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Cine

Premios Goya 2024

¿Serán estos los Premios Goya del #MeToo?: Isabel Coixet y Elena Martín exploran las distintas caras del deseo

Las directoras de "Un amor" y "Creatura", que compiten por la mejor dirección en los Premios Goya, diseccionan desde LA RAZÓN la potencia de una pulsión que ha cobrado fuerza en los discursos cinematográficos y que siempre resulta incómoda cuando quienes la experimentan son mujeres

El deseo de Laia Costa, protagonista de "Un amor", confronta con el deseo de su derecha experimentado por Elena Martín en "Creatura"
El deseo de Laia Costa, protagonista de "Un amor", confronta con el deseo de su derecha experimentado por Elena Martín en "Creatura"Marta Moleón

Nunca estuvo nuestro deseo tan aritméticamente colocado en el centro de todas las cosas, viajando en ascensores, descubriéndose protagonista de proyecciones futuras y averiguaciones presentes. Constituyéndose espina dorsal de los discursos feministas, colándose en las conversaciones de los domingos orilladas de forma discreta al lado de lo cotidiano, en los encuentros dialécticos entre hombres que creen conocerlo mejor que sus portadoras, en los vértices granulados de los libros pero sobre y pese a todo, en las pantallas de los cines donde se proyectan películas que nos interrogan y nos cuestionan, que nos meten los dedos con curiosidad en recipientes con yemas de huevo, en lugares que nunca habíamos imaginado, que nos turban y nos desequilibran.

Faltan dos días para que se celebre la 38º edición de los Premios Goya y justo en el momento exacto en el que hablamos con Isabel Coixet, nominada en siete categorías –entre ellas la de mejor dirección– con su adaptación de la novela de Sara Mesa, "Un amor" y una de las cineastas que más ha contribuido a la reivindicación de esta pulsión maldita y placentera a través de su cine, los decibelios de la euforia a los que pensar en conceptos como los mencionados nos empujan de manera inconsciente (especialmente teniendo en cuenta cómo está de agitado el panorama desde hace un par semanas), se reducen de una manera amigable, serena, tranquila, porque entendemos que estamos en casa y que hablamos el mismo idioma que la realizadora.

Isabel Coixet durante el rodaje de "Un amor"
Isabel Coixet durante el rodaje de "Un amor"Zoe Sala

"Me siento muy agradecida por el reconocimiento de la Academia pero ¿sabes qué pasa también? Que cuando tú has estado muchas veces nominada a cosas y muchas veces te han dado premios –ocho cabezones atesora en total la cineasta– y otras veces no, de alguna manera estás curtido. Es muy bonito recibir premios, incluso que consideren que te los mereces, pero a la vez no sé… Yo soy una cineasta que está interesada en el hacer. Para mí la pompa y circunstancia de los premios es importante pero no fundamental. Me darán el premio o no me lo darán, pero yo sé el trabajo que he hecho, sé lo que me ha costado y el esfuerzo que he puesto y eso no lo va a cambiar un premio más o un premio menos", reconoce.

"Soy una cineasta interesada en el hacer. Para mí la pompa y circunstancia de los premios es importante pero no fundamental"

Isabel Coixet

Intentando sortear la rivalidad semántica que implican los términos de competición a los que todos aquellos que luchan en la misma categoría se ven abocados durante el transcurso de esta gran celebración del cine español, conviene definir a Elena Martín, no como la contrincante directa de Coixet en el apartado de mejor dirección, sino como la compañera de nominación soñada de "cuya victoria me alegraría bastante. Tanto Elena como Clara (Roquet) me parecen dos mujeres con muchísimo talento. Me gustó mucho también la primera película de Elena y la he seguido en todo su recorrido. Y además conozco a Clara desde antes de que escribiera guiones. Creo que tienen un punto de vista muy necesario sobre el mundo de hoy y vamos, la primera en aplaudirlas en los Gaudí fui yo y ya hemos hablado que de cara al sábado seré la primera en volver a hacerlo como ganen y las apoyo mil", tal y como insiste en remarcar la autora de "La vida secreta de las palabras", ya que "esto no siempre pasa y eso es un auténtico horror. Porque yo he estado muchas veces en categorías en las que le han dado el premio a la otra persona y me ha sentado como una patada en el culo porque he pensado “pues a mí esta decisión... qué quieres que te diga”", confiesa entre risas. "Tengo los años que tengo, he hecho las pelis que he hecho y el otro día me emocioné mucho cuando Elena me dijo que para ella soy una referente. Porque está bien sentir esta red tejida poco a poco. Me alimenta ver buenas películas y me gusta sentir que hay una pulsión colectiva que nos está moviendo todavía y aunque quede como muy romántico, creo que es algo bonito".

