EEUU: encrucijada para el mundo

«Trump se beneficia de un ticket demócrata gris y carente de un proyecto consistente»

Estados Unidos afronta mañana unas elecciones presidenciales marcadas por la polarización de la sociedad, el impacto de la pandemia y las incertidumbres de un horizonte al pairo de la incidencia del virus sobre la salud y la economía de los norteamericanos y sus empresas. Cuatro años después de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca contra los pronósticos del establishment, de la prensa, de las encuestas y de buena parte de las cancillerías del mundo, la incógnita no es sólo si logrará un segundo mandato, sino la incidencia en el concierto internacional del dilema que sustanciarán los votantes. De cómo colisionarán o no las placas tectónicas de la geoestrategia en función de quién ocupe la Casa Blanca los próximos años. El terremoto Trump fue de una magnitud extraordinaria y, como prometió, removió consensos y agitó convenciones políticas, económicas, comerciales, sociales e incluso culturales que se daban por intocables. Con su «América primero», involucionó las alianzas y los antagonismos siempre con los intereses de su nación como guía. Si era una evidencia que el mandato pisaba fuerte sostenido por un vigor económico espectacular hasta lograr prácticamente el pleno empleo, el embate del contagio ha distorsionado los anclajes electorales. El virus se llevó por delante buena parte de lo logrado y ayudó a germinar un clima en el que arreciaron las tensiones raciales y la controversia sobre los derechos civiles. Hoy, las encuestas vaticinan una holgada victoria (51 vs 43%) de un Joe Biden que se impondría incluso en los denominados «battleground states», estados pendulares o bisagras, aquellos en los que se juega buena parte de la victoria. Toca preguntarse si los norteamericanos tienen hoy más o menos razones para respaldar el gobierno de Trump, y más allá de estereotipos, caricaturas grotescas aventadas por los poderosos intereses contrarios al presidente que sacuden emociones y pervierten las desgracias y la torpe comunicación del magnate, cuesta hallar argumentos de peso real que no puedan ser rebatidos. Si cabe, eso es verdad, su deficiente gestión de la pandemia restará respaldos que podrían haber sido suyos en otro tiempo y que podrían inclinar la balanza. Del mismo modo que es incuestionable su éxito económico, con un tercer trimestre en el que Estados Unidos ha recuperado casi todo lo perdido en la primera mitad del año, que ha sido el primer presidente que no ha bombardeo un país extranjero ni ha declarado una guerra desde los años 80, que ha superado un impeachment, que conecta con la identidad y los valores tradicionales de los norteamericanos y que ha progresado hacia la paz en Oriente Medio. Enfrente, un ticket demócrata vulnerable con Biden y Kamala Harris –a la que no quisieron ni los suyos como candidata– de consistencia escasa, que sobrevive a sus carencias gracias a una atmósfera política con el viento de cola.