El pan, la gasolina, la luz... ¿Llegaremos a fin de mes?

El alza del 4% de los precios trastoca los planes de recuperación del Gobierno, cuyas previsiones apuntan demasiado optimistas. El pan sube un 12%, el gasoil un 25% y la electricidad un 271%. Los hogares se dejan ya 8.000 millones

Colas del hambre junto a la parroquia de San Amaro, en Madrid
Colas del hambre junto a la parroquia de San Amaro, en Madrid FOTO: Cristina Bejarano La Razón

Ha bastado apenas un mes para que la barra de pan de picos que compramos a diario pase de 80 céntimos a 90. Dicho así suena a nada, pero se trata de un alza del 12,5%. ¿Y el corte de pelo masculino? Tras el verano, es un euro superior, hasta 13,5 euros, un 8% de subida. De repente, todo resulta más caro. Las gasolinas están a precio de la Coca-Cola. Y subiendo. El coste de medio del litro de gasolina se ha situado esta semana en España en 1,437 euros, el importe más caro desde mediados de julio de 2014. En el caso del gasoil, el litro se paga de media a 1,291 euros, lo que supone un 0,9% más que la semana anterior y el nivel más alto desde mediados de octubre de 2014. Los combustibles suman cuatro semanas al alza en las que la gasolina se ha encarecido un 1,6% y el gasoil lo ha hecho un 2,5%. Los bolsillos ya notan los efectos con la vuelta a la normalidad y a los centros de trabajo. Hay que llenar el depósito y el litro de gasolina es un 23,6% más costoso y el de gasoil ha subido un 25,3% en solo un año. ¿Y los sueldos? La patronal CEOE asegura que la subida salarial que se ha pactado en la negociación colectiva es del 1,5%. Eso supone una quinta parte de los convenios que se han firmado, el 21%. En algunos casos, la subida roza el 2%, pero en otros la negociación se cierra con los salarios congelados. Sin embargo, la inflación no da tregua.

Septiembre se ha cerrado con la mayor escalada de los precios en 13 años, tras siete meses de subidas consecutivas que se han intensificado durante el verano. El «rally» inflacionista comienza a traer de cabeza al Gobierno, que ve trastocadas todas sus previsiones, una detrás de otra. El alza del 4% en el Índice de Precios de Consumo (IPC) complica la recuperación de toda la economía, desde la industria hasta el turismo, y tensiona los gastos del Estado, empezando por las pensiones, vinculadas al IPC, y las negociaciones salariales, tanto del sector privado como, sobre todo, del público. Las exportaciones se resienten y las importaciones más aún, pues el alza es generalizada en las principales economías.

El principal factor que ha disparado la inflación es la escalada de los precios de la electricidad. Ese 4% de alza interanual en septiembre, siete décimas más que en agosto y la tasa más alta desde 2008, está vinculado a los costes de las materias primas, como el petróleo y el gas natural, que rondan los 80 dólares el barril en el primer caso y los 90 euros el megavatio hora, el segundo. Todo ello ha catapultado hasta cotas nunca alcanzadas el precio de la electricidad. Septiembre concluyó con una media de 156 euros por MWh después de situarse por encima de 150 euros casi una veintena de días. Se trata de una subida interanual del 271%, ya que en septiembre de 2020 el precio medio rondó los 42 euros, casi cuatro veces menos que el pasado mes. Así, la factura media de la luz de 2021 hasta el mes de septiembre es de 635 euros, 138 euros más que el pasado año. La OCU denuncia que la inflación hace imposible que el Gobierno cumpla el compromiso de que el recibo medio a final de año no supere el importe de 2018. Para eso, la factura de los tres meses restantes debería encoger a un precio inferior a los 50 euros. Poco probable.

Y es que octubre apunta hacia una media de 180 euros MWh que se comerá buena parte de las medidas aprobadas por el Gobierno, con el sector eléctrico en contra, demandas europeas y una mayor dependencia de las importaciones eléctricas de Francia por los parones de renovables, hidráulicas y nucleares nacionales, por efecto de las mismas medidas.

¿Es atribuible toda la escalada de precios a la energía? No toda, pero sí la mayor parte. Sin tener en cuenta el subidón energético que el Ejecutivo no logrará atajar, la inflación subyacente –que además excluye de la canasta los alimentos no elaborados por ser que más fluctúan– se situó en el 1% en septiembre, tres puntos por debajo del IPC general, lo que supone la mayor diferencia entre ambas tasas desde el inicio de la serie en 1986.

Ante esta situación, la Fundación de Cajas de Ahorros (Funcas) calcula que la inflación ha supuesto ya una pérdida de poder adquisitivo de más de 8.000 millones de euros para las familias españolas, debido a la menor capacidad de compra tanto de la renta disponible (7.500 millones) como del ahorro embalsado (600 millones). Los equilibrios para llegar a fin de mes se generalizan ya entre los sueldos medios.

Para los economistas hay opiniones diversas. Desde los que ven transitoria esta sacudida de los precios por efectos de la recuperación hasta los que vaticinan una escalada de varios trimestres, ya que alargan las tensiones energéticas y comerciales hasta finales del próximo 2022. Resulta complejo prever si estamos a las puertas de otra crisis energética como las de 1973 y 1980, pero hay datos sobrecogedores. Entre 1973 y 1974, el precio del petróleo se cuadruplicó hasta llegar casi a los 12 dólares por barril, equivalentes a unos 65 dólares de hoy. En la segunda crisis del petróleo de los 80, el precio del barril alcanzó los 39 dólares, cerca de 150 dólares actuales teniendo en cuenta la inflación. Entonces, el mundo dependía del crudo. Hoy también.

Hoy, los tres combustibles fósiles –petróleo, gas y carbón– suministran más del 81% de la demanda total mundial de energía. Cuatro décadas atrás, el porcentaje era de casi el 87%. El informe Key World Energy Statistics 2021 de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) señala que mientras en 1973 el petróleo suponía el 48,5% del consumo de energía final, en 2019 el crudo apenas menguó en ocho puntos su primacía, hasta el 40,4%. La introducción de las renovables ha logrado que, sobre el consumo final de energía del planeta, la electricidad haya pasado del 9,5% de 1973 al 19,7% de 2019. Sin embargo, la producción eléctrica padece también de una fuerte dependencia de los hidrocarburos, en concreto del gas natural, como está demostrando la actual escalada. De hecho, el consumo de gas natural ha pasado de representar el 14% en 1973 al 16,4% de 2019.

Pero la energía no es el único factor que tensiona los precios. La crisis de distribución comercial está pasando factura. La demanda de fletes sigue siendo muy alta y al no haber suficientes contenedores el precio de moverlos se ha disparado hasta niveles inauditos. Enviar un contenedor de 40 pies –el grande, que permite transportar hasta 25 pilas de palés europeos– desde Shanghái hasta Europa costaba menos de 1.000 dólares antes de la pandemia. Ahora, ronda entre los 13.600 hacia Génova o los 14.500 dólares a Rotterdam. Catorce veces más, según el índice Drewry.

Todo esto provoca un cuello de botella en los suministros, desde los semiconductores a los tornillos, y un aumento de precios en los productos industriales y tecnológicos. El Índice de Precios de Exportación de los productos industriales registró un aumento del 10,9% en agosto, su mayor repunte interanual desde 2006, según el INE. Los precios de importación subieron también un 14% en comparación con agosto de 2020, el alza también más alta desde 2006. Suministros y energía, un torpedo en la línea de flotación de la recuperación y de los Presupuestos que negocia Sánchez, cuyas previsiones de crecimiento menguan por momentos.