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«Tommy»: la «ópera rock» que The Who aborreció

La banda celebra las bodas de oro de la que está considerada como una de sus obras maestras y la que más noches de insomnio provocó al guitarrista Pete Townshend.

  • Roger Daltrey, que poseía una voz descomunal, interpretó el filme basado en su propio álbum y que dirigió Ken Russell. La taquilla se disparó
    Roger Daltrey, que poseía una voz descomunal, interpretó el filme basado en su propio álbum y que dirigió Ken Russell. La taquilla se disparó
Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

13 de abril de 2019. 23:45h

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Alberto Bravo .  Madrid. 13/4/2019

«Tommy» es en sí mismo un género. Y en buena parte refleja todo lo que era la música en aquel ya remoto 1969. El rock and roll se había desprovisto ya de los harapos de la inocencia y se había entregado a la arrogancia de la búsqueda de un arte mayor. Un año antes, Woodstock había evidenciado que todos los ideales eran tierra quemada. El pop era un juego de mayores. Y en Gran Bretaña, con los Beatles dando ya sus últimos coletazos, había una banda llamada The Who que tenía una gran historia que contar. Para entonces, el grupo había acumulado un buen número de trabajos mucho más que estimables. Empezando por «My Generation», de 1965, su álbum de debut y con el que dejaron con la boca abierta a aquellos que pensaban que Beatles, Rolling Stones y Kinks eran el principio y el fin. Lo que proponía The Who iba más allá. Tenían un punto de sofisticación y originalidad que los hacía inmediatamente reconocibles. Roger Daltrey poseía una voz descomunal, Keith Moon era el primer batería al que se podría considerar estrella, John Entwistle llevaría el bajo a una nueva dimensión artística y el guitarrista y compositor principal, Pete Townshend, era un genio en el más amplio sentido del término.

«A Quick One», su segundo álbum, y el siguiente, «The Who Sell Out», ya nacieron con el propósito de forma una obra conceptual, una historia que seguir a través de los surcos. Pero nada como «Tommy»... En aquelos años postreros de la década de los 60, en el universo de la música existía un ánimo de trascender. «Pet Sounds» (Beach Boys), «Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band» (Beatles) o «Days of Future Passed» (Moody Blues) eran obras extraordinariamente complejas y desarrolladas. Y, para sorpresa de muchos, también vendieron muchos discos. Era la demostración de que la audiencia había crecido al mismo tiempo que los propios músicos. Parecía imposible ya separar la vanguardia del tiempo presente y de los músicos más brillantes se apoderaba una doble necesidad: no sonar viejo y explorar los límites del talento.

A Townshend nunca le asustó nada, tan seguro estaba de su genio creativo. Con sus tres primeros discos, The Who se habían consolidado como estrellas. También con sus arrolladores directos, con cuatro músicos de primerísima categoría y una potentísima puesta en escena. «Tommy» sería lo siguiente porque el mundo ya estaba preparado para ello. Y Townshend tenía la historia... La presunta viuda del Capitán Walker da a luz a Tommy («It’s a Boy»). Años después, su marido vuelve a su casa y descubre que su esposa vive con una nueva pareja, a quien mata en una pelea. Para protegerse, la madre y el asesino le dicen a Tommy que él «ni vio ni oyó nada», tras lo cual el muchacho sufre un trastorno por estrés postraumático. Se vuelve sordo, mudo y ciego. Los años pasan y Tommy queda inerte. Sufre abusos. Una prostituta le trata de dirigir hacia la plena conciencia mediante los alucinógenos, pero Tommy no pierde sus discapacidades. Sin embargo, sí consigue llamar la atención con su espectacular destreza jugando al pinball, que domina gracias a su único sentido disponible: el tacto. La familia Walker visita a un médico que determina que las discapacidades del niño son psicosomáticas. Tommy mira su reflejo en los espejos de la casa hasta convertir el hábito en una obsesión. La señora Walker acaba por romper todos los espejos en los que Tommy se mira en busca de sí mismo. La acción de su madre destruye el bloqueo mental del muchacho, quien recupera sus sentidos y el habla. El acontecimiento convierte a Tommy en una figura pública, una especie de mesías. Y con la adulación llega el despotismo y la vanidad del chico, quien pronto pasa de amado a repudiado. Finalmente, se refugia en su interior y queda flotando entre sus propios sueños.

