Alfaro, el escultor que regaló movimiento al metal

Autodidacta, pintor y dibujante en sus orígenes, Andreu Alfaro será finalmente recordado por su capacidad para modelar y regalar movimiento al metal de las miles de esculturas que llenan museos de todo el mundo, pero también las calles, plazas y parques de muchas ciudades.

La Razón
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Alfaro (Valencia, 1926) falleció anoche a los 86 años tras varios apartado de la vida pública por motivos de salud, dejando a sus espaldas una obra reconocida internacionalmente y que lo ha convertido en uno de los escultoras más importantes del siglo XX.

Hijo de carnicero, fue un autodidacta y aunque se inició en el mundo de las artes plásticas con la pintura y el dibujo, a mediados del pasado siglo encontró su vocación en la escultura, a la que se dedicó desde entonces.

Probó suerte primero con la madera, el mármol, la piedra y el plástico pero encontró en el metal, especialmente en el hierro y el aluminio, su mejor lenguaje y le permitió sacar el máximo partido a su creatividad, con obras en las que las formas geométricas toman el control del espacio.

Aunque no se incluye dentro de ningún movimiento ni corriente artística, se integró en el Grupo Parpalló (1957), se le considera precursor del arte "Minimal"y recibió influencia directa del constructivismo y de autores como Brancusi o Pevsner.

Andreu Alfaro también fue un artista comprometido con su lengua y su cultura y con la defensa de la libertad; así lo reflejó en muchas de sus obras, como "Bon dia llibertat"(1975), en las que también se dejan ver sus inquietudes nacionalistas, como "Catalan power"(1976) o "Monument als Països Catalans"(1981).

La literatura también tiene su espacio en la obra de este escultor, que dedicó trabajos a Ausiàs March o a Goethe, mientras el cantante Raimon le dedicó una canción, "Andreu, amic", en 1978.

Fue el primer artista que llenó el antiguo mercado del Born de Barcelona con una treintena de obras de entre tres y diez metros cada una, en 1983, y allí advirtió de que en Valencia no había ningún espacio adecuado para el arte contemporáneo.

Esta apreciación de Alfaro fue el germen del que surgió la idea del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), que tomó forma con la colaboración de Carmen Alborch, entonces ministra de Cultura; Ciprià Ciscar (conseller de Cultura y Educación) y el pintor Eduardo Arroyo, amigo íntimo del escultor.

Este museo, cuyo logotipo diseñó Alfaro, fue el último en dedicar una retrospectiva de su medio siglo de trayectoria en 2007, con 92 obras que formaban parte de la colección particular del artista y que él mismo contribuyó a seleccionar, aunque han sido numerosas las exposiciones, individuales y colectivas, en las que ha participado.

España, América, Italia, Alemania y Francia son algunos de los países en los que está repartida la obra de este artista, quien también ha expuesto sus trabajos en la 46 edición de la Bienal de Venecia, y en ciudades como Sao Paulo, Nuremberg, Múnich, Fráncfort, París, Miami y Otawa.

A lo largo de su vida fue distinguido con el Premio Nacional de Artes Plásticas (1981), el Jaume I de la Generalitat valenciana (1980), el "Alfons Roig"de la Diputación de Valencia (1991) y el de medallística "Tomás Francisco Prieto"(1995).

Su muerte, aunque esperada por los problemas de salud que arrastraba en los últimos años, ha pillado por sorpresa a algunos de sus más íntimos amigos, como ha reconocido a EFE Eduardo Arroyo.

Sin embargo, esas gigantescas esculturas, en las que el metal parece haber perdido su habitual rigidez gracias a las manos de Alfaro, permanecerán en muchas vías públicas como testimonio y homenaje a quien supo domarlas y regalarles movimiento.