“El palacio ideal”: el cartero y Pablo Picasso

El director Nils Tavernier adapta la vida y obra de Ferdinand Cheval, el cartero estatal que se hizo famoso en Francia por levantar un pequeño castillo en honor a su hija

A finales del S.XIX, la vida de un cartero estatal al sureste de Francia implicaba rondas de más de 20 kilómetros al día, cargando peso y ejerciendo de nexo entre familias que podían pasar años sin ver a nadie fuera de su círculo más cercano. Uno de ellos, concretamente de la población de Hauterives, era Ferdinand Cheval. Señalado por su condición de lo que ahora entendemos que es el Síndrome de Asperger, se quedó viudo cuando apenas empezaba su vida en matrimonio y se casó por segunda vez con una joven de una localidad cercana que se había quedado en las mismas circunstancias.

Un día, en una de sus habituales rutas maratonianas, el cartero se tropezó con una piedra y el accidente casi le cuesta la vida ladera abajo. Sobrepuesto del susto inicial, Cheval encontró en aquel pedrusco una inspiración que no le había provocado nunca nada: sentía que necesitaba empezar a construir a partir de ella. El resultado es lo que hoy se conoce como El Palacio Ideal, una construcción tan arquitectónicamente llamativa como artesanalmente única.

Casi un siglo después de la muerte de Cheval y dos años después de estrenarse en Francia, llega a nuestras salas «El palacio ideal», adaptación libre de la vida y obra del cartero dirigida por Nils Tavernier («Con todas nuestras fuerzas») y protagonizada por un hierático Jacques Gamblin y la célebre Laetitia Casta. Entendida como un «biopic» al uso sobre la construcción del palacio, pero también como un relato de superación personal en un mundo que no alcanzaba ni a imaginar el diagnóstico para afecciones de la salud mental como la que padecía Cheval, la película hace un recorrido de más de 50 años de cartas, piedras, cemento y muertes trágicas.

Reconocido como Monumento Histórico para honra de Francia en 1968, gracias a las presiones del ministro de cultura y novelista André Malraux, el Palacio Ideal del que toma su nombre la película es desde 2014 también un museo sobre Cheval y su propio mausoleo.

En su película, costumbrista y gozosa en su condición de época, Tavernier honra la inscripción que da paso al visitante: «10.000 días, 93.000 horas, 33 años de pruebas», reza la firma de Cheval en lo que algunos entienden un monumento a la obstinación pero que ha pasado a la historia como un homenaje a su mujer y, sobre todo, a su hija pequeña, Alice.

Padre accidental del “Arte Pobre”

Rechazado por su gente en un principio, la historia de Cheval y su palacio trascendió a toda Francia solo cuando los periodistas parisinos se empezaron a hacer eco de la construcción. Hoy en día, Cheval tiene la consideración de padre accidental del Arte Pobre («povera»), que explotaría, por ejemplo, en la Italia que intentaba despegarse de la sombra de Mussolini.
Auto-financiada y auto-promocionada gracias a las postales y sellos en los que se apreciaba en esplendor, la obra del cartero francés fascinó a artistas como André Breton, que consideraba su palacio una metáfora perfecta del fin de siglo, llegándose a desplazar varias veces para fotografiarlo.
Pablo Picasso, que visitó Hauterives en verano de 1937 justo después de vender sus «Señoritas de Avignon» al MoMA, llegó a llenar un cuaderno de dibujo con bocetos del castillo y quedó prendado de la mezcla de estilos. Acompañado por Paul Eluard y Dora Maar, Picasso anotó en su cuaderno la «fuerza natural» que le transmitía la obra. Paradójicamente, tanto los bocetos como las anotaciones no vieron la luz hasta el año pasado, cuando el Museo Picasso de París por fin las catalogó y expuso al público.
Matías G. Rebolledo