Sánchez ya ha “gastado” los 27.000 millones que bloquea la UE

Los Presupuestos de 2021 cuentan con la llegada de estos fondos, bloqueados por Polonia y Hungría. Las previsiones del Gobierno saltarán por los aires si el dinero se retrasa más

Más que nunca, en estos momentos, está en entredicho la rapidez y la fortaleza que se imprima a la salida de la recesión económica en la que se haya inmersa España, después del severo castigo que ha supuesto para el mercado nacional las medidas impuestas para frenar el avance del coronavirus

Las previsiones del Gobierno pueden saltar por los aires como un castillo de naipes, si no llega la inyección de capital que supondrán los fondos europeos para la reconstrucción en la era postcovid-19. En este escenario, los aún embrionarios Presupuestos Generales del Estado de 2021 pueden convertirse definitivamente en papel mojado, después de que ayer Polonia y Hungría anunciaran su veto a la ratificación de las cuentas plurianuales de la UE y, por tanto, a la entrada en vigor de los fondos europeos para la reconstrucción de los Estados miembros por importe de 750.000 millones, de los que a España corresponde 140.000 millones (70.000 millones en ayudas a fondo perdido y otros 70.000 millones en préstamos).

Las cuentas plurianuales y estos fondos deben ser aprobados por los 27 Estados miembros por unanimidad. Por tanto, Polonia y Hungría con su veto pueden paralizar la llegada a España de los 27.000 millones previstos ya en los Presupuestos de 2021 como anticipo de estos fondos y que el Estado iba a adelantar hasta su llegada. Precisamente, el Gobierno ha basado sus previsiones macro, que pronostican un crecimiento económico del 9,8% del PIB en 2021, en la percepción de esta cuantía. Concretamente, esta cifra, según calcula el Departamento de Nadia Calviño, tendrá un impacto positivo en el crecimiento económico de cerca de 2,6 puntos del PIB, unos 32.500 millones.

En este contexto nada halagüeño para los intereses de España, los primeros Presupuestos de Sánchez, que pondrían entrar en vigor en enero próximo, nacerán lastrados. Tanto las partidas de ingresos como las de gastos se basan en ese crecimiento económico del 9,8% del PIB, demasiado optimista, según todos los organismos, e imposible de sostener sin los 27.000 millones de anticipo de los fondos europeos. Si los ingresos y los gastos no se cumplen, mucho menos se cumplirán las previsiones de situar el déficit público en el 7,7% del PIB y la deuda en torno al 118%. Por tanto, de confirmarse definitivamente el veto de Polonia y Hungría, los Presupuestos de 2021 nacerán heridos de muerte antes de que se estrenen en enero próximo.

Camino de espinas

Este no es el primer escollo con el que se tropiezan estas cuentas. La historia de su elaboración ha sido la de un camino repleto de espinas. Desde que comenzaron su andadura, con su aprobación por el Consejo de Ministros el pasado 27 de octubre, su eventual entrada en vigor no ha estado exenta de sobresaltados.

Un día antes de que el Consejo de Ministros diera su visto bueno, el vicepresidente segundo del Gobierno amenazó con tirar por la calle de en medio y votar en contra de estas cuentas. Una vez que el presidente se avino a cumplir las exigencias de Pablo Iglesias, los Presupuestos fueron, por fin, aprobados por el Consejo de Ministros con un mes de demora y después de tres prórrogas presupuestarias.

Pero el siguiente escollo no se hizo esperar. La misma jornada en la que el Consejo de Ministros dio su plácet, los nacionalistas vascos y Ciudadanos se levantaron en armas contra las subidas impositivas del diésel. Al día siguiente, el 28 de octubre, la ministra de Hacienda enmendó su «error», en la presentación de las cuentas en la Cámara Baja, al dejar la puerta abierta a dar marcha atrás a este alza fiscal a cambio del respaldo de Cs y de los nacionalistas vascos. Sin embargo, en esa jornada no acabarían los sinsabores para el Gobierno a costa de estos polémicos Presupuestos.

Durante las comparecencias de altos cargos públicos en la Comisión de Presupuestos del Congreso de los Diputados, tanto el gobernador del Banco de España como la presidenta de la Airef echaron un jarro de agua fría sobre los números del Ejecutivo por «irreales» al estar basados en un cuadro macroeconómico, que consagra un excesivo optimismo sobre el crecimiento económico del 9,8% del PIB. Las críticas del gobernador y de la presidenta de la Airef levantaron más de una ampolla en el seno del Gabinete de Sánchez y más concretamente en su Vicepresidencia económica.

A estas críticas cuestionando la credibilidad de las cuentas se sumaron inmediatamente la de organismos internacionales, como el FMI y la Comisión Europea, cuyas previsiones para España de alza del PIB se sitúan entre cuatro y dos puntos porcentuales por debajo a las del Gobierno. Pero lejos de cesar, los dimes y diretes, los tiras y aflojas sobre estas cuentas continuaron los siguientes días.

Durante el debate en el pleno del Congreso de los Diputados de las siete enmiendas a la totalidad presentas a los Presupuestos, la ministra de Hacienda tuvo que emplearse a fondo para congraciarse con el resto de fuerzas parlamentarias que permitieron la investidura de Sánchez como presidente, con el fin de conseguir que rechazaran la devolución al Ejecutivo de estas cuentas.

Ahora, seis días después de lograrlo, Moncloa afronta otro escollo, que, de momento, se antoja insalvable, el veto a la aprobación de estos fondos por Polonia y Hungría. Calviño prefirió ayer pasar de puntillas por la decisión de polacos y húngaros, tras confiar en que se resuelva la polémica favorablemente a los intereses de nuestro país. Y es que España se juega mucho en el seno de la UE con su aprobación, entre otras cosas, su credibilidad y una rápida salida del túnel.