Margaret MacMillan: «El peligro de las armas tecnológicas es que pueden escapar al control humano»

Publica «La guerra», un lúcido ensayo donde analiza cómo los conflictos han moldeado al hombre y nuestro devenir

Un soldado de Estados Unidos, devastado en Vietnam
Un soldado de Estados Unidos, devastado en VietnamSteve StibbensASSOCIATED PRESS

¿Cómo han influido las guerras en el hombre y han determinado la historia? Esta es la inquietante cuestión que se hace la historiadora Margaret MacMillan, conocida por su análisis de la contienda de 1914, en su nuevo libro.

–La guerra ha formado siempre parte de nuestra historia.

–Sí, está presente desde hace tiempo. Es difícil saber cuándo fue la primera y cómo ocurrió. Pero parece que, tan pronto como nos organizamos en grupos, ya fuera clanes o tribus, y en último lugar como naciones, empezamos a tener conflictos los unos con los otros para proteger ya sea los animales o las tierras. Para entender la historia tenemos que entender el impacto de las guerras. Es un tema terrible en muchos aspectos. Pero muchas veces tienes que estudiar cosas horribles para entender la historia, como es el caso del racismo o el imperialismo. Para entendernos a nosotros mismos y la historia debemos entender las guerras.

–¿Cómo nos han definido en tanto especie humana?

–Normalmente, los grandes imperios se han construido a través de guerras, como fue el romano. A través de la guerra se han creado sistemas políticos que han tenido gran impacto en nuestra historia. La guerra también ha ayudado a promover determinados tipos de ideologías, como el cristianismo. En nuestra organización política y social, la guerra ha jugado un papel muy importante. Si por ejemplo Alemania, Italia y sus aliados hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial el mundo ahora sería muy diferente. O si la Unión Soviética hubiera ganado la guerra fría, también tendríamos otros orden mundial.

–¿El ser humano, por naturaleza, es violento o pacífico?

–Este es un gran debate que dura ya varios siglos. Yo creo que somos una mezcla. Hay muchas evidencias que los seres humanos son altruistas, cuidan a los demás y cooperan entre ellos. Pero también hay ejemplos de violencia. No obstante, no creo que la biología explique la guerra. La biología explica que somos productos de la evolución. Pero la guerra es otra cosa. Es algo organizado y está definida por el tipo de sociedad. No creo que sea algo impulsivo. Las guerras son calculadas. Hace falta tiempo para entrenar a la gente que va a la guerra, persuadirles para que maten a su rival. Y en este sentido no creo que la guerra sea algo natural en los humanos.

–Ya no las tomamos en serio.

–Cuando hablo de esto me refiero a la gente que como usted o como yo vivimos en países que no están en guerra. Hay muchas partes del mundo que desde el fin de la Segunda Guerra Mundial viven en paz. Y por ende, hay mucha gente que tiene a pensar que la guerra es algo ajeno, que solo pasa en otros sitios. No pensamos que nosotros vamos a la guerra. Creemos que van otros. Pero es importante entender que en pasado nosotros también fuimos a la guerra y es posible que vayamos en el futuro. No debemos de ser complacientes y pensar que para nosotros la guerra es algo que ha desaparecido. Porque no es el caso. Hay guerras en todas las partes del mundo.

–Por una parte odiamos las guerras, pero por otra nos sentimos atraídos. Hay películas de guerras, videojuegos de guerras… ¿Somos hipócritas?

–La guerra es algo que nos repele pero nos atrae al mismo tiempo. No podemos obviar que hay gente que encuentra las guerras glamurosas y excitantes. Eso se refleja en las artes, en las pinturas, en las películas. Cuando escuchamos las composiciones musicales militares de guerra nos emocionamos. Tenemos que entender la naturaleza de las guerras para entender esa compleja relación con la humanidad.

–¿Los nacionalismos abren la puerta a nuevas guerras?

–Podría ser, sí. Los nacionalismos son causas poderosas. En el siglo XVIII, las decisiones para entrar en guerra las tomaba un grupo reducido de personas y luego eran los súbditos los que iban a las batallas. Con la Revolución Francesa eso cambia. La gente se siente ciudadanos, no súbditos. Empiezan a votar, son parte de una nación. Y la nación es una fuerza organizativa muy poderosa, algo que existía antes que tú, a la que pertenecen tus antepasados y pertenecerán tus descendientes. Y la gente está preparada para ir a la guerra con el fin de proteger la nación. Los nacionalismos son muy poderosos y emocionales. Lo ves en España con el catalán.

–¿La religión puede llevarnos a una guerra, como antes?

–Lo vemos con el ISIS. Creen que su religión debe ser la del mundo y que tienen una obligación de matar a los que no la profesan.

En Europa está mal vista la guerra, pero no en otras naciones del mundo. ¿Supone una desventaja?

