Fútbol

Florentino Pérez ya es Santiago Bernabéu

El presidente, que apuesta por el futuro con la renovación del estadio, suma su sexta Copa de Europa, las mismas que el legendario dirigente del Real Madrid

Florentino Pérez dialoga con Felipe VI en el palco de Saint Denis
Florentino Pérez dialoga con Felipe VI en el palco de Saint Denis FOTO: JUANJO MARTIN EFE

Santiago Bernabéu fue el gran promotor de la Copa de Europa y apostó por ella cuando otras instituciones no creían en la nueva apuesta, la que cambió el fútbol y se convertiría en la competición más importante del mundo en clubes. El presidente fundador del Real Madrid ganó seis Copas de Europa, las mismas que Gento y una más que Alfredo di Stéfano, quien se marchó muy enfadado con todos, después de perder una final. Así, no llegó a la de 1966. Florentino Pérez ha conseguido en París su sexta Copa de Europa e iguala, así, las de Santiago Bernabéu, el presidente al que siempre cita en sus discursos. Y al igual que él, va a dejar para la posteridad un estadio en el que se asiente el futuro del club en unos tiempos en los que la pugna con otras entidades con más recursos económicos amenazan a los clubes que dependen de lo que generan. Si la finalidad de esa guerra de los nuevos poderosos se tiene que ver en el campo, el Real Madrid, en su camino hacia la decimocuarta, ha ido eliminando al dinero del PSG y sus fichajes o renovaciones millonarias y a los millones del Chelsea y de City, clubes ingleses, cuyos propietarios son millonarios sin ningún problema de gasto.

Quizá es la Copa de Europa más emocionante y las más reivindicativa del club blanco.

Fue Zidane, el futbolista al que Florentino Pérez fichó preguntándole, en una servilleta, si quería ser madridista, quien le dio la primera Copa de Europa como presidente del club blanco, lo que hacía la novena de la entidad. Era 2002 y el Real Madrid de Figo y del centrocampista francés continuaba con la senda que habían abierto Mijatovic y la victoria del Real Madrid contra el Valencia en París dos años antes. Sin embargo, los éxitos que anunciaban los fichajes de futbolistas galácticos no tuvieron continuidad en Europa, porque el fútbol es más indescifrable de lo que parece.

Florentino dejó el club sin más Copas de Europa y cuando volvió aseguró que había aprendido. El primer año con Pellegrini, el equipo fue eliminado en octavos y aquello marcó el futuro del entrenador chileno. Mourinho devolvió al Madrid al lugar desde donde es más sencillo ganar: las semifinales, pero el portugués, durante tres cursos seguidos, no fue capaz de superar esa barrera. Fue la llegada de Ancelotti quien terminó de dar el paso en una final que parecía un punto de inflexión. Con el marcador en contra, con el Atlético cargando las botellas para celebrar, el futuro del Madrid era una incógnita. Pero marcó Sergio Ramos y Florentino, en el palco, siempre comedido, no puedo evitar alzar los brazos ante el gol que daba el pase a la prórroga y acercaba la victoria.

La Décima fue una heroicidad, pero, sobre todo, fue romper un dique, abrir el armario de la esencias blancas y recuperar el espíritu europeo. Ancelotti no ganó nada el año siguiente, la apuesta de Benítez no funcionó y Florentino apostó por su futbolista. Pero de entrenador. Zidane, sin más experiencia en los banquillos que el Castilla, resucitó al Madrid y logró tres Champions consecutivas. Su salida este verano, tras su regreso, pareció traumática. No lo fue.