"Esa sensación de alegría por la posible victoria de la otra es totalmente compartida, te lo aseguro. Por eso también quise el otro día dedicarle unas palabras al recoger el premio en los Gaudí porque no es tan fácil que conectes tanto con el discurso de otra persona. Ella estaba mucho antes, es una jefa y siempre ha sido un referente y después de tantísimas pelis, lo sigue siendo. Sigue siendo alguien que me emociona, que arriesga, que está viva y eso es lo que yo deseo para mi futuro realmente. Seguir sorprendiéndome a mí misma y seguir exigiéndome y contar algo que importe. Me haría muy feliz que se lo llevara Isabel, aunque sé que ninguna de las dos es la favorita pero bueno, ahí queda dicho", admite la autora de "Creatura" recogiendo el capote del halago y la admiración que con honestidad se lanzan y que terminó de reafirmar el lunes durante su discurso de agradecimiento en los Gaudí dirigiéndose a Coixet como "un referente en todos los sentidos".

Elena Martín, directora de "Creatura"
Elena Martín, directora de "Creatura"Alex Sardà

Culpa y vergüenza

El diálogo propuesto con una de esas sensibilidades lo suficientemente incómodas como para que no puedas dejar de mirar por parte de Martín y su "Creatura", película que explora las sombras del deseo femenino desde la infancia hasta la adultez con la que opta a cuatro premios el sábado (mejor actriz revelación, mejor actriz de reparto, mejor actor de reparto y mejor dirección) y cuyo recorrido por los principales festivales desde que empezara su andadura con el marchamo del premio obtenido en Cannes culminó el lunes con los seis galardones obtenidos en los Premios Gaudí, entronca de manera directa y oportuna con el formulado por el amor de Coixet. Ambas, con sus historias atravesadas por el descubrimiento, la culpa y la vergüenza de aquellas que son incapaces de descifrar su propio deseo o, sí lo son, pero cuando se atreven a vivirlo y a transitarlo, el arrepentimiento y la sensación de estar poniendo en práctica algo sucio las invade por completo, plantean distintas vías de interpretación, ofrecen una colección de heridas y oscuridades temblorosas desembocadas en el gozo con las que la identificación de distintas generaciones de mujeres parece relativamente fácil. O imperativamente necesaria.

"En "Creatura" quería celebrar este deseo que, a lo largo de nuestra vida, hemos vivido con vergüenza y con culpa"

Elena Martín

A la hora de ubicar el nacimiento del suyo, ese momento de alumbramiento en el que supieron identificarlo como un elemento caliente y vivo y líquido, movidas por la evidencia de influencias culturales presentes en los libros, letras de canciones o películas, las dos directoras coinciden en la falta de concreción que se les ofrecía entonces, en las pistas que iban recogiendo sin saber muy bien qué era eso que estaban sintiendo. "Quizá figúrate, sitúo mi primera sensación de deseo realmente más en los libros. Yo me acuerdo poco antes de ser adolescente de leer ciertas cosas y no entender realmente lo que me querían decir ciertas tramas. Siempre recuerdo cuando leí "Manhattan Transfer" (la novela de John Dos Passos publicada en 1925) a una edad absolutamente inapropiada -reconoce entre risas- y había muchas cosas relacionadas con situaciones extrañas y turbias, pero todo aquello me despertaba una curiosidad tremenda. Pero una curiosidad sin final, porque no desembocaba en nada, porque no lo entendía del todo. Mi primer deseo lo asocio a esos momentos sin duda", explica Coixet antes de continuar recorriendo el tratamiento del deseo que se ha hecho desde el cine.