Abanico de obsesiones

The Who grabó el disco durante ocho tortuosos meses entre el otoño de 1968 y la primavera de 1969, días de trabajo inagotable que puso a la banda al borde la locura. «Tuvimos que hacer muchas de las pistas de nuevo. Nos llevó tanto tiempo yendo atrás y adelante con las canciones que acabó por volvernos locos. Estábamos sufriendo un lavado de cerebro por el tema y comencé a odiarlo. De hecho, después sólo escuché el disco un par de veces», recordaría Entwistle. Townshend llevó a la banda más allá con un álbum que lograba colmar su abanico de obsesiones. Por ejemplo, los abusos sexuales, de los que fue objeto en su niñez. O la búsqueda de una paz interior que por entonces estaba muy de moda con los gurús. O la forma en la que la vanidad convierte en imbécil a un tipo que de la noche a la mañana pasa de dormir en un tío-vivo a recibir largos besos en una suite. Townshend no solo tuvo la enorme habilidad de contar una historia interesante a lo largo de una inspirada sucesión de canciones, sino que también supo traducir en una obra todas sus ambiciones musicales.

El disco en sí era un enorme reto. No eran composiciones al uso. Había multitud de arreglos, de capas de instrumentos y de cambios de tonalidad. Tampoco eran ritmos convencionales, aunque para eso contaba con dos fieras como Moon y Entwistle. Obviamente, el trabajo de Daltrey fue también irreprochable y le consagró como uno de los grandes vocalistas del momento. También el propio Townshend se reivindicó como guitarrista, por más que se alejara conscientemente del peligro de ejecutar solos interminables. De hecho, no había solos en «Tommy», y sí extraordinarios e infinitos riffs. El álbum también contó con la sucesión de acontecimientos inesperados que mejoraron el resultado final. Uno de ellos es la introducción del pinball en la trama y que daría lugar a la que quizá sería la pieza más popular del álbum, «Pinball Wizard».

Por entonces, Townshend era un músico inseguro ante la envergadura del proyecto, consciente de que un paso en falso podría acabar con su carrera. Sentía la necesidad de la aprobación y Nic Cohn era uno de los periodistas más influyentes de la época. Éste escuchó una primera mezcla del disco y su reacción fue poco entusiasta. De todos era conocida la afición de Cohn por el pinball y entonces a Townshend se le ocurrió meter el juego como parte fundamental de la terapia regenerativa de Tommy. «Será una obra maestra», sentenció Cohn. Fue curiosa la reacción de la crítica. Primero, hubo cierta tibieza. Muchos periodistas reconocieron la valentía de Townshend para abordar la primera gran «ópera-rock» de la historia, muchos se vieron abrumados por una música y textos nada sencillos de digerir. Naturalmente, hubo quienes hablaron de «la pretenciosidad» del grupo y de una supuesta «pérdida de frescura». Fueron buenas críticas por lo general, pero no excelsas. En cambio, la audiencia respondió y convirtió el álbum en platino. Curiosamente, el paso del tiempo reivindicaría el valor de «Tommy», un disco que desde hace décadas no falta en las listas de los imprescindibles de la música. Para consuelo de Townshend, quien pasó eternas noches de insomnio pensando en un posible fracaso que nunca ocurrió.

Tina Turner, una reina muy ácida

Seis años después del disco llegó la película. Extrañísimo caso. Sin embargo, ocurrieron dos cosas: Townshend había logrado escribir un trabajo atemporal y el paso del tiempo había magnificado el impacto de «Tommy». El director elegido fue el británico Ken Russell, con una carrera poco llamativa hasta entonces. Y lo cierto es que se consagró. Muchos discuten todavía si fue por «Tommy» o gracias a él.

Para el filme, con Roger Daltrey en el papel principal, la banda consiguió recolectar a un buen número de grandes estrellas del rock. Por ejemplo, Tina Turner hizo el papel de «Acid Queen», la prostituta que busca la salvación del muchacho a través del ácido. La cinta tuvo un extraordinario éxito comercial.

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