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La admiradora de Nadal que ha destronado a Ledecky en los 400 libres

La australiana Ariarne Titmus se impone a la leyenda estadounidense en los Juegos de Tokio, como ya hizo en el pasado Mundial, en una final memorable

La australiana Ariarne Titmus apenas podía creer que hubiera ganado el oro en 400 libre en los Juegos de Tokio, derrotando a Katie Ledecky
La australiana Ariarne Titmus apenas podía creer que hubiera ganado el oro en 400 libre en los Juegos de Tokio, derrotando a Katie Ledecky FOTO: STEFAN WERMUTH REUTERS

Un hombre se vuelve loco en las gradas del Centro Acuático de Tokio. Pero loco, loco. Meneando su melena al viento y con la mascarilla en la mano, gritaba agarrado a una barandilla, como si estuviera en un concierto de rock. Era Dean Boxall y su locura tenía sentido. Abajo, en la piscina, su pupila, Ariarne Titmus, estaba todavía incrédula por lo que acaba de conseguir. Se daba golpecitos con la cabeza en la pared mientras miraba la marca que había conseguido y sentía la decepción de la mujer que tenía al lado en el agua. La decepción de Katie Ledecky, la reina destronada, pero qué manera de defender su corona para dejar una final de 400 metros libres memorable en los Juegos Olímpicos. Luego, en la entrega de medallas, ya estaba sonriente la estadounidense con su plata. La batalla con Titmus no ha hecho más que comenzar (se medirán también en 200 y 800), y el primer gran asalto fue para la australiana.

En realidad, no es la primera vez que la derrota. Ya la superó en 2019 en la misma distancia en el Mundial, pero entonces Ledecky estaba enferma, incluso renunció a disputar después los 1.500. Ahora no había enfermedad de por medio ni nada. Le ganó y punto, y lo hizo con una marca estratosférica, 3:56.69, la segunda mejor de la historia, sólo por detrás del récord Mundial que logró la propia Ledecky en los Juegos Olímpicos de Río 2016: 3:56.46.

Claro que aquel 7 de agosto de 2016, la estadounidense sacó cinco segundos a su rival más inmediata, la británica Jazmin Carlin. Es una nadadora de leyenda, que ya mostrara de lo que es capaz a los 15 años, con su oro en 800 en los Juegos de Londres 2012. Ledecky está acostumbrada prácticamente a nadar sola: cuando llega el viraje y ella está volviendo, todas sus oponentes todavía van en busca de la pared. Y así sigue aumentando la ventaja hasta el infinito. Eso mismo es lo que quiso hacer en Tokio con Titmus: despegarse, consciente del poderoso final que tiene la australiana. Parecía que lo había conseguido después del paso por los primeros 50 metros, pero a falta de dos piscinas la distancia ya era mínima y quizá ahí Ledecky ya sabía que no iba a poder ganar, pero eso no quitó que lo siguiera intentando. Después del último viraje, ya mandaba Titmus, por poco, y las dos nadadoras estuvieron emparejadas casi hasta el final para dejar unos últimos metros míticos, negándose a ceder, un brazo detrás de otro y con el molinillo en los pies, sin hacer caso a las señales que manda el cuerpo, ya muy castigado. Ledecky hizo su parcial más rápido de todos, 29.12: pero es que la australiana logró el parcial más veloz de la final: 28.67. Y sólo así pudo quitar la corona a la reina Katie.

La nadadora de 20 años nacida en Launceston sacó la fuerza y el carácter competitivo del deportistas al que más admira. Porque cuando en una entrevista en “Olympic Channel” después del confinamiento le preguntaron quién era su ídolo, la respuesta salió de carrerilla: “Oh, esa es muy fácil. Soy una gran fan de Rafael Nadal. Amo el tenis y amo ver a Rafa. Me encanta su pasión por el deporte, su pasión por ganar y su lucha”, confesó. “He querido ir al Abierto de Australia en Melbourne y verlo jugar muchas veces. Y estaba planeando hacerlo el próximo año [en 2021, la respuesta la dio en julio de 2020] después de los Juegos Olímpicos: Dean me iba a dejar que me perdiera el entrenamiento. Pero ahora que los Juegos Olímpicos son el próximo año [por el retraso por la pandemia] es como: “¡No, no puedo!”. Pero me encanta verlo jugar al tenis. Creo que es genial”, añadió.

Dean ya tiene motivos más que suficientes para dejar a Titmus ir a ver a Rafa jugar en 2022. Dean, el hombre loco de la melena, ya estaba más calmado cuando su nadadora tenía la medalla en el pecho. Ya no gritaba, ahora lloraba.