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Celia Jiménez, la ingeniera aeronáutica de la Roja

  • Celia Jiménez, jugadora de la selección española
    Celia Jiménez, jugadora de la selección española /

    Luis Díaz

Tiempo de lectura 4 min.

11 de junio de 2019. 22:12h

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Isabel Pacheco 11/6/2019

Celia Jiménez (Alcaudete, 23 años) tiene claro dónde quiere estar dentro de quince años. La lateral diestra de la selección, que está viviendo en Francia su segundo campeonato del mundo, además de futbolista es ingeniera aeronáutica. «Cuando cuelgue las botas me encantaría estar dirigiendo un proyecto, diseñando aeronaves o cohetes», confesó la jiennense en una charla con LA RAZÓN antes de poner rumbo al país galo.

Siempre tuvo claro que el deporte era su pasión y a los siete años ya estaba dando patadas a un balón por las calles de su pueblo. No se le daba nada mal, pero hacer aviones de papel también le encantaba. «Aparte del fútbol, de pequeña el mundo de la tecnología y la ciencia me llamaba mucho la atención», cuenta la primera española que resultó elegida en el draft de la NWSL (Liga profesional estadounidense).

Ella, que no quería renunciar ni al fútbol ni a los estudios, tuvo que cruzar el charco en busca de sus sueños y en EEUU encontró la vía para compaginar sus dos pasiones: el fútbol y los aviones. «Las universidades de EEUU hacen un gran esfuerzo para que sus atletas estudien y hagan deporte. El departamento de ingeniería aeroespacial siempre me daba facilidades. Si tenía que cambiar algún examen o si algún profesor tenía que venir a ayudarme a recuperar lo que había perdido no había ningún problema. Al igual que el departamento de fútbol. Podía salir antes del entreno sin problema», señala la jugadora del Seattle Reign.

En eso los americanos, además de en el poderío físico de sus jugadoras, nos siguen sacando ventaja. «El sistema americano se esfuerza bastante en que sus atletas y sus estudiantes encuentren el camino hacia el éxito» señala. Un camino que a base de empeño y perseverancia, Celia ha conseguido. «En los años de carrera tuve que hacer muchos esfuerzos y tomar decisiones que no eran fáciles. Pero hoy que tengo la carrera terminada me alegro de haber vivido todas esas tensiones porque cuando esto del fútbol se acabe podré dedicarme al mundo de la tecnología», cuenta.

Entrenamientos a las seis y media de la mañana, clases de diez a tres de la tarde y el resto de horas que le quedaban libres en su apretada agenda eran para estudiar. «Me iba a dormir pronto porque al día siguiente había que levantarse otra vez a las cinco y media», recuerda. Así fue su rutina durante años, pero hoy, con el proyecto de fin de carrera terminado, por fin puede centrarse exclusivamente en el fútbol. «Me voy a dedicar cien por cien a jugar y a vivir de este sueño por el que llevo trabajando tanto tiempo», cuenta una Celia que con sólo 15 años debutó en Primera División con el Real Jaén.

Es extremadamente madura. Sabe que el fútbol no le dará para vivir cuando cuelgue las botas y por eso siempre que puede, alza la voz en busca del cambio. «Estamos avanzando en la dirección correcta y consiguiendo unos cambios que son necesarios. Nos queda un camino por recorrer y muchas otras igualdades y derechos que conseguir en el deporte femenino». En Francia ya estamos viendo algunos. Medios de comunicación, visibilidad, patrocinadores... todo va en alza, al igual que la selección que ya sabe lo que es ganar en un campeonato del mundo.

«En el Mundial de Canadá quizás nos faltó saber manejar el partido y saber controlar los tiempos muertos. Un poco de picardía», afirma Celia que a sus 23 años ya tiene dos mundiales a sus espaldas. Messeguer es médico, Mariona toca el piano y el futuro de Celia pasa por diseñar «pájaros de acero». La calidad de la Roja no sólo se plasma en los terrenos de juego y es que estas chicas, con Celia a los mandos, vuelan muy alto.

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