Del narcosubmarino a los narcobuzos

Una organización de albaneses, afincada en Barcelona, utilizaba los cascos de las naves para traer la droga , que era recuperada por antiguos buceadores militares

Después del narcosubmarino, los narcobuzos. Los delincuentes creen haber encontrado en las operaciones subacuáticas la vía para traer la cocaína a España, pero se han topado con la Policía Nacional. En este caso, según han informado a LA RAZÓN fuentes de la investigación, se trata de una organización de albaneses, afincada en Barcelona, que ya había realizado varios transportes a Europa.

Agentes de este cuerpo, entre ellos algunos pertenecientes a los GEOs, han detenido en la localidad asturiana de Avilés a cuatro personas, tres peruanos y un albanés, que introducían y distribuían grandes cantidades de cocaína en Europa a través de embarcaciones de gran calado, sobre todo los de la compañía MSC dedicada al transporte de contenedores, sin que los propietarios tuvieran conocimiento de ello. Utilizaban un complejo sistema consistente en utilizar los respiraderos que tienen en el casco las embarcaciones que zarpan desde Sudamérica para ocultar el estupefaciente y posteriormente recuperarlo a su llegada a Europa.

LA RAZÓN ya informó que estaban en marcha una serie de operaciones de narcotráfico cuando se decretaron las medidas contra el coronavirus, que hacen muy difíciles los movimientos, y que algunos envíos se encontraban en alta mar camino de Europa.

El relato de los hechos y la detención de los narcobuzos es la siguiente, según información facilitada por la Policía Nacional:

La investigación comenzó a raíz de una alerta realizada sobre unos buzos profesionales que trabajaban al servicio de una organización de narcotraficantes colombiana. Estos individuos son, en su mayoría, antiguos militares a los que se les acaba ssu tiempo de permanencia en las Fuerzas Armadas y son fácilmente captables por los narcos.

Los submarinistas se dedicaban a la introducción y posterior retirada de la sustancia estupefaciente en embarcaciones de gran tonelaje. Para ello, utilizaban los respiraderos situados en el casco de las embarcaciones de gran calado que zarpaban desde Sudamérica con destino en Europa.

Para llevar a cabo todo el proceso, esperaban que los buques estuvieran atracados en los puertos de origen y, desde una distancia prudente, se introducían en el agua con la sustancia estupefaciente y llegaban buceando hasta el barco. Una vez allí, y sin salir del agua, abrían uno de los huecos que tienen estos buques en la parte inferior del casco. De esta manera, impedían que los controles rutinarios pudieran detectar la presencia de la sustancia estupefaciente. Posteriormente, se alejaban del barco buceando y, al llegar a una distancia segura para ellos, salían a tierra. En todo ese proceso, evitaban emerger a la superficie para no ser detectados.

Una vez que la embarcación zarpaba hacia su destino, esas mismas personas se trasladaban a Europa, en este caso a España, y hacían la misma operación a la inversa.

Con este método eran capaces de introducir grandes cantidades de sustancia estupefaciente, que siempre oscilaban en torno a los 100 o los 200 kilogramos, dependiendo de la organización y de la embarcación en cuestión.

En el caso de España, el destino del barco era Avilés y la Policía Nacional, con su unidad de élite, los GEOs, estaba preparada para abortar la operación.

Primero, los narcobuzos, dirigidos por un tal Luis Enrique, estudiaron a diario el puerto para no fallar en su actuación La investigación logró detectar una embarcación que había zarpado en la ciudad de Callao, en Perú, y que se dirigía al municipio asturiano de Avilés con una importante cantidad de sustancia estupefaciente camuflada en su casco.

Los buzos profesionales que iban a sacar la droga del barco fueron controlados por la Policía Nacional desde su llegada a España.

Durante su estancia en Avilés, iban todos los días hasta el puerto para estudiar la zona y determinar cuál era el mejor punto para llevar a cabo su actuación. Siempre adoptaban medidas extremas de seguridad en sus desplazamientos, lo que dificultaba en gran medida la realización de los seguimientos por parte de la Policía Nacional.

Una vez que el barco mercante hubo atracado en Avilés, la organización criminal se activó para recuperar el estupefaciente.

Al llegar la noche, salieron de su domicilio en coche y, a baja velocidad, se dirigieron hasta un aparcamiento de la zona del puerto, donde tres de ellos se bajaron para esconderse entre los matorrales de la playa con la intención de no ser detectados.

El conductor volvió a la vivienda y, durante el trayecto, cambió de vehículo como medida de seguridad. Fueron observados en todo momento, desde que abandonaron la vivienda.

Un equipo del GEO especializado en actuaciones acuáticas interceptó in franganti a los dos narcosubmarinistas cuando recuperaban la droga oculta.

Mientras, el dispositivo policial establecido en tierra detuvo al individuo que se había quedado esperando en el exterior. Además, los agentes detuvieron al cuarto investigado, que trató de darse a la fuga embistiendo un vehículo camuflado de la Policía Nacional. Conducía un potente turismo, un A-8 y, aunque, en un principio, logró eludir el cerco fue capturado en la autopista en una “operación jaula”.

Es la primera operación policial de este tipo realizada en España. La intervención se ha llevado a cabo de forma conjunta con la Dirección Nacional de Inteligencia del Servicio Nacional Aeronaval de Panamá, la agencia Drug Enforcement Administration, de Estados Unidos, y la División de Inteligencia de la Dirección Antidrogas de la Policía Nacional de Perú.

Los cuatro detenidos fueron puestos a disposición judicial y todos ellos ingresaron en prisión. Entre los efectos que se les ha intervenido destacan 72 kilogramos de cocaína, 2.200 euros, 2.300 dólares, documentación, dos vehículos de alta gama y diez teléfonos.