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3-0. Messi derriba el muro de Abelardo

El astro argentino marcó dos de los tres goles del Barcelona al Alavés. El equipo de Valverde controló el juego sin complicaciones y ganó el partido cuando lo decidió el argentino en la segunda mitad

  • Messi celebra el primero de los goles que marcó al Alavés / Reuters
    Messi celebra el primero de los goles que marcó al Alavés / Reuters

Tiempo de lectura 4 min.

19 de agosto de 2018. 00:20h

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Domingo García 18/8/2018

No le salió por arriba y Messi lo intentó por abajo. La falta que lanzó en la primera parte iba tan medida que se estrelló en el larguero antes de botar en el suelo por fuera de la línea de gol. En la segunda, al argentino se le ocurrió que si todos saltaban para tapar el disparo, lo mejor era lanzarla por debajo. Los jugadores del Alavés se quedaron mirando hacia abajo en su vuelo hacia ningún sitio viendo cómo se les escapaba el punto que habían defendido con tantas ganas. El colombiano Torres se encogía de hombros, como diciendo: «¿y qué se puede hacer?».

El lanzamiento por debajo de la barrera es sólo una de las cosas que Messi vio hacer a su amigo Ronaldinho, aunque hace tiempo que Leo hizo ya casi todas las cosas que se inventó Ronnie y algunas más. Suya fue la responsabilidad de que el Barcelona ganara. Porque todo lo que generaban los azulgrana salía de su cabeza y de sus pies. Empezó poniéndose el traje de pasador, sin desgastarse mucho para que fueran sus compañeros los que ganaran el partido. Pero eso parece que genera una gran frustración porque, por ejemplo, se inventa pases para dejar a Dembélé solo delante de Pacheco y el francés no acierta en el mano a mano. O la volea de Jordi Alba se estrella contra el lateral de la red. Así que no le queda más remedio que decidir los partidos él solo. Lo intentó en la falta que se le marchó al larguero y después de marcar el primero siguió intentándolo. Apenas tardó tres minutos en lanzar otra vez al poste.

El Barcelona dependía de Messi como ha dependido siempre. Pero ahora, aún más. Aunque al argentino no parecen afectarle las marchas de sus socios en los últimos años. Uno detrás de otro se marcharon Xavi, Neymar e Iniesta. Y se ha quedado sin competencia con la salida de Cristiano Ronaldo del Real Madrid. Pero Messi es siempre el mismo. Andando o corriendo, poco y sólo cuando hace falta, pero siempre el mismo.

Los fichajes de esta temporada esperaban su oportunidad en el banquillo y el primero en salir cuando Valverde decidió modificar el equipo no fue ninguno de los nuevos. Entró Coutinho en sustitución de Semedo para que Sergi Roberto ocupara el lateral derecho en el que ha vivido los últimos años. El planteamiento del Alavés no daba muchas oportunidades para que el canterano aprovechara su zancada y su llegada. Y Coutinho colaboraba más en la elaboración desde esa posición de interior en la que se le imaginaba cuando llegó como sustituto de Iniesta. Suyo fue el segundo gol, pero ya partiendo desde la izquierda porque Dembélé había dejado su sitio a Arthur.

El Barcelona se había armado de paciencia para superar la barrera del Alavés, que puso nueve hombres en el borde del área, nunca se sabe si por elección o por el abuso del Barcelona con la pelota. Pero la portería de Ter Stegen le quedaba demasiado lejos y cada vez que lograba aproximarse lo hacía sin excesiva precisión.

Así, el Barça esperaba la llegada del gol como el que espera algo inevitable. En realidad era la misma manera en que lo esperaba el Alavés desde el otro lado. Nunca se precipitó el equipo de Valverde, con el encuentro siempre controlado como si fuera una cuestión rutinaria. O quizá en realidad lo era. El Barcelona se ha acostumbrado a ganar Ligas, pero el dominio del Madrid en Europa le hace mirar más hacia el continente. Aunque con Messi y poco más le da para ganar la mayoría de los partidos. El tercer gol cuando el partido se agotaba volvió a demostrarlo.

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