias a las matemáticas y al análisis de los fenómenos, y a la indagación científica, vuelan los aviones y los puentes no colapsan ni caen al río. Esta gente desprecia los hechos. Les preocupa la calidad moral. La búsqueda de la pureza moral.

–Y sospechan del desacuerdo

–Los sumos sacerdotes de la Justicia Social prefieren el insulto a la argumentación. Quien argumenta contra sus teorías es calificado de violento. Las críticas son violencia. Y los ataques a una idea son ataques a la persona. Por eso la solución pasa por intervenir desde el principio, en la educación que reciben los niños. Aunque los «woke» ya están ahí y trabajan para adoctrinar a los niños. Otra marca de la sociedad civilizada es que creemos que la gente puede cometer errores y puede redimirse. Ellos no creen en la redención. Si tienes la opinión equivocada, eres malo y debes ser perseguido y expulsado, no deberías tener un trabajo, ni una vida.

–Te condenas por ser quien eres. Por tu identidad. Por blanco. O por hombre. O por cisgénero. O por europeo.

–El mismo concepto de blanquedad es una suerte de pecado original. Condenado de por vida por el pecado de nacimiento de ser blanco. Consideran que hay aspectos fundamentales en las personas, rasgos de fábrica irredimibles. Te odian no por las elecciones sino por ser tú. Tu raza te define desde la cuna. Y es un pensamiento tan reaccionario...

–Un pensamiento que viene de las universidades.

–Las corrientes de pensamiento posmoderno se han hecho con el control de muchas de estas universidades y ya es dificilísimo estar en contra. Muchos de los discursos más intolerantes vienen de la academia. Son obra de académicos dedicados justo a lo contrario de lo que debería hacer un investigador. Los estudios de ciencias sociales están básicamente liquidados en las universidades de EE.UU. Fue muy naíf creer que estas corrientes histéricas desaparecerían por sí mismas, que eran una moda. Igual que es un error considerar que lo que sucede en la universidad no influye en el resto de la sociedad. Los estudiantes se licencian. Salen al mercado laboral. Las grandes corporaciones, todos los gigantes de Silicon Valley, los colegios, la política, las leyes y los medios han sido penetrados por este pensamiento, incubado como un virus en los campus universitarios.

–Finalmente dudo de que peleen para remediar los problemas de, pongamos, los niños pobres en el South Bronx.

–Sus preocupaciones son típicas de la clase media, como la diversidad en las orquestas. Podría parecer, por ejemplo, que la elección de Barack Obama en 2008 contribuiría a mejorar las vidas de los negros en EE.UU. Fue una gran victoria simbólica. Pero las condiciones materiales de vida de estos ciudadanos no mejoraron prácticamente nada. Todo lo que hace este movimiento es pelear contra enemigos imaginarios y olvidarse de los problemas reales y las injusticias realmente existentes.