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Los artistas estrella ya no pintan nada

La lista de los 100 más influyentes del mundo del arte que publica «ArtReview» corona por primera vez a una mujer, Hito Steyerl, y arrincona a los creadores-marca, que descienden vertiginosamente con respecto a años anteriores

  • La instalación «Factory of The Sun», de la artista germano-nipona Hito Steyerl
    La instalación «Factory of The Sun», de la artista germano-nipona Hito Steyerl

Tiempo de lectura 4 min.

02 de enero de 2018. 00:53h

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Gema Pajares.  2/1/2018

Las listas, por naturaleza, son parciales y llevan adheridas el calificativo de «controvertidas», aunque sea la que publica la prestigiosa «Art Review». En los últimos años los primeros puestos de los «100 personajes más influyentes del mundo del arte» han estado copados por coleccionistas y galeristas. Directores de grandes museos, también. El dinero fluía a manos llenas entre los dueños de White Cube, David Zwirner y Larry Gagosian, «dealers» que cuentan con escuderías de infarto y que no muestran reparos a la hora de emplear grandes sumas de dinero en artistas o campañas. Pero los artistas-estrella, los nombres de relumbrón cuyas obras se cotizan por miles de dólares, acaparan portadas y salas de arte, han pasado a mejor vida según la nómina de este pasado 2017. O mejor dicho: no son tan importantes ni tan influyentes como lo eran años atrás.

Damien Hirst, por ejemplo, ni está ni se le espera. Jeff Koons baja 24 puesto con respecto a 2016 y se sitúa más abajo de la mitad de la tabla, en el lugar 54, algo similar a lo que sucede con la abuela de la performance, la incombustible Marina Abramovic, que desciende hasta el 86 cuando el pasado año ocupaba un bien situado 46. El único que se mantiene, aunque baja enteros, es Ai Weiwei, que del 10 desciende al 13. ¿Españoles? Ni rastro de ellos. En una conversación mantenida días atrás como el notable coleccionista argentino Aníbal Jozami, con una más que importante colección de arte latino, aseguraba al ser preguntado por el reclamo de ciertos creadores como Hirst o Koons respondía de manera directa: «Estoy convencido de que forman parte del negocio del momento. Yo no compraría obra suya».

¿Quién ocupa entonces el número uno? Por primera vez desde que la lista se realiza es una mujer la que está en cabeza (aunque es la tercera que la posición más alta la ocupa un artista, pues Ai Weiwei lo hizo en 2011 y Damien Hirst en 2008). Feminista, con inquietudes políticas y sociales y un discurso sólido y bien armado. Hablamos de Hito Steyerl. El segundo lugar continúa siendo para un creador, Pierre Huyghe, a quien se ha podido ver este año en Munster (Alemania), que tuvo su momento de gloria en los 90 y que está próximo a una estética relacional. El concepto deja fuera de juego al dinero tanto de los galeristas como de los creadores-marca. Para Oliver Basciano, editor internacional de «ArtReview», «Steyerl es una gran influencia y una referencia para otros artistas jóvenes, la forma en que trabaja y la manera en que dirige su estudio lo son». Actualmente se exhibe en la Tate Modern su vídeo inspirado en Monty Python «How Not to Be Seen: A Fucking Didactic Educational. MOV File 2013». Steyerl está lejos aún de convertirse en un nombre familiar, pero Basciano espera que eso cambie dentro de no mucho tiempo: «Llegar a ser conocido en el mundo del arte es tarea complicada, lleva años que mi padre o mi madre puedan conocer a un artista determinado, aunque Steyerl lo está logrando poco a poco. Su área de influencia se va haciendo cada vez mayor y no únicamente en el mundo artístico».

El año de Steyerl

Steyerl es una vídeo artista germano-nipona. Según el coeditor de la publicación su importancia se debe, además de a su trabajo, a sus escritos teóricos. «No hay duda de que éste ha sido su año», comenta, en alusión, entre otras cosas a su contribución al prestigioso Skulptur Projekte de Munster de 2017 con «Hell Yeah We Fuck Die», que presenta imágenes de una ciudad kurda bombardeada en Turquía y películas de robots que son sometidos a pruebas de resistencia.

Para los responsables de la publicación que el puesto de cabecera lo ocupe alguien con las características de Steyerl envía un mensaje claro: que la idea o el concepto está por encima del dinero, pues hay que tener en cuenta también que el listado de los 100 está trufado aquí y allá de nombres de pensadores y teóricos con importante predicamento dentro del mundo del arte, como es el caso de Donna Haraway, que ocupa el puesto número 3 (el 43 en 2016, sin duda la subida de este año), cuyos textos son una referencia en los debates sobre identidad, ecologismo y feminismo.

Respecto al número 1 de la edición anterior, el poderoso e influyente Hans Ulrich Obrist, director de la Serpentine Gallery londinenese, ha bajado a la sexta posición. Conviene fijarse también en Thelman Golden, en el octavo puesto (el año pasado ocupaba el 29), directora del Studio Museum de Harlem y cerca, en el 16, la recién nombrada directora de la Tate Modern de Londres, Maria Balshaw. Los coleccionistas sigue estando ahí, pero ya no son tanto. O no resultan tan influyentes en la tónica general de que la idea prima ahora sobre dinero.

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