"Creo que todas las miradas, las masculinas y las femeninas, componen esa cosa poliédrica que es el cine como representación de la experiencia humana. ¿Cómo se ha hecho hasta ahora esa representación en el caso del deseo? A ver, muchas veces nos vamos a referencias demasiado mainstream pero cuidado, hay muchas películas que se han ocupado de esto antes de lo que pensamos. Quizá lo que pasa es que no lo han hecho desde un lugar de teorización del deseo. Pero yo veo una película, por ejemplo, sin ir más lejos, "Éxtasis", con Hedy Lamarr (que me fascinó en su momento) y te das cuenta de que ahí también existe una sublimación, casi un homenaje al deseo femenino maravilloso. Cuando alguien me dice que representar el deseo es muy difícil siempre pienso joder pues en el cine mudo ya había cineastas que se estaban ocupando de ello. Habrá quien diga también “no bueno, pero era una mirada voyerística”. No sé, cuando hablamos de esta representación complicada siempre pienso en la cara de Lamarr y en los brillos del agua. Para mí es una peli como mítica en ese sentido. Y muy interesante y muy moderna. O “La edad de la inocencia” sin ir más lejos, aprovechando que estuvo aquí Scorsese el otro día. Tú ahí ves ese deseo reprimido en la cara de Daniel Day Lewis y a mí eso me parece de las cosas más eróticas de la historia del cine. Aunque ahí ya entramos en otro concepto, el de lo erótico", apostilla.

Elena Martín, directora y una de las protagonistas de "Creatura"
Elena Martín, directora y una de las protagonistas de "Creatura"Alex Sardà

Elena, por el contrario, referencia influencias más actuales. "Me resulta complicado situarlo. El tema es que yo tengo muchos recuerdos que se podían vincular con lo que yo pensaba que era el deseo a una edad más temprana o mejor dicho, lo que me habían contado que tenía que ser y que no me daban una referencia clara de lo que realmente significaba. No me inspiraban en ese sentido. Construían más una idea de lo que era la dependencia o de lo que era el amor romántico. Los recuerdos que tengo visuales dentro del cine o incluso en el cine porno si los miro con perspectiva ahora, eran insuficientes y no eran reales, no se ajustaban de verdad a mi concepto del deseo. No me hablaban de una intimidad o de un deseo físico real, sino que simplemente daban una salida clandestina a algo para lo que yo no conseguía encontrarle un lugar. Los referentes que tengo en la cultura que me hablan de deseo son ya más de adulta o de adolescente que de pequeña. Pienso en películas como “La niña Santa”, de Lucrecia Martel, pienso en la serie “I Love Dick”, de Joey Soloway, pienso en el “Crudo” de Julia Ducournau. Recuerdo también la primera vez que vi “Mulholland Drive”, David Lynch y recuerdo sentir una sexualidad muy potente, como que despertaba mi deseo de una forma muy fuerte, sí", señala.

Siguiendo con las ramificaciones del deseo establecidas por ambas cineastas en sus respectivas películas y esa forma en la que confluyen y dialogan desde lo evolutivo y lo cambiante, Martín comenta: "Para mí era importante mostrar ese deseo de Mila en toda su complejidad porque al final, es el deseo de todas. Desde el momento en que decidimos que partíamos de la edad adulta e íbamos hacia atrás en forma de recuerdos que experimenta la protagonista, intentando recomponer las piezas del puzzle, la idea que a mí más me pesaba era entender cómo se originan o de dónde salen todos esos pequeños bloqueos o dispersiones o incomodidades que vamos acumulando con relación a nuestro propio deseo. Pretendía hacer las dos cosas a la vez: por una parte, celebrar este deseo que, a lo largo de nuestra vida, por desgracia, no hemos tenido la oportunidad de celebrar y el cual hemos vivido con vergüenza y con culpa. Recuperar esos momentos y mirarnos con ternura, con cariño, con gusto a nosotras mismas. Y luego, por otro lado, también reconocer todas esas heridas que no hemos sido capaces de considerarlas como tales heridas porque nos han dicho que lo que vivíamos era normal. Reconocerlas para poder sanarlas y hacernos dueñas de nuestro propio cuerpo y como consecuencia, de nuestro deseo", explica Martín, quien además de dirigir la cinta, interpreta también a la versión adulta de la protagonista, Mila.

