Libros de la semana: de Guillermo del Toro y Francisco Brines al Brexit

Ali Smith inicia con «Otoño» la primera parte de su ambicioso proyecto literario sobre Reino Unido mientras el cineasta escribe a cuatro manos «Los seres huecos», con Chuck Hogan. El poeta, por su parte, lanza un recopilatorio de su trayectoria

El director mexicano Guillermo del Toro durante una masterclass en el Festival de Málaga
El director mexicano Guillermo del Toro durante una masterclass en el Festival de MálagaEFE/Daniel PérezEFE

Guillermo del Toro y su pastiche con monstruos sexuales

★★★
De entrada, «Los seres huecos» es una narración de intriga sobrenatural similar a «Poseídos» («Fallen», 1998), película en la que Denzel Washington interpreta a un detective que persigue a un demonio llamado Azazel que se infiltra en los cuerpos humanos y comete las mayores atrocidades. Su eliminación solo puede llevarse a cabo en un ámbito sagrado, mediante una estratagema teológica para desalojar al demonio. La innovación de esta novela de terror, escrita al alimón por Guillermo del Toro y Chuck Hogan, reside en que la posesión de las personas por los seres huecos y sus sangrientas agresiones tienen un fuerte componente sexual. Los crímenes salvajes que perpetran estos fantasmas los viven como orgasmos sangrientos.
La historia es el clásico pastiche posmoderno: un collage de homenajes a clásicos como Algernon Blackwood, el creador del «investigador de lo oculto», combinado con un refrito de Van Helsing y los «Cazafantasmas». Y el buzón mágico es una transposición del andén «9 y 3/4» de Harry Potter. Aunque sus referentes son contemporáneos, autores que crearon el subgénero de «el detective de lo oculto», el relato del tandem Del Toro/Hogan sigue la tradición romántica alemana de las narraciones de terror gótico como «El hombre que perdió su sombra», (1813, Von Chamisso) y el sonámbulo asesino manipulado por el doctor Caligari. Podría decirse, siendo benévolos, que es una obra con un intrigante comienzo, un nudo soso y desabrido y un desenlace previsible, repleto de pirotecnia hollywoodiense de la lucha en el inframundo.
El problema de «Los seres huecos» es su inconsistencia literaria. La falta de nervio y ambición de una intriga fantasmagórica que pierde altura a medida que abandona el horror como amenaza oscura y detalla la naturaleza del monstruo. Si el propósito del relato es crear un estado de inquietud y desasosiego en el lector, ninguna de las tres tópicas líneas de la trama lo consigue. Ni crear una intriga que angustie insinuando lo siniestro que se atisba sin manifestarse del todo. Se centra, en fin, en la rutinaria caza de la bestia por el tándem formado por una incrédula detective, Odessa Hardwicke, y un inglés atrapado en el tiempo, Hugo Blackwood. El título, apellidado «Vol. 1», promete nuevas entregas recurriendo a las numerosas cintas de audio que alberga la casa del policía del FBI que pone en contacto a la protagonista con el enviado del pasado. Parece inevitable una trilogía hueca.
▲ Lo mejor: La primera parte del libro anuncia una obra de horror, si no original, al menos entretenida
▼ Lo peor: La pretensión de homenajear a distintos autores de novela fantástica acaba en mimetismo
Por Lluís FERNÁNDEZ

Recuerdos, memoria, nostalgia... Francisco Brines

★★★★★
Francisco Brines (Oliva, Valencia, 1932), reciente Premio Cervantes, es acaso el más destacado superviviente de la generación poética de los años 50. Su lírica ha sabido conjugar dos diferentes identidades estéticas: Antonio Machado y su poética de la experiencia con el idealismo esencialista de Juan Ramón Jiménez. De esta simbiosis surge una obra de incisivo intimismo, elegíaca melancolía, emotiva sentimentalidad y potente expresión.
Acusó muy tempranamente la influencia de un entonces no tan reconocido Luis Cernuda, recogiendo de este, sobre todo, la imbricación entre vida y literatura, toda una comprometida escritura del vivir cotidiano y la sensible existencia. Se publica ahora muy oportunamente, con el significativo título de «Ensayo de una despedida», su «Poesía completa (1960-1997)», apareciendo en este volumen poemarios tan señeros como, entre otros, «Las brasas» (1960), «Palabras en la oscuridad» (1966), «Insistencias en Luzbel» (1977) y «La última costa» (1995). Un recopilatorio ideal para comprobar la trayectoria literaria que va desde una espiritualidad trascendente a un testimonialismo solidario con los mejores valores de la condición humana.
Poesía de gran variedad temática, incluye la emotividad homoerótica, el elogio de la cotidianidad, la decisiva importancia de los recuerdos, el incesante paso del tiempo y el estoico fluir de la existencia, sin olvidar la nostalgia del ayer: «¡Qué extraña y breve fue la juventud!». Una recuperación esta de imprescindible lectura.
▲ Lo mejor: La conmovedora sensibilidad de unos versos que emocionan por su rigor lírico y extrema delicadeza
▼ Lo peor: Nada a destacar en este sentido sobre la obra poética de quien es ya todo un clásico literario
Por Jesús FERRER

