Concorde: 20 años del fatídico accidente en el que empezó a morir el mito supersónico

El 25 de julio de 2000, en las proximidades de París, el avión sufrió su único accidente en treinta años. Tres años después, fue retirado del servicio por su alto coste, poca ocupación y los atentados del 11-S

Momento en que el Concorde de Air France se incendia en pleno despegue el 25 de julio de 2000
Momento en que el Concorde de Air France se incendia en pleno despegue el 25 de julio de 2000La Razon

Cuesta creer que una pequeña pieza de 3 centímetros de anchura y 43 de longitud pueda fulminar a una máquina de 62 metros de largo capaz de viajar a más de 2.000 kilómetros por hora. Pero eso es exactamente lo que le ocurrió tal día como hoy hace veinte años al Concorde del vuelo 4590 de Air France. Era martes. Poco después de las 16.30 horas, el avión, con destino a Nueva York, despegó del Aeropuerto Charles de Gaulle de Gaulle tal y como estaba previsto. Lo que no entraba en los planes es que al poco de despegar una lengua de fuego comenzase a salir de su ala izquierda. Algo, evidentemente, no iba bien.

Para infortunio del Concorde y de los que viajaban a bordo -la tripulación y cien pasajeros, la mayoría turistas alemanes que iban a hacer un crucero-, uno de los neumáticos pasó a gran velocidad por encima de una pieza de titanio que se había desprendido de una McDonnell Douglas DC-10 de Continental Airlines, lo que provocó su explosión. Una pesada parte del neumático, de unos 4,5 kilos de peso, golpeó entonces la parte baja del ala izquierda del avión y provocó un incendio. Consciente de lo que ocurría, el capitán del avión trató de conducir el avión al aeropuerto de París-Le Bourget para realizar un aterrizaje de emergencia. Pero no llegó. Se estrelló contra un hotel de Gonesse. En el accidente murieron sus cien viajeros, nueve tripulantes y cuatro personas en tierra.

Aunque se trató del único accidente que registró el “gran pájaro blanco” en sus 27 años de servicio, fue una pesada losa que no pudo superar. Tres años después, el 26 de noviembre de 2003, realizó su último vuelo. Su número de pasajeros había bajado tras el accidente, lo que unido a sus elevados costes de mantenimiento y al “shock” que sufrió la aviación tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, llevaron a Air France y British Airways, las compañías que los tenían en sus respectivas flotas, a retirarlos.

Mientras estuvo en activo, el Concorde fue sin duda el rey de los cielos. El único avión comercial supersónico de la historia de la aviación era capaz de enlazar París y Nueva York en apenas tres horas y media gracias a los 2.179 kilómetros horas, dos veces la velocidad del sonido; a que le propulsaban sus motores Rolls Royce-Olympus.

Una experiencia única

Viajar en uno de ellos no estaba al alcance de cualquiera. Un billete entre Londres y Nueva York costaba 6.000 libras de las de entonces, una pequeña fortuna, lo que confería a sus privilegiados viajeros un estatus de exclusividad. El excapitán de British Airways Concorde John Tye recordaba en la CNN que “a menudo advertiríamos a estos aviones más lentos que íbamos a pasar, en caso de que el estruendo sónico -provocado por viajar a la velocidad del sonido- los alarmara, ya que pasábamos más rápido que una bala de fusil”.

A bordo del avión, sus viajeros respiraban lujo. Su menú era sofisticado, con platos como ensalada de langosta y trufas, pastel de salmón ahumado o pechuga de gallina guineana. Por supuesto, no faltaba una buena carta de vinos y champán, del que se consumieron un millón de botellas en sus años de vida. Más que un viaje, lo que vivía los pasajeros era una experiencia. El Concorde, del que apenas se fabricaron veinte unidades, alcanzaba una altitud de entre 15.000 y 18.000 metros, cuando el techo de vuelo de un avión comercial se sitúa en alrededor de 12.000, lo que permitía a sus ocupantes contemplar algo tan extraordinario como la curvatura de la Tierra. No es de extrañar que, mientras voló, se transformara en el avión favorito de los políticos, directivos em­presariales, celebridades y turistas adi­nerados.

Ahora, casi veinte años después de su despedida, algunas compañías tratan de resucitar el sueño supersónico del Concorde. Técnicamente más preparadas para lograr aviones más cómodos, silenciosos y económicos, lo que es más improbable es que logren reeditar el “glamour” del pionero anglo-británico.