El Gobierno incumple otra promesa: el gasto en Sanidad no llegará al 7% prometido hasta 2050

Sánchez anunció que alcanzaría ese porcentaje a final de la legislatura pero el plan enviado a Bruselas lo desmiente

El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro SánchezRicardo Rubio Europa Press

Una de las promesas estrella para esta legislatura del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, va a caer en saco roto. Finalmente, y a pesar de la gravedad de la pandemia de Covid-19, España no destinará en lo que resta de legislatura un 7% de su gasto presupuestario a Sanidad. De hecho, se quedará muy lejos de ese porcentaje. Apenas dedicará el 6,6% en 2022, cifra que decrecerá hasta el 6,4% en 2023 y bajará aún más en 2024 hasta situarse en un pírrico 6,2%. La caída es especialmente acusada si se compara con los porcentajes de 2020 y de este año, que han sido del 7,6% y del 7,2% como consecuencia de la factura sobrevenida por la crisis del coronavirus.

Así figura, al menos, en la actualización del Programa de Estabilidad para el periodo 2021-2024 que el Ejecutivo ha enviado a la Comisión Europea, junto con el Plan Nacional de Reformas y el plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Economía. El documento confirma también el estancamiento del gasto en otra partida de gran importancia para la sociedad, la educación, que pasará de contar con un 4,6% en 2020 a apenas un 4,1% cuatro años después. La necesidad de acabar con la infrafinanciación de la Sanidad y la Educación ha sido uno de los argumentos recurrentes del Ejecutivo socialista y de sus socios de Gobierno para arremeter contra sus antecesores, los ejecutivos populares. Sánchez apeló a ello durante su discurso de investidura en el capítulo de su programa sobre la consolidación de los derechos sociales y la defensa de «lo público».

Según dijo, «España debe alcanzar una inversión sanitaria equiparable a la media de los estados de la zona euro en esta legislatura, de modo que logremos el 7% del PIB en 2023». La promesa también formaba parte del acuerdo para la formación de Gobierno alcanzado entre el PSOE y Unidas Podemos. En dicho acuerdo, las dos formaciones proponían incrementar los recursos del Sistema Nacional de Salud (SNS) para pasar del 6% que se destinaban entonces al 7% en 2023, remarcando también que de esta forma se alcanzaría «una inversión en servicios públicos propia de otros estados de la zona euro durante la legislatura».

La formación de Pablo Iglesias iba incluso más allá e incluía incrementar el PIB en Sanidad del 6% al 7,5% en 2023. Uno de los objetivos de esta acción, decía, era «impulsar la atención primaria con recursos suficientes», para que fueran un 20% del gasto sanitario, así como «cuidar al personal sanitario y acabar con su precariedad». El documento enviado al Ejecutivo comunitario por el Gobierno español desbarata tales promesas y sorprende incluso por lo que las dilata en el tiempo. Según el texto, en 2030 el gasto sanitario representaría aún el 6,2% del PIB, y en 2040 llegaría al 6,7%. De hecho, España no destinaría un 7% de su presupuesto a Sanidad hasta 2050, y habría que aguardar hasta 2060 para que éste alcanzara el 7,1%.

Educación regresiva

En Educación, la situación no sería mucho mejor y se produciría incluso una regresión, pues los porcentajes serían de apenas un 3,3% en 2030; del 3% en 2040; del 3,1% en 2050 y del 3,2% en 2060. Con respecto a la partida para Sanidad, llama la atención que las magnitudes apenas crezcan en un contexto de envejecimiento poblacional como el que atraviesa la sociedad española, en el que se hace más acuciante el consumo de infraestructuras y recursos sanitarios.

El Gobierno atribuye el aumento del gasto futuro hasta el pírrico 7% al envejecimiento de la generación del «baby boom» y a la necesidad de cuidados de larga duración. «El gasto sanitario per cápita crece con la edad de los pacientes en mayor medida que el gasto en dependencia», dice, pese al contenido crecimiento que prevé de la partida destinada a dispensar este tipo de atención sanitaria. La parquedad del presupuesto destinado a Sanidad se traduce en las medidas que el Ejecutivo prevé desarrollar, muchas de ellas etéreas. En el documento remitido a Bruselas habla de la necesidad de «fortalecer el SSNS para hacerlo más proactivo, resiliente y sostenible, de modo que siga siendo un pilar del Estado de Bienestar».

Alude también al fortalecimiento de la primaria como eje vertebrador del sistema, sin citar ya el aumento de fondos prometido por Unidas Podemos, y a una reforma para reforzar su capacidad preventiva, poniendo el foco en la lucha contra el tabaquismo y el alcohol.

El informe habla también de la consolidación de la cohesión, la equidad y la universalidad, y de incremento de la cartera común de servicios públicos, citando la salud bucodental y la medicina personalizada de precisión, sin cuantificar su coste. Insiste asimismo en prometer un aumento de las capacidades de respuesta ante crisis sanitarias mediante un nuevo Centro Estatal de Salud Pública, y la reducción de la temporalidad de los profesionales. Nada dice de cómo lo hará ni el dinero que habrá para ello.

Finalmente, apunta medidas de racionalización del gasto farmacéutico, lo que siempre se ha traducido en un recorte de los beneficios de farmacéuticos, distribuidores o laboratorios.