No lo creo. Europa tiene una larga historia de guerras. Prácticamente se ha visto una cada siglo. El periodo de paz que vivimos desde la Segunda Guerra Mundial es extraordinario. La creación de la UE y otras instituciones es extraordinario. Pero no creo que los europeos hayan olvidado la naturaleza de defenderse. Muchos países europeos de la OTAN destinan una parte importante de sus producto interior bruto a defensa. Son plenamente conscientes de que hay que estar preparados para defenderse de amenazas que vengan de fuera. Así que no creo que estén en desventaja.

–¿Los recursos naturales serán también fuente de conflictos?

–Los recursos naturales ya han sido previamente causas de guerras. Una de las razones por las que Japón invadió Estados Unidos en 1941 es porque se estaban quedando sin petróleo y lo necesitaban para atacar no solo a Estados Unidos, sino a las potencias europeas, donde todavía tenían colonias. Los recursos naturales que los países necesitan para sus economías siempre han sido causas de guerras. Y, efectivamente, el agua, con el cambio climático, ya es causando fricciones en algunos países, como es el caso de Egipto y Etiopía.

–¿Y llegará algún día la Tercera Guerra Mudial?

–No me gusta hacer predicciones. Los historiadores no somos buenos en eso. Pero diría que una tercera guerra mundial no es imposible. Eso sí, no creo que durara mucho por la naturaleza de las armas que tienen ahora las grandes potencias. Si realmente las utilizan, sería una guerra corta y dejaría muy pocos supervivientes. La cantidad de armas nucleares es inmensa. Las grandes potencias ya tienen para destruir básicamente todo lo que hay sobre la faz de la tierra y aun así siguen construyendo. Y eso lo que encuentro muy preocupante. Las armas nucleares son consideradas como disuasorias. Los países no quieren atacarse si saben que el enemigo tienen armas nucleares porque saben que pueden ser destruidos. Pero ese planteamiento no tiene en cuenta la capacidad humana de cometer errores. La Primera Guerra Mundial empezó básicamente por un accidente. Y ahora podría pasar lo mismo. Y eso me preocupa

–Muchos científicos ven las armas nucleares una razón para el pesimismo para la supervivencia humana ¿Cree entonces que podrían llegar a usarse?

–Cuando uno las tiene puede sentirse tentado a utilizarlas. Habrá líderes que prefieran ver a sus países destruidos antes de que rendidos. Creo que si Hitler hubiera tenido armas nucleares las habría utilizado. Y esa posibilidad me preocupa.

–¿Y la tecnología?

–Cada vez hay más armas automatizadas y programadas para tomar decisiones. En las guerras futuras habrá menos soldados y más estas armas. Y el peligro es que puedan escapar al control del ser humano.

UNA VERDAD INCÓMODA

Por Luis E. Togores
Puede que a muchos lectores le sorprenda la nueva obra de Margaret MacMillan , un ensayo más que un libro de historia en defensa de la importancia del estudio de la guerra para conocer la humanidad. En 2014, con «1914. De la paz a la guerra» se consagró como una historiadora dedicada a la historia militar. En «La guerra» trata los conflictos armados desde una visión académica, humanizada, pero sin complejos, al entender que es un estudio necesario para comprender nuestro pasado y presente: «Sus efectos han sido tan profundos que al prescindir de ella estaríamos pasando por alto uno de los motores más determinante de la evolución». Vivimos en un mundo moldeado por las guerras aunque no queramos asumirlo. La guerra nos inspira miedo pero nos fascina. Su crueldad y su despilfarro pueden horrorizarnos, aunque admiramos la valentía del soldado. Los hombres no solo luchamos por la supervivencia, muchas veces combatimos por la fe, la patria o ideales que nos parecen dignos. Aquí reside su importancia para llegar a conocernos. Pero MacMillan va más lejos. ¿Puede la guerra generar beneficios? Es una verdad incomoda, pero las contiendas traen aparejada la destrucción como creación. Muchos de los avances –motor a reacción, ordenadores, etcétera– son el resultado de los tiempos de guerra. La penicilina fue descubierta por Fleming en 1928, pero no se desarrolla hasta la Segunda Guerra Mundial. Y Norman Bethune hace la primera transfusión de sangre en la Guerra Civil española. Para la autora no nos tomamos la guerra tan en serio. Los Estados nación actuales son el producto de siglos de guerras. Los recuerdos de las victorias y derrotas pasadas forma parte de la historia y las naciones necesitan esta historia para su cohesión. La guerra es consustancial a los hombres. Tras un periodo de paz en Occidente, parece algo del pasado. Sin embargo, MacMillan viene a recordarnos que forma parte de nuestro ADN. Y es que solo los seres humanos, entre todos los animales de la creación, hacemos la guerra.

▲ Lo mejor

Es una reflexión muy inglesa que entra en el conocimiento y la reflexión sobre el tema sin falsos buenismos.

▼ Lo peor

Que salta de temas y épocas de manera constante y elude, en general, la historiografía española.