Sólo puede quedar uno

Ferrer-Almagro, duelo de cuartos. «Será una buena pelea», dice «Nico»

Nicolas Almagro tras vencer al serbio Janko Tipsarevic
Nicolas Almagro tras vencer al serbio Janko Tipsarevic

A la espera de Nadal y su regreso en Viña del Mar, Ferrer y Almagro se jugarán un lugar en las semifinales del Abierto de Australia. Por el lado del cuadro por el que marcha Djokovic, los dos españoles se colaron entre los ocho mejores sin dificultades. «Ferru» se deshizo de Nishikori en tres sets; «Nico» sacó partido de los problemas físicos de Tipsarevic. Después de dos partidos que se fueron a cinco mangas, la retirada del serbio fue para Almagro la manera más cómoda para alcanzar sus primeros cuartos en un «Grande» sobre pista rápida.

Ferrer está en un lugar que le resulta de lo más familiar. El año pasado ya fue al menos cuartofinalista en todos los «Grand Slam». En Australia es la cuarta vez que llega tan lejos. En 2011 fue semifinalista, pero el actual Ferrer es incluso superior a aquél. Pocos jugadores en el circuito han conseguido un margen de mejora tan notable en torno a los 30 años. «Estoy intentando mejorar mi juego cada año, mejorar mi servicio, jugar más agresivo con mis golpes, pero es difícil para mí mejorar mucho más. Tengo treinta años y he jugado mucho. Ahora actúo con más calma y eso es muy importante para mejorar», aseguró.

Almagro es más desafiante: «Será una buena pelea». Está ante una oportunidad única para hacer historia. Es consciente de que afronta el segundo partido más importante de su vida. En el primero, el quinto punto en la pasada final de la Davis ante Chequia, fracasó. Él considera que en Melbourne está capacitado para dar el salto, aunque los precedentes son concluyentes en su contra: 12-0 para Ferrer. «Será un partido diferente porque nos conocemos mucho. Nunca he jugado contra él en un ''Grand Slam'', pero es una gran oportunidad. Estoy bien y feliz con mi tenis», dice.

Al ganador le podría esperar el número uno del mundo si es que supera en su cruce de cuartos a Berdych. Djokovic reeditó con Wawrinka la final que disputó 51 semanas antes con Nadal. Necesitó cinco horas –53 minutos menos que ante Rafa– para alcanzar los cuartos, pero acabó igual: ganando el partido y rompiéndose la camiseta en el centro de la pista. «Estoy bien, sólo han sido cinco horas», aseguró irónicamente. El número uno del mundo dispone de casi 48 horas de descanso antes de retarse con Berdych.