Betis-Barcelona, Setién vuelve al Villamarín: la cizaña se llama Quique

El técnico más controvertido se enfrenta contra su ex equipo,donde nunca le tragaron pese a los buenos resultados

Rueda de prensa de Quique Sertién
El entrenador del Barcelona, Quique Setién, durante la rueda de prensa ofrecida antes de enfrentarse al BetisAndreu DalmauEFE

Quique Setién cosechó algunos éxitos estimables en los dos años en los que dirigió al Betis, entre otros de menor importancia haber sido el primer entrenador bético en meterle cinco goles al Sevilla en el Sánchez-Pizjuán, pero nunca fue querido por el Benito Villamarín, que jamás apreció el aire de superioridad que se daba sobre la institución un técnico cuyo mayor logro había sido ascender con el Lugo a Segunda. Hombre de carácter fuerte, además, el cántabro chocó frontalmente con Lorenzo Serra Ferrer, su director deportivo, otra personalidad difícil, sí, pero gurú idolatrado por el beticismo, al que había cubierto de gloria, de la de verdad.

La primavera pasada, tras un mal final de temporada, la dirección bicéfala del Betis –el presidente Haro y el consejero delegados con ínfulas de director deportivo López Catalán– prescindió de ambos... no sin antes dejar muy clara su preferencia por Quique Setién, a quien masajearon con mimo en su despedida mientras a Serra Ferrer lo despachaban con deshonor y entre maledicencias. Quedó aceptado que al santanderino lo echó el público y al mallorquín lo destituyeron los mandatarios.

Se quedaron con el entripado Haro y Catalán de no seguir tratando con Setién debido a la presión popular. Con el presidente comparte su afición por el ajedrez, aunque el dirigente, ingeniero de profesión, es un jugador de mucho más nivel; al consejero delegado le permite manejar los fichajes como si no llevase un cuarto de hora en el mundo del fútbol. De modo que, mediado octubre, cuando el Betis de Rubi –con toda la prensa afín al duo de mandatarios recordando que al entrenador catalán lo había traído Serra– vegetaba en la zona de descenso, ambos se plantaron en Bilbao para volverlo a contratar. Se reunieron con Setién y con su inseparable Eder Sarabia para acordar un regreso en diferido, cuanto el técnico resolviese un problema personal que le impedía volver a los banquillos antes de diciembre.

Mientras, sin embargo, recuperó el color el Betis. El 23 de noviembre, todo estaba listo para la vuelta de Quique Setién. La visita del Valencia al Benito Villamarín sería el último partido de Rubi en el banquillo bético pero un gol de Canales en el minuto 93 cambió el curso de la historia. Varios dirigentes del club fueron vistos en el antepalco rojos de ira y blancos de disgusto tras la victoria de su equipo. Algo inédito. Se los conoce desde entonces en Sevilla como «las viudas de Setién».

Rubi no lo nombra

Mal que bien, Rubi ha ido haciéndose con un grupo cuyos integrantes de más peso –Joaquín, Mandi, Canales, Bartra, Guardado...– estaban hechos al fútbol de Setién y, sobre todo, a un ritmo de trabajo no precisamente estajanovista. Quique Setién, sesenta años cumplidos, se sigue sintiendo futbolista, de modo que el futbolista es el rey en su universo. Al principio, el vestuario no encajó bien la exigencia de Rubi, que veía la sombra de su antecesor sobrevolando en círculos la ciudad deportiva Luis del Sol en cuanto encadenaba dos malos resultados.

Rubi tuvo que rogar en una rueda de prensa que no le preguntasen más por Quique Setién, tal era la certeza de que había apalabrado su regreso al Betis con Haro y Catalán. El viernes, ya más asentado en el cargo y con el otro en el Barcelona, se entregó a un ejercicio retórico de envergadura para no mencionar su nombre, aunque advirtió que «lo saludaré porque cuando me vaya de aquí, me dará igual quién sea mi sucesor, sólo le desearé lo mejor a este club». Preguntado por el estilo de este nuevo Barça, Rubi dijo no tener «preferencias entre» el equipo «de Valverde y el del nuevo entrenador, que ha cambiado algunos cosas en el tiempo que lleva». Pero, seguramente, sí las tenga...