Y sigue: "Creo que el deseo de Nat y el de Mila pueden dialogar de alguna forma, completamente. Nat es un personaje que se está enfrentando de manera inconsciente o casi accidental a lo que hay de incomprensible o de oscuro o de dependiente en este deseo, pero se está permitiendo vivirlo ¿no? Lo que ella vive con el alemán, es algo que le podría pasar a Mila o que incluso igual le ha pasado, no lo sabemos. Siento que muchas veces, las mujeres reaccionamos tarde ante esto, algunas lo hacen en la adolescencia, algunas en la edad adulta, porque han crecido en el medio y en el peligro y no han podido probar desde temprano lo que les gusta y lo que no les gusta. En ese sentido yo creo que Nat es un personaje que puede parecer muy sumiso, pero hay otra parte en ella que me parece liberadora (que no sé si es cosa de Nat o de Isabel a la hora de poner la cámara) y es el hecho de decir “bueno, si a ella le gusta esto, ¿qué pasa? Vamos a quedarnos ahí un rato, aunque resulte incómodo”. Porque hay una parte de ese deseo que es lícito y hay escenas de sexo que en este sentido son muy reveladoras y están rodadas de una manera muy erótica, muy especial. Como la escena del huevo, que me parece icónica”.

"He trabajado lo suficiente con víctimas como para saber que las de Carlos Vermut dicen la verdad"

Isabel Coixet

Por su parte, Coixet asegura que "las mujeres creo que tenemos ahora todas las herramientas suficientes para identificar nuestro deseo. Este es el momento de enfrentarnos a todo, a nuestros propios miedos, a nuestros propios fantasmas. Pero con luz, sin oscuridad y sin culpa", cuando le preguntamos por la supuesta facilidad que muchas veces se le presupone a la mujer para identificar el suyo propio, como si habláramos del color de una prenda o el tamaño de un objeto, como si pudieran acaso cuantificarse las pulsiones o delimitarse conceptualmente reacciones que si bien no se limitan al cuerpo, proceden de él. "Es un poco como esta cosa de que no sabes por qué estás yendo a buscar algo que no sabes hasta qué punto te va a sentar bien, pero hay una parte de ti que lo desea y hay una parte de libertad también en el ejercicio de probarlo, en explorar los límites que eso implica", apostilla a este respecto Martín.

Consentimiento y deseo

Nos cuesta aceptar todavía que el deseo, tal y como señalaban hace unos pocos días las escritoras Sara Torres y Clara Serra durante un interesante coloquio retransmitido por redes sociales con motivo de la presentación del último ensayo de la segunda publicado en Anagrama, "El sentido de consentir", también puede ser incivilizado, violento o incluso peligroso, porque forma parte de lo anhelado, de aquello que pertenece a espacios generadores de misterio, no de lo explícitamente requerido, como sí ocurre con el consentimiento. Algo que, a juzgar por el revuelo establecido en las últimas semanas dentro de la industria a raíz de las acusaciones publicadas en El País por parte de tres víctimas que señalaron al director Carlos Vermut por haber ejercido supuestamente contra ellas violencia sexual, tendrá un papel predominante el sábado durante las reivindicaciones que ya se vaticina, tendrán lugar durante la ceremonia.

"Evidentemente el consentimiento y el deseo son conceptos distintos pero para mí el primero se acerca mucho más a la idea de la voluntad, a la idea de lo que quieres y el segundo es algo que opera bajo sus propias normas. Me gusta mucho cómo Clara Serra, que me alegro de que me la menciones porque todo lo que ella plantea me parece súper interesante, ponía en palabras cosas que yo en la película he estado explorando de una forma visual y narrativa, a través de las imágenes, a través de la historia de “Creatura”. A veces no nos conviene lo que deseamos y creo que esto es importante tenerlo en cuenta, igual que a veces lo que nos conviene no nos parece deseable", recuerda Martín.

