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Así es Alberto Núñez Feijóo, candidato del PP para las elecciones generales del 23J

Llegó al PP hace poco más de un año y ha logrado cohesionar el partido, dotarlo de confianza y llega al 23J como principal candidato a ganar las elecciones generales

23J.- Feijóo cierra campaña poniendo por "testigo" su labor en Galicia para ser un "presidente de fiar" de toda España
23J.- Feijóo cierra campaña poniendo por "testigo" su labor en Galicia para ser un "presidente de fiar" de toda EspañaEuropa Press

Alberto Núñez Feijóo, candidato del PP a las elecciones generales del 23J se lo jugaba todo a una carta: ser presidente del Gobierno. La victoria la tenía prácticamente asegurada, pero el gran reto era lograr el apoyo suficiente para garantizar la gobernabilidad. Su intención es gobernar en solitario porque podría conseguir más de 150 escaños, lo que le daría una gran autoridad para exigírselo a Vox y ser libre de "chantajes".

El líder de los populares llegaba a la dirección del partido hace poco más de un año y ha logrado acabar con las distensiones internas. El PP es hoy un partido unido después de haber pasado su crisis existencial más grave desde su refundación. En este tiempo ha logrado cerrar las heridas internas y que hayan ensanchado a derecha y a izquierda.

El partido que se encontró Feijóo estaba abierto en canal. La tensión se palpaba en el ambiente y la falta de confianza había agrandado las distancias entre Génova y las organizaciones territoriales. Todo eso ya queda lejos, los problemas orgánicos han sido superados, los territorios tienen autonomía y sienten la confianza de la dirección nacional. Los congresos regionales han vuelto a ser una balsa y se han celebrado con sin grandes alaracas pero con mucho consenso.

Otro de los incendios era el de Madrid, donde Isabel Díaz Ayuso había irrumpido con fuerza y amenazaba la estabilidad del partido. En estos meses, Feijóo ha logrado recuperar la normalidad, se han repartido los papeles y han mantenido una imagen de unidad que se ha prolongado hasta el día de los elecciones. De hecho, la victoria de Ayuso y su distanciamiento de Vox en las autonómicas del pasado mes de mayo ha supuesto un fuerte empujón para Feijóo hacia La Moncloa.

Otra de las revoluciones tranquilas llevadas a cabo por Feijóo ha sido la absorción de Ciudadanos y la entrada del voto más moderado de la izquierda, que es lo que más daño podía hacer al PSOE en sus intereses electorales. Internamente, el partido la estabilidad ha devuelto la confianza. Hasta los ex presidentes José María Aznar y Mariano Rajoy han vuelto a aparecer en algún acto juntos, algo que hasta hace poco era impensable.

En el partido destacan como principal valor de Feijóo el «perfil presidencial», o dicho de otra manera, que bajo su liderazgo el PP ha vuelto a ser visto como un partido en condiciones de ganar elecciones y, ante todo, de alcanzar La Moncloa. Pero también creen que ha cumplido con el principal reto al que se enfrentaba cuando llegó: conseguir mantener su perfil presidenciable hasta el final.

Feijóo había sentado las bases para estar en condiciones de llegar a La Moncloa y llegó a la campaña electoral con fuerza, con las encuestas de su lado. A pesar de Sánchez ha planteado una campaña electoral muy personalista y apostando por recuperar el voto a base de saturar a los electores con sus comparecencias en los medios de comunicación y de atemorizar al electorado con el peligro de la "derecha extrema y la extrema derecha", El líder de los Populares ha sabido medir sus comparecencias. En el debate parecía que se habían intercambiado los papeles. Sánchez, en plan opositor, salió a morder a un Núñez Feijóo que supo mantener la compostura y no perder el foco.

En ese debate, Pedro Sánchez se mató a sí mismo y después ha tratado de lavar su imagen. Moncloa había anticipado un tono más sosegado del presidente del Gobierno, pero el candidato socialista boicoteó el debate con un tono agresivo, nervioso, interrumpiendo continuamente a su contrincante, acelerado, y siempre con el eslogan de que "PP y Vox son lo mismo". Sánchez llegó a sacar el 11-M para tapar sus "rectificaciones" en esta Legislatura y se defendió haciendo oposición a la Xunta de Galicia y al Gobierno de Rajoy. Y con insinuaciones de sobresueldos y el nombre de Bárcenas, pero sin contestar a ninguna de las preguntas que le planteó Alberto Núñez Feijóo.

Feijóo arrancó con un tono solvente, contundente en las formas y en el contenido. Fue un debate bronco, atropellado, en el que el candidato socialista intentó utilizar a Vox para doblegar a Feijóo, pero fue Bildu lo que acabó noqueando al presidente del Gobierno.

A pesar de ello, el líder de los populares siguió con su hoja de ruta, con un sólo objetivo: Lograr la mayoría absoluta. El número uno del Partido Popular se ha pasado el grueso de la campaña pidiendo la concentración del voto y recordando que solo con la mayoría absoluta podrá formar un gobierno libre, en solitario, sin necesidad de realizar pactos que entorpezcan la puesta en marcha de las propuestas incluidas en su programa electoral. Así, el político gallego podría gestionar el “gobierno del cambio” sin necesidad de ceder a ninguna exigencia de la ultraderecha, que no parece que quiera conformarse con desempeñar un papel secundario en el Gobierno.

En el mejor de los escenarios, Feijóo conseguiría los 176 escaños y la mayoría absoluta. En el peor, la mayoría simple y que la suma con Vox no le dé para poder desarrollar su programa y hacer olvidar al sanchismo. Los ciudadanos deciden, el cambio debe comenzar por ellos.