Las “dramáticas consecuencias” para la Armada si no adquiere el caza F-35

Sigue siendo la única opción para sustituir a los “Harrier”. El ex jefe de la Flotilla de Aeronaves avisa de que, sin ala fija embarcada, España perdería capacidades de disuasión, de defensa aérea y podría verse superada por potenciales adversarios

Si no se busca una pronta solución, las Fuerzas Armadas españolas perderán una de sus capacidades clave con la que, a día de hoy, sólo cuentan un puñado de países: el ala fija embarcada. Se trata de los aviones que operan desde los buques portaaeronaves y que resultan esenciales para un sinfín de operaciones militares. Pero que también son un símbolo de superioridad. En la actualidad, y desde 1976, nuestro país dispone de cazas de combate embarcados: los “Harrier” de la Armada, a los que apenas les queda una década de vida útil operativa. El debate sobre su futuro y su sustituto no es nuevo y en los últimos meses han vuelto a resonar las voces militares expertas que dejan claro que el único relevo posible es el F-35B (versión de despegue corto y aterrizaje vertical) de Lockheed Martin. O eso o el “Juan Carlos I” pasará de portaaeronaves a mero poertahelicópteros. Y al mismo tiempo, avisan de las “consecuencias dramáticas” de prescindir de esta capacidad.

Entre esas voces está la del Jefe de Estado Mayor de la Armada (Ajema), almirante general Teodoro Esteban López Calderón, quien en una reciente entrevista en la Revista Española de Defensa dejaba claro que “el F-35B es la única aeronave de ala fija capaz de operar desde el LHD Juan Carlos I”. No es la primera vez ni será la última que hace este aviso, pero el tiempo avanza y la presión aumenta. Ya en enero de 2018 lo dejó claro: «Si Defensa quiere contar con esta capacidad, la tendrá. Y si no, pues no la tendrá».

Y a este aviso se suma el del que hasta junio fue comandante de la Flotilla de Aeronaves de la Armada (Comfloan), capitán de Navío Luis Díaz-Bedia Astor, quien en el último número de la Revista General de Marina vaticina un oscuro futuro con “consecuencias dramáticas” si no se renueva ese ala fija embarcada. En 20 páginas, bajo el título “La aviación de ala fija embarcada, elemento esencial de nuestra Armada”, resume los pros de contar con cazas embarcados en un portaaviones, pero sobre todo, deja claro cuáles son los contras de no disponer de ellos.

Así, enumera una decena de consecuencias negativas si España perdiese esta capacidad. Por ejemplo, “desaparecería la capacidad de disuasión e influencia que nos proporciona un grupo de combate con aviación de ala fija” o “se reduciría enormemente nuestra capacidad de control del mar y de protección de las líneas marítimas de comunicación”. Además, las fuerzas navales españolas “no contarían con cobertura aérea propia, salvo cuando operasen cerca del territorio nacional y pudiese proporcionársela el Ejército del Aire” y “nunca podríamos liderar una operación multinacional que requiera la actuación de un grupo de combate” .

Pero no se queda ahí y va más allá al centrarse en posibles casos concretos, como una posible “operación de evacuación de no combatientes”, la cual sería “muy difícil, si no imposible”, de efectuar sin el “imprescindible apoyo aéreo en la zona de operaciones”, dependiendo en ese caso de otras fuerzas aliadas con dicha capacidad. O, en caso de conflicto, se “reducirían las capacidades de defensa aérea de la fuerza naval y de ataque a fuerzas navales oponentes”: “No nos podríamos arriesgar a realizar operaciones anfibias sin aviones que garanticen la defensa aérea y que proporcionen apoyo aéreo cercano a las fuerzas de desembarco”.

Y continúa: “Nos quedaríamos tecnológicamente por detrás de un buen número de naciones aliadas”, “aumentaría el riesgo de que potenciales adversarios lleguen a alcanzar o a sobrepasar nuestras capacidades” o “se limitaría drásticamente nuestra capacidad de acción independiente y España perdería relevancia en el seno de las organizaciones multinacionales”. Por último, destaca la “pérdida de confianza” que supondría tener un buque portaaeronaves para embarcar ese ala fija (el "Juan Carlos I está diseñado para operar con el F-35B) y carecer de cazas.

No es la primera vez que el ex jefe de la Flotilla de Aeronaves se refiere al F-35 como el único relevo posible a los “Harrier” y hace exactamente tres años, en la misma publicación, apuntaba que este caza “garantizaría una adecuada capacidad de proyección”, “incrementaría la interoperabilidad con los Estados Unidos” o permitiría “estrechar relaciones” con Reino Unido o Italia, que cuentan con dichos cazas.

Su último artículo lo cierra apuntando que la incorporación del F-35B “no solo posibilitaría mantener la necesaria capacidad de proyección, sino incrementar la eficacia en todo tipo de misiones, dadas sus innovadoras características y su superioridad sobre la mayoría de los aviones de combate actuales”, haciendo hincapié en otro dato importantes que antes era un problema para las Fuerzas Armadas: su precio “ha descendido de forma significativa durante los últimos años”.

“El futuro ya está aquí, no nos podemos permitir dejarlo pasar”, sentencia.