SGAE: una década en la cueva de Alí Babá

Desde el inicio del “caso Saga” en 2011, con la detención de Teddy Bautista, hasta hoy, la entidad vive cuestionada

Teddy Bautista, a las puertas de la Sgae
Teddy Bautista, a las puertas de la Sgae

Desde el inicio del “caso Saga” en 2011, con la detención de Teddy Bautista, hasta hoy, la entidad vive cuestionada.

Todo saltó por los aires en julio de 2011. La Sgae, un niño mimado de Cultura, tenida por solvente y ejemplar, era en realidad la cueva de Alí Babá. Hasta que afloró la podedumbre. El 1 de julio de 2011, la Guardia Civil entró en el palacete de la calle Fernando VI de Madrid y detuvo al presidente de la Sgae, Teddy Bautista y a otra ocho personas, dando inicio a la operación Saga.

Bautista será juzgará el año que viene por administración desleal y apropiación indebida. El fiscal pide 7 años de prisión para el músico de 75 años. Su salida de la entidad que gestiona los derechos de autor, "limpió"la Sgae, pero la dejó en un absoluto desgobierno que, con sus más y sus menos, dura hasta hoy, día en que el Ministerio de Cultura ha pedido la intervención a la Audiencia Nacional. Si nada lo evita, una gestora se encargará de ella.

Junto con el "caso Sgae", surgió los chanchullos de la asociación fantasma Sdae, con una gran facturación y una sola persona en nómina, que gestionaba los derechos digitales. Paralelamente, emergieron malas prácticas, triquiñuelas y malversaciones como la de Pedro farré, alto directivo de la Sgae, que gastó 40.000 euros en prostitutas con una tarjeta corporativa. A Farré lo condenaron por apropiación indebida dos años y medio y acabó escribiendo un libro sobre su experiencia en aquel lodazal "para ayudar a los demás".

La presidencia de José Miguel Fernández Sastrón, de 2016 a 2018, no logró apaciguar la entidad. Un grupo de asociados llegó a impugna la convocatoria anticipada de elecciones y remitieron la demanda al ministro de Cultura y Deporte, José Guirao, para que intercediera y ejerciera sus funciones de fiscalización. Una primera llamada a la intervención.

En medio de el ruido de sables, la candidatura del músico Hevia logró ganar las elecciones. "El peor enemigo de la Sgae es la Sgae", dijo entonces. Y parece que su augurio tiene visos de realidad porque dentro de la entidad le han llovido críticas y llamadas a la impugnación. Finalmente, el enfrentamiento con Cultura por el proceder de la entidad en las elecciones, ha acabado por dejar a la Sgae en una situación insostenible. Si la Audiencia Nacional atiende el requerimiento del ministro de Cultura, una gestora se encargará de dirigirla.

Hace 8 años, la "cara B"de la Sgae salió a la luz y aquella convulsión sigue afectando a una entidad que mueve millones de euros y atañe a numerosos creadores pero que nunca ha estado limpia de polvo y paja.