«Hace falta un proyecto que integre a Gobierno, oposición y agentes sociales»

Así lo afirma Rosauro Varo, empresario y presidente de GAT inversiones, en una entrevista para LA RAZÓN

Rosauro Varo, empresario y presidente de GAT inversiones
Rosauro Varo, empresario y presidente de GAT inversiones FOTO: Luis Diaz La Razón

Como empresario, emprendedor, ¿cómo ve el escenario económico que deja la pandemia?

–Con sentimientos encontrados. En primer lugar, con dolor por las víctimas de la pandemia y sus familiares. Igualmente, con reconocimiento a nuestros profesionales sanitarios y de servicios esenciales, su compromiso está siendo un ejemplo para todos. Sin duda, también con preocupación por la pérdida de empleos y por las empresas que podrían verse abocadas al cierre por el cese de actividad. Y, por último, tengo un sentimiento de esperanza. Tengo el ánimo de que pronto, juntos, vamos a vencer al virus. Y que, aunque en los próximos meses transitaremos por una travesía difícil, la sociedad y las empresas nos recuperaremos, saliendo más reforzados.

–Hay quien ya apunta que España no se ha enfrentado a una crisis parecida en democracia, incluso desde la Guerra Civil. ¿Lo ve así?

–Creo que la humanidad se está enfrentando a uno de los mayores desafíos de su historia y, evidentemente, nuestra generación está ante el mayor reto que haya podido vivir. Va a ser un año duro, con solo dos semanas de confinamiento, en el primer trimestre nuestra economía ha caído un 5,2 por ciento. En el segundo trimestre la caída podría superar el 10 por ciento, pero confío en que en 2021 recobraremos la senda del crecimiento con una fuerte inercia positiva.

–¿Qué importancia tendrán las empresas en la crisis económica que nos deja la Covid-19?

–La fortaleza del tejido empresarial es un pilar básico del bienestar de una sociedad. Por tanto, las empresas hemos de ser actores esenciales en la reconstrucción del país. Si bien, para ello, es necesario que se retome la actividad de manera efectiva, equilibrándose con medidas de seguridad sensatas. La capacidad de la actividad de las empresas ha de alcanzar un nivel suficiente para poder sustentar sus estructuras de costes, si no, no se podrá proteger el empleo.

–¿Las primeras medidas del Gobierno van en la buena dirección? ¿Primero hay que salvar a las familias y luego a las empresas?

–Sin duda, la familia y la salud siempre han de estar por encima de todo. Pero no se pueden disociar a las familias de las empresas. El proyecto de vida de las familias está vinculado al empleo de sus miembros y éste a la actividad empresarial, esto es un hecho objetivo. Las empresas no son otra cosa que una organización integrada por personas, éste es su principal activo. Pienso que la reactivación de la actividad empresarial es la mejor palanca para ayudar a las familias.

–De los más de 1,8 billones de ayudas del Estado a empresas que la Comisión Europea ha autorizado a los miembros, casi el 60 por ciento corresponden a Alemania. Sus empresas saldrán «superdopadas», al contrario que las españolas. ¿Aquí las empresas dan mucho y reciben poco?

–La aportación de las empresas se basa, simplemente, en el compromiso que tenemos con la sociedad en la que estamos presentes. Lo fondos que en estos momentos requerimos son una excepcionalidad para una situación extraordinariamente grave. Es cierto que determinadas ayudas están condicionadas a la negociación con la Comisión Europea, pero otras decisiones se enmarcan sólo en la política nacional. Por ejemplo, pienso que España también precisa de un contexto de confianza con un entorno jurídico estable y un marco laboral flexible que se pudiera adaptar a la realidad actual.

–¿Teme que muchas compañías españolas, que gozan de buena salud, mueran por inanición por el camino?

–Corremos ese riesgo. La supervivencia de muchas empresas está en peligro. Sin ingresos los problemas de liquidez coyunturales se pueden convertir en problemas de solvencia. Por motivaciones distintas, pero ya hemos vivido esta situación en otras crisis.

–¿Hace falta que se desbloqueen nuevos tramos de ayudas del ICO?

El nuevo tramo de 24.500 millones de euros, que se desbloqueará esta semana, es una buena noticia y paliará parte de la demanda insatisfecha; pero, más pronto que tarde, deberá desbloquearse el montante completo de la línea e, incluso, ir planificando líneas adicionales. Creo que el papel del sistema financiero en la salida de esta crisis va a ser transcendental. Necesitamos que esta cadena de valor público-privada funcione con la mayor agilidad posible para canalizar la liquidez a las empresas.

–El turismo supone casi el 13 por ciento del PIB. Y hay comunidades, como Canarias y Baleares, poco afectadas por el virus, pero estigmatizadas, donde se eleva al 35 por ciento. ¿Cómo se puede dar la vuelta a esta catástrofe?

–Por fases. El turismo es el sector más afectado, es el primero en el que impactó la crisis –en febrero ya se empezaron a sufrir cancelaciones– y el que más tarde saldrá. En estos momentos, lo principal es la supervivencia de las compañías del sector. A partir de ahí, y conforme las medidas de desescalada se vayan produciendo, hay que generar atractivo para motivar el turismo doméstico. Innovar y dar certidumbre de seguridad con certificaciones del tipo de los hoteles portugueses «clean and save». En cualquier caso, hemos de ser conscientes de que los 80 millones de turistas que llegaban cada año a España no van a volver hasta que la pandemia se pueda erradicar a nivel global.

