Paula Badosa, del caos a los octavos en Roland Garros

París da un giro a su carrera después de superar unas expectativas y un entorno tóxicos

A Paula Badosa se le llevaba tiempo esperando a estas alturas de un gran torneo. Más o menos desde 2015 cuando se proclamó campeona junior de Roland Garros. Está en los octavos de final en París y hoy se puede convertir en la octava tenista española que alcanza los cuartos si se impone a la alemana Siegemund, otra tenista que está viviendo el torneo de su vida con 32 años. Badosa tiene diez menos y está en su primer Roland Garros. Nació en Nueva York de casualidad, desarrolló casi toda su carrera en Barcelona y ahora, hace apenas un par de semanas, se ha trasladado a Madrid y está trabajando con Javier Martí.

Las lágrimas después de derrotar a la letona Ostapenko, campeona en la Philippe Chatrier hace tres años, resumen la tormentosa vida profesional de la que ha sido una de las eternas promesas del tenis español. «Desde muy joven se crearon muchas expectativas y no las cumplí, no tuve el mejor entorno. Tuve una vida entre comillas caótica, no un equilibrio y una paz conmigo misma para rendir. Poco a poco, madurando, creciendo como persona y tenista lo he superado, y así he llegado hasta aquí, sobre todo creyendo cada día en que era posible. Cuando tienes un entorno que te apoya y cree en ti sin ningún interés o nada a cambio, en la pista puedes ser tú. Lo que me hace estar feliz es tener un buen entorno, que me dé estabilidad», aseguró después de ganar a Ostapenko.

Antes de cumplir la mayoría de edad, Paula iba para estrella de la WTA. Iba a ser la nueva Sharapova, iba a ser una amenaza para Garbiñe, iba a ser top 10 con 18 años... pero las expectativas no se cumplieron y los torneos y el tenis se convirtieron en una tortura hasta que empezó a ver la luz con Xavi Budó la temporada pasada. Las lágrimas a diario y las retiradas por problemas físicos y de cabeza llevaron a un reseteo. Paula empezó a disfrutar del tenis de nuevo y la primera meta fue cerrar 2019 en el top 100. Lo logró y antes del confinamiento ya era otra persona. Empezó a disfrutar en la pista y fuera. De ese nuevo entorno forma parte David Broncano. A ambos se vio juntos en Madrid antes de empezar el primer y mejor Roland Garros de su vida.