«Una noche sin luna»: Sin Lorca no hay paraíso ★★★★☆

Juan Diego Botto sobre el escenario del Teatro Español
Juan Diego Botto sobre el escenario del Teatro EspañolMarcosGpunto Teatro Español

Autor e intérprete: Juan Diego Botto. Director: Sergio Peris-Mencheta. Teatro Español (Sala Principal), Madrid. Hasta el 11 de julio.

Juan Diego Botto y Sergio Peris Mencheta repiten en «Una noche sin luna» la misma fórmula que tanto éxito les dio en «Un trozo invisible de este mundo»: el primero de ellos ejerce de autor y de intérprete en solitario, y el segundo dirige la función. Si la otra vez los asuntos medulares eran el exilio y la inmigración, en este nuevo trabajo tocan el tema de la memoria histórica; y lo hacen con verdad y con emoción, y también con desenfado, y hasta con humor. Y eso que el punto de partida argumental, la verdad, tira bastante para atrás: la figura de Federico García Lorca. Sí, otra vez Lorca; como lo cuento. Ni él mismo lo aguantaría.

Si el poeta levantara hoy la cabeza, creo que cambiaría su opinión acerca de Nueva York y se iría allí a vivir para siempre. Porque… ¡vaya hartura! Pero qué le vamos a hacer; si es que todo espectáculo que incluye su nombre vende a destajo. Los productores y programadores lo saben, y lo aprovechan; y así estamos, en un círculo vicioso del que no saldremos hasta Dios sabe cuándo.

Menos mal, como digo, que el tema está tratado con talento y con oficio. La dramaturgia, aunque algo tramposa y un poco caótica a la hora de definir el marco referencial en que todo se desarrolla, está concebida con ingenio para sorprender, para hacer reflexionar, para encandilar con algunos pasajes literariamente bonitos y, lo que es más difícil, para interpelar directamente al espectador sin llegar a molestarlo con el temita de marras. En el plano interpretativo, Botto está tan convincente y seguro como siempre dando vida a un Lorca que ha sido concebido –y aquí radica otro gran acierto–, no como un artista eminente que nos apabulla desde su altura intelectual, sino como un tipo normal y corriente que paga con su vida la sinrazón, la intolerancia, el odio y la degradación ética del individuo cuando puede ejercer un poder desmedido sobre otro.

La dirección de Peris-Mencheta es dinámica, briosa, inteligente; y hay, además, un manejo de los símbolos que estéticamente es hermoso y conceptualmente funciona a la perfección, con el protagonista «desenterrando» cosas de la estupenda escenografía de Curt Allen Wilmer y a la vez «recreando» sobre ella el barco de Teseo. Lo que no es desde luego brillante, sino más bien un poco fullero, es la construcción del personaje antagónico –interpretado también por Botto– que dialoga a veces con Lorca y que, cuando interesa, parece Sócrates y, cuando no, un neandertal.

Lo mejor

La poética reflexión central acerca del papel que juega la memoria en el camino hacia la comprensión del mundo.

Lo peor

La simplicidad a la hora de dibujar los personajes ideológicamente «incómodos».