–¿Cuál es el futuro pos-Covid para Inditex, El Corte Inglés o Globalia, por ejemplo?

–Las compañías que menciona están entre las marcas más valiosas a nivel mundial y, entre otras cuestiones, por la brillantez de sus equipos directivos. No me cabe la menor duda que se sabrán reinventar y adaptar su estrategia a las nuevas circunstancias y nichos de mercado. En un sentido amplio, el retail pondrá el foco en el segmento on-line.

–¿Cómo ve usted la «nueva normalidad»?

–La pandemia motiva la construcción de un nuevo ecosistema en el que hemos de convivir con condicionantes transitorios, algunos, y otros, estructurales. Si bien, pienso que la esencia de nuestras necesidades no va a cambiar, seguirá siendo primario comunicarnos, relacionarnos, movernos. Esto en el fondo no cambia, pero sí en la forma en la que lo hemos de hacer. La sociedad debe reflexionar sobre esta nueva realidad.

–¿Y el futuro de Cabify?

–Generando valor en este nuevo ecosistema. La movilidad es condición necesaria para la reactivación de la economía y, por tanto, del empleo. Cuando menos, en un primer estadio de la «nueva normalidad» la seguridad será directamente proporcional al distanciamiento social y, de este modo, el transporte colectivo es difícilmente compatible con la seguridad. Además, este nuevo ecosistema también va a ser más digital. Compañías como Cabify ya venían desarrollando alternativas de movilidad sostenibles, seguras, accesibles y transparentes, basadas en la tecnología. Cabify aporta una solución donde la movilidad y la seguridad para la salud van de la mano.

–¿Está de acuerdo con los que dicen que llega la «era del capitalismo de Estado»?

–No hay cabida en estos duros momentos para la soberbia ideológica, en un sentido u otro. El Estado tiene una función y ha de ejercerla con responsabilidad.

–¿El coronavirus puede acabar por llevar a Europa a la irrelevancia?

–Observando lo que transciende de determinados Consejos Europeos, resulta paradójico que las estrellas de la bandera de la Unión Europea representen los ideales de unidad, solidaridad y armonía entre los pueblos de Europa. No obstante, quiero pensar que Europa reflexionará sobre su papel en la crisis y actuará en consecuencia.

–¿La política, los políticos, están a la altura de la crisis?

–En el punto en el que nos encontramos las decisiones con sesgo político, en sentido estricto, no aportan nada. Necesitamos decisiones con visión social y económica. Confío en que cuando pase la crisis, y la veamos con perspectiva, tengamos ese sentimiento de que la política estuvo a la altura de las circunstancias.

–¿Se puede salir de esta crisis sin grandes acuerdos entre Gobierno y oposición?

–Tenemos en el horizonte la reconstrucción del país. Un proyecto colectivo donde, además de Gobierno y oposición, será necesario que se integren todos los agentes sociales. Sin crispaciones, con un único objetivo, salir adelante todos juntos. Además, ha de ser una integración efectiva con voz y voto, cada uno con su visión y rol definido. Es fundamental cimentar un entorno de confianza y abordar la colaboración público-privada sin complejos.

–¿Qué piensa cuando escucha el discurso de partidos, como Podemos, que liga a los empresarios prácticamente con todos los males de este país?

–Me duele. Las empresas españolas están dando ejemplo de responsabilidad social en la lucha contra la pandemia. Desde la donación de EPIs y respiradores hasta, incluso, la fabricación de éstos. Cabify, por ejemplo, ha puesto en marcha su servicio de transporte gratuito para los profesionales sanitarios. No obstante, el mayor valor social está en los esfuerzos que están haciendo nuestras empresas por mantener el empleo.

–¿España es un buen país para emprender?

–España es un país con talento y esto está quedando demostrado en esta crisis. Hemos visto como la innovación nos ha permitido adaptarnos a la educación en remoto, servicios «delivery» de restaurantes o al teletrabajo. Además, gracias a Telefónica, España es un país preparado tecnológicamente para abordar este desafío. Somos líderes europeos en red de fibra óptica y número de hogares conectados. Precisamente, creo que ésta es una asignatura pendiente, el tener más «Telefónicas», es decir, compañías con el suficiente tamaño como para ser tractoras de un sector o la propia economía y, al mismo tiempo, amortiguar crisis como ésta.

–¿Cómo afecta la crisis a sus objetivos?

–Nuestro objetivo sigue siendo el mismo, una creación de valor compartido que integre las expectativas de todos nuestros grupos de interés, socios, empleados, clientes, proveedores y la sociedad, en general. En estos momentos, la prioridad es el empleo. Afortunadamente, GAT Inversiones es un grupo empresarial estructuralmente solvente. No cabe duda de que, esta crisis estresa cualquier métrica que se pudiera haber proyectado. Pero, solventada esta tensión coyuntural, la robustez de la estructura de capital de GAT y la consolidación de nuestro modelo de negocio proyectan un escenario positivo y sostenible para nuestro grupo.

–¿Le preocupa que la distancia entre el norte y el sur, en Europa, en España, se agrande recesión tras recesión? ¿Vamos camino de que las nuevas desigualdades se conviertan en insalvables?

–En momentos de tensión la cadena se rompe por los eslabones más débiles, eso es una realidad. La pandemia, por definición, es global, pero su impacto es asimétrico. Todos tenemos que trabajar para corregirlo.