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Los irreductibles ultras se adueñan del fútbol francés

Los radicales han marcado la mitad de las jornadas de la Ligue 1 mientras la inacción de las autoridades les permite campar a sus anchas

Ultras del PSG enfrentándose con la Policía
Ultras del PSG enfrentándose con la Policía

Año I después del confinamiento: los principales campeonatos europeos celebran con alborozo la vuelta del público a los estadios. ¿Todos? No. La Ligue 1 gala sufre una pandemia de vandalismo causada por unas aficiones radicales irreductibles que, alimentada su furia destructiva por una poción venenosa de odio, siembran el pánico en las gradas y provocan multitud de incidentes. El fútbol francés teme que el cielo caiga sobre sus cabezas.

En Francia, once partidos se han visto afectados en media temporada por los arrebatos violentos de unas hinchadas radicales que, a imagen de lo que ocurre en Argentina, a menudo dictan la ley en los clubes, incapaces de hacer frente al chantaje mafioso de los ultras. Ante, cabe destacarlo, la suicida inacción de una autoridad que tardó casi cuatro meses en implementar un plan especial de seguridad. Mientras, el asunto se fue bandeando (mal) con sanciones leves porque la legislación del país, poco acostumbrado a estos incidentes, no contaba con herramientas más contundentes.

En la primera jornada de liga, el Olympique de Marsella viajaba a Montpellier en un partido que se jugó en un ambiente electrizante. Tras marcar los marselleses el 2-3 definitivo, su jugador Valentin Rongier fue herido en el rostro por una moneda que le impactó mientras calentaba en la banda. Jeremie Pignard, el árbitro, interrumpió durante diez minutos el choque, que pudo terminarse luego. La Federación Francesa cerró dos tribunas del estadio de La Mosson durante tres jornadas.

Dos semanas más tarde, el OM disputaba en Niza el derbi de la Costa Azul. A falta de un cuarto de hora, con 1-0, Dimitri Payet recibe un botellazo cuando se dispone a lanzar un córner, devuelve la botella a la grada y los ultras locales invaden el terreno de juego, donde se produce un intercambio de golpes entre jugadores y técnicos marselleses e hinchas. El colegiado, Benoit Bastien, intenta que el partido se reanude casi dos horas después, a lo que el conjunto visitante se niega. Aunque en principio se le da el partido por perdido, logra en apelación que se repita a puerta cerrada en terreno neutral, el Niza es sancionado con dos puntos y el preparador físico del OM, Pablo Fernández, es sancionado hasta el 30 de junio por haberle propinado un puñetazo a un aficionado.

En septiembre, el jugador marroquí de Le Havre (Ligue 2) Khalid Boutaïb protagonizó una pelea al estilo Cantona con un seguidor de su equipo que lo increpaba tras ser sustituido. Ese mismo fin de semana, en el Ajaccio-Niort, también de Segunda, un mechero golpeó el banquillo del cuarto árbitro; Lille visitaba a Lens y sus ultras escalaron la valla que los separaba de los aficionados locales, que saltaron despavoridos al campo y provocaron un retraso de media hora. Al Lens le fue restado un punto, más dos partidos a puerta cerrada, y el Lille ha estado hasta el 31 de diciembre sin derecho a usar la grada foránea en sus desplazamientos.

La séptima jornada de la Ligue 1, el 22 de septiembre, fue de alto voltaje. Al término del Angers-Marsella, los ultras marselleses cruzan el terreno de juego para pelearse con los locales, aunque los gendarmes intervienen para evitarlo. En el Metz-PSG, se produce una lluvia de botellas y elementos pirotécnicos de una grada a otra y en el Montpellier-Girondins, los ultras de ambos bandos se citan para una pelea antes del encuentro en la que los bordeleses, cuyo autobús sufrió una emboscada con piedras y petardos, se llevan la peor parte: dieciséis heridos, la mitad de ellos hospitalizados.

El inicio del Saint Etienne-Angers del 21 de octubre se retrasó una hora debido al “ambiente insurreccional” –según el atestado policial– reinante en el estadio Geoffroy Guichard en los prolegómenos, cuando las bengalas lanzadas al campo obligaron a cambiar las redes de las dos porterías. Dos días después, Neymar era alcanzado por unos proyectiles en Marsella, igual que le ocurría al jugador del OM Payet en Lyon el 21 de noviembre, lo que obligó a suspender el encuentro. Esta gota colmó el vaso de la paciencia de las autoridades, que el jueves 25 decretaban la adopción de un plan para luchar contra la violencia en los estadios… que al día siguiente era contestada por los ultras lioneses en su partido de Copa en el campo del Paris FC: riña multitudinario, invasión de campo y nueva suspensión… Continuará.