La batalla Illa-Ayuso agita la moción de censura en Madrid

El choque de Sanidad y la Comunidad de Madrid por las restricciones agrava la crisis

La suerte de la salud de los madrileños, y en sí de todos los españoles por los efectos expansivos de lo que ocurre en la capital, está a que salga cara o cruz. A que tenga razón el Gobierno regional, con sus nuevas restricciones de mínimos para frenar la expansión del virus o a que la tenga el Ministerio de Sanidad, que defiende el cierre total de la comunidad.

El desencuentro entre la máxima autoridad sanitaria del país, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, y el Gobierno que preside Isabel Díaz Ayuso superó ayer todas las líneas rojas imaginables. Esta vez el choque fue por el desacuerdo, hecho público de manera ostentosa, sobre las medidas sanitarias que hay que aplicar en la comunidad para contener la pandemia. Salvador Illa ha cuidado desde marzo su perfil institucional, y así lo reconocen «barones» del PP, que te confiesan fuera de cámara que les ha ayudado con discreción en alguna que otra gestión. Pero ayer el ministro rompió con esa norma de discreción y por sorpresa, sin avisar ni siquiera a la otra parte, compareció a la vez que el viceconsejero de Sanidad de Madrid, Antonio Zapatero, para enmendarle en directo como máxima autoridad sanitaria y hacer de manera implícita responsable al Gobierno regional de lo que ocurra a partir de ahora en la comunidad por no atender las recomendaciones del Ministerio.

Sanidad viene advirtiendo desde el pasado viernes de que las medidas son insuficientes para evitar que nos arrolle de nuevo el coronavirus. Pero ayer el Gobierno regional optó por la vía más suave de los distintos escenarios barajados y limitó las nuevas restricciones a ocho áreas sanitarias más, que se añaden a las 37 ya implementadas.

El Gobierno regional alega que atiende el criterio de sus técnicos, y que hay un «trato discriminatorio» por parte del Gobierno de la Nación «por interés político» y para «estrangularnos económicamente».

En medio de este ruido, desde el punto de vista sanitario se ha perdido una semana desde que el lunes se escenificó la «tregua de las banderas» con una reunión del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con la presidenta madrileña, en la sede del Ejecutivo regional.

El encuentro abrió paso al trabajo técnico de los grupos que se anunciaron para coordinar las actuaciones conjuntas. Mas el resultado ha sido nulo, pese a que desde el fin de semana pasado en los niveles técnicos del Gobierno regional se advertía de la necesidad urgente de apoyo policial, del Ejército, para rastrear los contagios, y de médicos. Defensa anunció que sus medios estaban a disposición de Madrid y también la delegación del Gobierno confirmó más de 200 efectivos para ponerlos en la calle esta semana, si bien el choque institucional resta alcance a todos estos gestos de colaboración.

Y si los resultados sanitarios son más que preocupantes, en el ámbito político el balance también genera desasosiego en el PP. Los móviles de sus dirigentes ardieron ayer en cuanto corrió la noticia de la emisión de los mensajes cruzados entre Sanidad y el Gobierno de Ayuso.

Por acierto del contrario, y ahí señalan, como siempre, a la «mano» del Gabinete del presidente del Gobierno, o por errores propios, los populares creen que el Gobierno regional queda en una situación «muy difícil» porque el Gobierno de Sánchez podrá decir a partir de ahora «ya te lo dije» y «la responsabilidad de cada una de las víctimas es vuestra». Las próximas semanas serán determinantes y pueden provocar que cambie tanto el tablero político que se justifique la intervención de Madrid, de la que se habla informalmente, e incluso que se avance en la consolidación de la moción de censura contra el Gobierno regional.

La política de partido ha sido tan determinantes en la mala gestión de la pandemia en España como la carencia de rastreadores, el desconocimiento real del mapa de los contagios o la descoordinación para establecer unos indicadores homogéneos y claros en todo el territorio.