63 años del lanzamiento de Sputnik 2: Laika viaja al espacio

La perrita cosmonauta, que murió 6 horas después del despegue por estrés y altas temperaturas, se convirtió en el primer ser vivo en ser lanzado al espacio exterior

La perra Laika, momentos antes de ser enviada al espacio

¿Qué no habían hecho los estadounidenses todavía y cómo se les podía superar de una manera extravagante? Lanzando un perro al espacio exterior. Eso debieron pensar los rusos cuando decidieron las condiciones de Sputnik 2, la nave espacial que transportó a la perrita Laika hace hoy 63 años.

Durante la vertiginosa carrera espacial que se libró en la época entre Estados Unidos y la Unión Soviética, fueron estos últimos los que enviaron al primer ser vivo al espacio. Y fue el turno de la desdichada Laika, perro que seis horas después del despegue murió de parada cardíaca, según los sensores. Posteriormente se supo que el animal murió como consecuencia del supercalentamiento de la cabina, así como del estrés.

La nave, llamada Sputnik 2, fue puesta en órbita un 3 de noviembre de 1957 a las 02:30 horas UTC. En una cápsula de 4 metros de alto con una base de 2 metros de diámetro, el cuerpo del cane dio 2.370 vueltas en órbita y, si bien Laika murió horas después del despegue, la nave ardió al entrar en la atmósfera el 14 de abril de 1958.

Fue el primer animal víctima de la carrera espacial entre EE UU y Rusia, pero no el único. En su afán de conquistar el espacio, antes de que hombres y mujeres fueran los enviados se lanzaron, entre 1948 y 1961, nada menos que 48 perros, 15 monos y dos conejos, de los cuales 27 murieron por accidentes imprevistos.

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Caprichos de Kruschev

En pleno auge de la Guerra Fría, el líder entonces de la URSS, Nikita Kruschev, exprimió la carrera espacial que libraban contra EE UU. Entusiasmado por los enormes beneficios que atraía la investigación cosmonauta, Kruschev exigió a los responsables del programa espacial algo “espectacular” para el 40 aniversario de la revolución comunista.

Entonces, el entonces máximo responsable del programa, Sergey Korolev, propuso enviar a un perro al espacio aunque se garantizara su muerte segura. “Cuanto más tiempo pasa, más lamento lo sucedido. No deberíamos haberlo hecho, lo que aprendimos de esta misión no fue suficiente como para justificar la muerte de la perra”, lamentaría 30 años después Oleg Gazenko, uno de los científicos del programa espacial soviético.

Laika tenía 2 años y, antes de convertirse en una famosa cosmonauta, vivía en la calle. No obstante, para compensar su trágico destino, Vladimir Yazdovsky, director del programa de entrenamiento, se la llevó a su casa para que jugara con sus hijos antes de ponerla en órbita: “Quería hacer algo bueno por ella, ya que le quedaba muy poco tiempo de vida”, asumió.

Pero, más allá de querer superar en méritos a EE UU, ¿qué se pretendía conseguir con la opración Sputnik 2? El objetivo era el de recoger datos sobre las constantes vitales de Laika, con tal de observar la reacción de un organismo vivo en una misión espacial. Laika iba aislada térmicamente del exterior así como protegida por paneles contra la radiación. No obstante, fue la hipertermia, según la versión oficial, la que provocó la muerte del cane.