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OMD: «No somos un pastiche de álbumes del pasado»

Presentan su nuevo trabajo en Madrid y Barcelona

  • Andrew McCluskey y Paul Humphreys volvieron hace doce años para quedarse
    Andrew McCluskey y Paul Humphreys volvieron hace doce años para quedarse

Tiempo de lectura 4 min.

09 de febrero de 2018. 02:34h

Comentada
9/2/2018

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Fue uno de los grupos más grandes de los ochenta, con varios «hit-singles» como «Enola Gay», «Souvenir» o «Joan of Arc», que forman parte ya del imaginario colectivo del pop del siglo pasado. A mediados de los 90 Orchestral Manoeuvres in the Dark, más conocido con el acrónimo de OMD, dejó de existir, pero hace 12 años la formación encabezada por Andy McCluskey y Paul Humphreys volvió para quedarse. La banda de Liverpool, referencia para un montón de grupos jóvenes actuales, vive una segunda era dorada que le ha llevado a realizar varias giras y a editar de nuevo discos notables. El nuevo es «The Punishment of Luxury» y lo presentarán en Madrid, donde ya ha colgado el cartel de no hay entradas, y Barcelona. Habla Andy McCluskey, miembro fundador y uno de los pocos bajistas en la historia del pop, con permiso de Sting, que pueden presumir de ser el «frontman» de su grupo. Casai nada.

–Su nuevo trabajo se coló hace unos meses en el «top ten» de álbumes más vendidos en Gran Bretaña. Hacía más de 25 años que no lo conseguían. ¿Qué sintieron?

–Es estupendo. En los últimos 10 años nos hemos reformado como banda, tocado un montón y editado varios discos. Hemos recuperado la atención de la gente y nuestras canciones nuevas han conseguido calar entre el público. Muchas bandas clásicas sacan discos solo con la excusa de poner la portada en las camisetas, sin ningún tipo de ambición creativa. Por suerte nosotros no somos así (McCluskey ríe al otro lado de la línea telefónica).

–OMD está actualmente en un sello independiente, y el grupo, liderado por usted y Paul Humphreys, opta por la autogestión. ¿Se sienten más libres así?

–Grabamos el nuevo disco de forma independiente y después lo vendimos a un sello, algo muy diferente a como lo hacíamos antes. A mediados de los 80 estábamos muy ocupados haciendo giras siempre bajo la presión de nuestro sello y manager de la época que nos exigían sacar discos a una velocidad imposible. Firmamos un contrato discográfico con Virgin realmente malo donde casi no recibíamos dinero; vendimos millones de discos pero obtuvimos muy escasos beneficios. Ahora es mucho mejor, nos tomamos nuestro tiempo para grabar y luego decidimos que hacer con el disco y la gira.

–«The Punishment of Luxury», que toma su nombre de una pintura simbolista de Segantini, tiene una carga crítica potente. En él cuestionan el sistema capitalista actual. ¿Se trata de un disco de pop electrónico de protesta?

–La verdad es que criticamos un montón de cosas! (McCluskey vuelve a reír). Ahora bien, lo que señalamos con especial énfasis en este disco es como los departamentos de marketing nos han lavado el cerebro para hacernos creer que necesitamos cosas materiales que en realidad no nos hacen falta. El mundo occidental tiene más lujos materiales que nunca, pero a la vez es bastante más infeliz. Nos hacen creer que si no tenemos la televisión más grande, el móvil nuevo o no les compramos la Xbox a nuestros hijos no seremos felices. Y eso es una chorrada. A eso nos referimos con lo de «The Punishment of Luxury» (en castellano: el castigo del lujo).

–Los OMD del siglo XXI suenan clásicos, pero a la vez añaden nuevos detalles que enriquecen un sonido reconocible. ¿Hasta qué punto es difícil encontrar el equilibrio entre lo viejo y lo nuevo?

–Tenemos un sonido claro: cuando Paul escribe una melodía y yo la canto eso es OMD. Eso es algo que no queremos perder, pero a la vez nos negamos a sonar como una copia o a un pastiche de nuestros discos pasados. Para evitarlo utilizamos teclados, programaciones y técnicas de grabación nuevas para nosotros. Así es como tratamos de sonar diferentes sin perder la esencia de OMD. La clave para conseguirlo es confiar en ti mismo; nos gusta experimentar pero sin perdernos en ello. La ecuación del grupo está formada por los siguientes factores: proceso intelectual, emoción, elementos electrónicos y melodías. Ese es el sonido de Orquestal Manoeuvres in the Dark.

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