“La comedia de maravillas”: Divertimento caótico ★★★☆☆

"La comedia de maravillas"junta a varias promociones de la Compañía Nacional de Teatro Clásico
"La comedia de maravillas"junta a varias promociones de la Compañía Nacional de Teatro ClásicoJesús MonroyEFE

Autores: Lluïsa Cunillé y Ramón de la Cruz. Director: Lluís Homar. Intérpretes: Miguel Ángel Amor, Mikel Arostegui, Pablo Béjar, María Besant, Carolina Rubio, Georgina de Yebra... Festival de Almagro, Ciudad Real. Hasta el 11 de julio.

Con la firma de Lluïsa Cunillé estampada junto a la de Ramón de la Cruz –estas son las cosas de la Compañía Nacional en los últimos tiempos–, Lluís Homar ha dirigido a un nutrido grupo de actores que han pasado por distintas promociones de la cantera de la institución pública en un espectáculo que trata infructuosamente de dar cohesión a algunos sainetes metateatrales del ilustrado autor madrileño. Me temo que la aportación dramatúrgica no ha servido sino para embarullar un teatro, como es el de Ramón de la Cruz, y el del siglo XVIII en general, que se caracteriza precisamente por tener unos argumentos, un lenguaje y un verso bastante claros. Ni un solo espectador de cuantos conozco que han visto ya esta “Comedia de maravillas” que ha recalado ahora en el Festival de Almagro –y no son desde luego pocos– ha sido capaz de seguir con nitidez el desarrollo de la trama. Poco ayudan la acumulación de personajes –más de 35 repartidos entre los 12 actores– y la precipitación a la hora de fijar la acción en cada una de las escenas por parte del director.

FOTO: Jesús Monroy EFE

Bien es cierto que esa precipitación parece más bien una opción deliberada para enmascarar la falta de sustancia dramática. Y la verdad es que ese propósito de distracción termina por funcionar, gracias al trabajo de un elenco que, en virtud de su esfuerzo, frescura y talento, consigue que el espectador siga entretenido y sonriente las peripecias de los personajes aun cuando no pueda entenderlas del todo. Pablo Béjar, Samuel Viyuela, Georgina de Yebra, Mikel Arostegui o María Besant, entre otros, han dejado ya de ser promesas para convertirse, simplemente, en buenos actores. Y coadyuvan a el despiporre escénico que estos jóvenes crean sobre el escenario la música zarzuelera, interpretada con gracia y destreza, y el vistoso vestuario de Elisa Sanz y Pier Paolo Alvaro.

Lo mejor

El esmero en el diseño de la producción y el desparpajo de los actores.

Lo peor

Que el argumento se entienda tan poco y tan mal.