El Reino Unido decadente, en declive y dickensiano del Brexit

★★★★★
«Era el peor de los tiempos, era el peor de los tiempos». Desde esta inicial y alterada cita de Charles Dickens intuimos que estamos ante un buen libro y su lectura no solo confirma, sino que amplía ese augurio, porque se trata de algo más que un buen libro, es especial, diferente, inteligente y conmovedor. La primera entrega del «Cuarteto estacional» de Ali Smith se sitúa en la etapa posterior al referéndum del Brexit y muestra los aspectos más negativos de su resultado: el racismo, el egoísmo y la crispación de una sociedad dividida en un ambiente de decadencia moral y política exacerbado por la crisis económica.
«Es el fin del diálogo», dice la protagonista, y, sin embargo, los personajes principales del volumen son una niña y un adulto que dialogan a lo largo del tiempo, hasta convertirse en una joven y un anciano. A través de ellos, Ali Smith crea una burbuja en la que se encierran reflexiones sobre el tiempo, el amor, la vejez, los libros, o, dicho de otra manera, una meditación sobre lo que significa la vida en un mundo donde se ha acabado el diálogo y se ha perdido la sabiduría más esencial: saber lo que significa la cosecha.
El afecto entrañable que existe en esa amistad, mantenida y mutuamente enriquecida a lo largo del tiempo, es el contrapunto del declive de su entorno. La protagonista se enfrentan con considerables dosis de energía y sarcasmo a las situaciones crispantes y cotidianas, ya sea una funcionaria hostil o su propia y enojosa madre. Se arma no solo de paciencia, también con sus libros, en su cabeza o en el bolso, y de toda la belleza que existe en la vida, en el arte, en la propia mente, cuanto aprende en sus paseos con Daniel, con sus diálogos, que son el núcleo de la obra, con las ramas del árbol por las que trepa el lector para tener la visión de un mundo en el que habitan Shakespeare, Huxley, Keats y Dickens.
Ali Smih nos sitúa con extrema inteligencia en dos mundos diferentes y bien contrastados, lúcidos y muy reales, y el lector espera con ansia la satisfacción que nace del mundo de Daniel y Elisabeth, de sus palabras y de su amistad. «Otoño» es el primer volumen de un proyecto que abarca de manera simbólica y reflexiva las cuatro estaciones y después de leer el primero tenemos un motivo más para desear que el tiempo pase mucho más deprisa de lo que lo suele hacer habitualmente y llegue una nueva estación en la que el diálogo, el afecto y la inteligencia nos acompañen en «el mejor de los tiempos».
▲ Lo mejor: La satisfacción intelectual que proporciona leer un libro de tanta lucidez y delicadeza
▼ Lo peor: No poder disfrutar mañana mismo de otro volumen del «Cuarteto estacional» del que forma parte
Por Sagrario FERNÁNDEZ-PRIETO

Abyectos Copperfield y la Regenta

★★★★
Qué brillantísimo este trabajo («Elogio de la abyección») de Carlos Clavería Laguarda, que se ha ido especializando en estudios que tienen que ver con los patrimonios culturales y libros antiguos, las facetas de la producción libresca y el coleccionismo, aparte de biografiar a un humanista tan señalado como Erasmo de Rotterdam. Una figura esta cuyo «Elogio de la locura» sin duda ha inspirado el título de un libro que revisa una quincena de personajes de gran celebridad literaria salidos de la pluma de Jane Austen, Gustave Flaubert, Lev Tolstói, Marcel Proust, Franz Kafka o James Joyce.
El punto de partida es el concepto de abyecto –término que en su origen significaba «humillado, herido en el orgullo»–, que hoy, dice el autor, es sinónimo de «despreciable, vil en extremo». Y, ciertamente, «en ocasiones, ese parece ser el recorrido vital de algunos personajes de las novelas» que interesan a Clavería Laguarda, «pues pasan de ser humillados y ofendidos a convertirse en despreciables, y viles en extremo, cuando quieren vengar alguna fechoría causada por la vida o por sus contemporáneos». Es un placer pasar las páginas y atender a las atinadas y desenfadadas observaciones de este escritor que consigue hablar de grandes obras y acercarse a qué tipo de individuos representaban sus protagonistas en las épocas en que fueron creados: David Copperfield, la Regenta o Raskólnikov.
▲ Lo mejor: Este proceso de desmitificación de grandes obras de la literatura es ameno y profundo a la vez
▼ Lo peor: Tal vez el lector pueda sorprenderse de cómo héroes o heroínas literarios pueden verse como despreciables
Por Toni MONTESINOS