Elecciones generales

El independentismo pierde fuelle

Los partidos soberanistas suman ahora el 31,07% de los votos y experimentan un gran retroceso respecto a las elecciones catalanas del 27-S, cuando totalizaron el 47,8%. CDC pierde la hegemonía dentro del mundo nacionalista en favor de ERC

Evolución del voto nacionalista en el Congreso
Evolución del voto nacionalista en el Congresolarazon

Los partidos soberanistas suman ahora el 31,07% de los votos y experimentan un gran retroceso respecto a las elecciones catalanas del 27-S, cuando totalizaron el 47,8%. CDC pierde la hegemonía dentro del mundo nacionalista en favor de ERC

Contrariamente al propósito y los intereses independentistas, las elecciones generales han supuesto un frenazo para el proceso soberanista, que ante los resultados de ayer deberá revisar su estrategia. Hace apenas tres meses, cuando se celebraron las elecciones autonómicas en Cataluña del 27 de septiembre, el voto independentista representaba el 47,8 por ciento del total. Ayer, sus apoyos experimentaron un severo retroceso, ya que Democràcia i Llibertat (CDC) y ERC no lograron alcanzar el 32 por ciento del voto al cierre de esta edición.

Como consecuencia, estas últimas elecciones no sólo han arrebatado al soberanismo la posibilidad de contar con uno de sus partidos como primera fuerza política en Cataluña, un privilegio que ahora ostenta En Comú Podemos, sino que, además, han sufrido una espectacular caída de la coalición convergente Democràcia i Llibertat para reequilibrar las lucha de fuerzas independentistas.

Tras los comicios, la suma de diputados de los dos partidos soberanistas catalanes se mantiene estable respecto a las últimas elecciones generales en 2011, cuando los republicanos lograron tres escaños y los convergentes, que por entonces se presentaban como una CiU moderada, obtuvieron 16. Sin embargo, los resultados de ayer ponen en evidencia que el partido de Artur Mas ha perdido adeptos tras su giro independentista y que, por consiguiente, ha caído significativamente su número de votantes Y es que Democràcia i Llibertat suma ahora nueve escaños, los mismos que su aliado independentista. Dicho en otras palabras, CDC ha perdido la hegemonía en Cataluña que obtuvo en las generales de 2011 y se ha visto rebasada por Esquerra y por Podemos.

Las perspectivas de Democracia y Llibertat de cara a estas generales no eran ya demasiado halagüeñas, ya que su huida hacia adelante no podía proseguir. La decisión de ERC de rechazar un nuevo artefacto electoral como el de Junts pel Sí ya fue un duro revés para Democràcia i Llibertat (la marca de Convergència para estas elecciones). Los convergentes se sabían más débiles por separado y así ha sido.

A esto hay que añadir el escenario en Cataluña, poco favorable para CDC. La imposibilidad de investir –por el momento– a Artur Mas como presidente de la Generalitat antes de la elecciones debido a la negativa de la CUP ha hecho mella, y eso a pesar de que la formación anticapitalista ha optado por no presentarse a estas elecciones generales. Su postura, de hecho, consistió en llamar a la abstención, aunque su consigna no ha logrado ningún efecto.

El panorama ha cambiado significativamente desde las elecciones autonómicas del 27 de septiembre, momento en el que Convergència materializó su giro independentista al presentarse bajo la coalición Junts pel Sí y el voto soberanista se convirtió por primera vez en el gran protagonista en Cataluña, en detrimento de la opción nacionalista moderada sólo encarnada por Unió.

Los resultados de la consulta del 9 de noviembre de 2014 ya hacían presagiar este viraje del nacionalismo moderado en Cataluña en favor del independentismo, cuando el recuento de los 2.305.290 votos –que suponían una participación del 33 por ciento– otorgaban a la opción del «Sí-Sí» (Sí quiere que Cataluña sea un Estado; Sí quiere que éste sea un Estado independiente) un total de 1.897.274 votos.

Las autonómicas del pasado mes de septiembre confirmaron que el soberanismo mantenía esos respaldos intactos, ya que entre Junts pel Sí –la coalición formada por CDC y ERC– y la CUP sumaron 1.966.508 votos para acumular así un 47,8 por ciento del total. La coalición liderada entonces por Raül Romeva se convirtió en la primera fuerza con 1.628.714 votos (39,59 por ciento), mientras que el partido de Antonio Baños logró 337.794 votos (8,21por ciento).

Pero los resultados de las generales de ayer confirmaron los peores presagios de los independentistas, que afrontaban los comicios con el temor de que estos fueran un gran varapalo para el proceso. Y es que entre Democràcia i Llibertat y ERC no logran ni siquiera acercarse a los 1.966.508 votos que las fuerzas independentistas sumaron en las elecciones autonómicas de septiembre. Ayer la suma de sus votos superó el millón, pero se quedó a cientos de miles.

Es decir, que tres meses después de que el independentismo político lograra sumar en Cataluña el 47,8 por ciento de los votos, la opción soberanista suma ahora tan sólo el 31,87 por ciento, un porcentaje que además oculta una equiparación de las fuerzas independentistas. Y es que ERC alcanza ahora al partido convergente en cuanto a porcentaje de voto para situarse con un 15,98 por ciento por el 15,09 por ciento de Mas.

Para hallar una explicación a este retroceso de los apoyos a opciones independentistas hay que referirse al denominado «voto dual», un fenómeno que siempre ha estado presente en Cataluña y que no ha desaparecido. Consiste en que una bolsa muy importante de los electores en Cataluña opta por opciones nacionalistas (ahora soberanistas) en las elecciones catalanas y por partidos de ámbito estatal en las generales. El proceso soberanista no ha conseguido poner fin a este fenómeno.