Subir impuestos contra la recuperación

El gobierno lucha por subir los tributos y desincentivar la actividad, una magnífica receta para mantenernos en el estancamiento.

Después de un hundimiento económico sin precedentes, el Gobierno de PSOE-Podemos pretende elevar la recaudación tributaria de 2021 hasta máximos históricos: 494.000 millones de euros que equivalen al 40,3% del PIB. Es decir, el Ejecutivo aspira a recaudar sustancialmente más que en 2019 (el ejercicio en el que alcanzamos nuestro máximo de PIB) y, por supuesto, muchísimo más que en este terrible 2020. En particular, según las previsiones que ha remitido a Bruselas, se compromete a elevar los ingresos tributarios en 33.400 millones de euros con respecto al presente ejercicio.

Ciertamente, parte de esa alza de los ingresos son puros fuegos de artificio de expectativas infladas. El Ejecutivo necesita justificar ante Bruselas que se están esforzando en controlar el déficit y, para ello, nada mejor que sobredimensionar las previsiones de recaudación. No es la primera vez que lo hemos hecho y desde luego tampoco será la última. De hecho, unos 26.500 millones en nuevos ingresos provendrán, de acuerdo con el Ejecutivo, de la mayor pujanza económica. A su juicio, dado que la actividad productiva mejorará sustancialmente en 2021 (si el coronavirus y la incompetencia de nuestros políticos lo permiten), el Fisco también recaudará más.

Pero acaso lo más preocupante de las cuentas remitidas a Bruselas no sea la hinchazón recaudatoria, sino los esfuerzos adicionales que pretende poner en marcha el Ejecutivo para, en efecto, elevar la recaudación de Hacienda. Me refiero, cómo no, a las subidas impositivas que ya le han sido comunicadas a la Comisión. En particular, el Gobierno promete subir los impuestos en casi 6.900 millones: 550 millones en nuevos impuestos directos, 340 millones como consecuencia del alza del IVA a las bebidas azucaradas, 850 millones de euros como resultado de la Tasa Tobin, 968 millones de euros a resultas de la Tasa Google, 491 millones por el impuesto a los envases de plástico, 1.311 millones por nueva fiscalidad verde y, finalmente, 1.509 millones en «medidas de imposición indirecta».

Imposición indirecta

Precisamente, el anuncio con un mayor potencial recaudatorio, el de las nuevas «medidas de imposición indirecta», no ha sido desarrollado más allá de la cortina de humo mediática del IVA a las bebidas azucaradas. ¿Qué impuestos indirectos piensa alterar el Ejecutivo para recaudar, sólo en 2021, más de 1.500 millones? Probablemente se trata de la conocida subida del IVA a centros educativos y sanitarios privados, pero no debería sorprendernos que eso no sea todo y suframos nuevos aumentos del IVA distintos de los que la mayoría de ciudadanos esperan (sobre todo si la negociación parlamentaria de los presupuestos embarranca en la sanidad y la educación). Algo similar cabría decir de los medidas de imposición directa, que a buen seguro incluirán un alza del IRPF «a las rentas más altas». Pero probablemente «las más altas» terminen siendo más bajas de lo anticipado.

Sea como fuere, el Gobierno lucha por subir los impuestos y desincentivar la actividad justo cuando la actividad podría empezar a recuperarse. Una magnífica receta para mantenernos maniatados en el estancamiento. En lugar de multiplicar los tributos, deberíamos pensar en dividir los gastos, especialmente aquellos que posean un carácter más prescindible.