El chivo expiatorio

Hace un siglo se produjo la epidemia impropiamente conocida como la «gripe española» que, superpuesta con la Primera Guerra Mundial, provocó decenas de millones de muertos, más incluso que la guerra. Lo que resulta sorprendente es que, aunque hace un siglo los porcentajes per cápita de contagios y muertes fueron incomparablemente superiores a los actuales, la respuesta básica fue parecida a la de ahora, con mordazas y confinamientos, lo que no se corresponde con el desarrollo científico conseguido en un siglo. En primavera se podía invocar la sorpresa y el desconocimiento del virus, pero ahora de nuevo nuestras ratios sanitarias y económicas son de las peores del mundo.

Es lógico que estas reflexiones nos provoquen incertidumbres y preguntas para las que deberíamos tener respuesta clara, especialmente tomando en consideración los muy mejores datos de países de nuestro entorno de la UE. El precio que estamos pagando los españoles en términos de limitación o suspensión de derechos básicos y de coste económico y social, es enorme. Íbamos a #salir más fuertes y unidos, pero asistimos a un espectáculo patético, con Sánchez en Bruselas diciendo que no hagamos política con el coronavirus –«nuestro único y común enemigo»–, mientras su estrategia aquí es convertir a Ayuso en el chivo expiatorio culpable de lo que sucede, haciendo una utilización partidista y política de la pandemia sin aplicar criterios técnicos ni solventes ni objetivos. Con Simón en globo aerostático, Illa en precampaña catalana, y un comité de expertos inexistente, quizá no podemos esperar otra cosa.