La cinta de Coixet opta a 7 nominaciones en los Goya
La cinta de Coixet opta a 7 nominaciones en los Goya Zoe Sala

"Me alegro de que salgan estas cosas, que se pongan sobre la mesa y que sirva para que cada vez se toleren menos estas situaciones, para que la gente cada vez se responsabilice más desde los lugares que están ubicados dentro de la industria. Y que cuando tú sabes que ha habido un caso, sepas abordarlo, enfrentarlo, gestionarlo con coherencia y con sentido de la responsabilidad. Mis compañeras de profesión, mis amigas, mi entorno femenino en general estamos constantemente lidiando con este tipo de situaciones como te digo, mucho antes de que salieran en la prensa. Nos aseguramos de que nuestros rodajes sean seguros, cuando sale un caso lo abordamos, lo hablamos, lo gestionamos. Hablamos de esto con nuestras amigas, con nuestros familiares, con nuestras parejas. Para mí no es una noticia. De lo que tiene que servir todo esto es de uno: como reparación para las víctimas que quieren hablar sin estar bajo presión, por voluntad propia, porque necesitan hacer justicia ante un caso que se ha estado ignorando y dos: como herramienta para que los hombres de la industria en posiciones de poder reflexionen y hagan autocrítica. Esta semana para mí no es distinta a cualquier otra", revindica la también coprotagonista del corto "Suc de síndria" (obra de Irene Moray en la que se exploraba precisamente el proceso de reparación en términos sexuales de alguien que ha vivido una experiencia dolorosa).

"A veces no nos conviene lo que deseamos, igual que a veces lo que nos conviene no nos parece deseable"

Elena Martín

Asimismo, Coixet, que recibió comentarios no particularmente positivos por sus declaraciones cautelosas sobre el asunto, aclara: "Diría que los conceptos de deseo y consentimiento hay que dividirlos. Como si pudiéramos colocarlos en dos planos paralelos al mismo tiempo. Pienso que las mujeres tenemos que ir clarificando delante de nosotras qué es lo que realmente sentimos y qué es lo que realmente queremos. Y cuando estas estas dos cosas coinciden entonces ahí hay deseo con consentimiento y con lo que haga falta. Creo que he sido muy clara ¿verdad? y muy didáctica". Y profundiza: "A mí me parece que está muy bien que la gente reivindique lo quiera. Quizá yo veo la reivindicación desde la acción y desde el trabajo. Creo que he hecho un trabajo con muchas víctimas de abusos y que no necesito ni justificarme. Si me quieren llamar tibia pues que me llamen tibia. Lo que pasa es que claro ¿cómo se producen estos comentarios y estas polémicas en el mundo de la alfombra roja? Mira yo iba en el taxi leyendo el artículo porque no me había dado tiempo y ya me habían advertido de que me iban a preguntar. Una tampoco está pendiente de estas cosas todo el rato. Llegamos y todo va rápido. ¿Qué pasa? ¿Que sin ni siquiera acabar de leer el artículo tengo que opinar? Pues sí, yo dije que me sentía un poco frívola haciéndolo. O sea, dejadme que lea, que piense, que reflexione un poco", reclama la directora.

"Lo que ocurre es que vivimos en esta especie de mundo extraño en el que te ponen la alcachofa enseguida porque lo que se buscan son titulares para que alguien pique y se eche las manos a la cabeza por lo que ha dicho o a dejado de decir fulanita. Aquí lo importante es que hay una serie de mujeres que han contado una situación horrible. Por supuesto que las creo, ¿cómo no las voy a creer? he trabajado con víctimas lo suficiente como para saber que están diciendo la verdad y yo sospecho que han contado mucho menos de lo que debió ocurrir. Pero claro, no me hagas juzgar, opinar, solidarizarme de boquilla cuando no he acabado ni de leer el artículo, por favor. Esto sí que es feo", se defiende con vehemencia Coixet de aquellos que, confundiendo el deseo con la exigencia, tildaron de tibia su reacción en la alfombra de los Feroz.

Sea como sea, la exploración del deseo y la medición del consentimiento, la indagación en los conceptos de vergüenza y misterio, la perforación de lugares con sombra en los que anida la curiosidad femenina, se mezclan incansables dentro de los discursos cinematográficos actuales de los que tanto Isabel Coixet como Elena Martín no solo forman parte, sino que se consolidan como destacadas exponentes. Que viaje en ascensores o se instale en los agujeros escondidos de la tierra, pero que siga vivo el deseo, que siga ennobleciéndose como puente entre la belleza de lo imaginado y la excitación de lo conseguido.