Sánchez sacrifica la España federal para frenar a Casado y Yolanda Díaz

Este paso atrás del PSOE, que parece cerrar la puerta a una reforma constitucional, puede tener consecuencias a medio plazo entre sus socios independentistas

Varios cocineros preparan una paella gigante para los participantes en la segunda jornada del 40º Congreso Federal del PSOE
Varios cocineros preparan una paella gigante para los participantes en la segunda jornada del 40º Congreso Federal del PSOEBiel AliñoEFE

El mejor antídoto contra la adversidad es refugiarse en la tribu apuntalando los valores de pertenencia arropados por la ideología. La adversidad al socialismo español se concreta en dos frentes de primer orden: el PP y el ascenso fulgurante, y amenazante, de Yolanda Díaz, sin olvidar el ahora adormecido y latente frente catalán, que puede saltar a la palestra en cualquier momento. Sánchez cerró el 10 de julio una remodelación de Gobierno y ahora cierra en el 40 Congreso Federal una profunda remodelación de la Ejecutiva Federal con más presencia femenina, más municipalista y más ecologista. No diremos nada de España Federal porque el PSOE ha puesto sordina en este debate. Habla de Europa Federal pero del debate esperado ni una palabra. Quizá para no incomodar a los barones socialistas que tienen alergia a una reforma constitucional.

Desde el primer día, el antídoto se empezó a administrar a los delegados cuadrando los mensajes: unidad y fraternidad bajo la égida del grito de guerra «ha vuelto el PSOE». Nunca un congreso socialista fue tan tranquilo, monótono. Un poco incoloro, insípido e inodoro. Parece que ante el temporal que se avecina, con fecha fija en 2023 en generales, autonómicas y municipales, y con fecha inducida en Andalucía y quién sabe si también en Valencia y Castilla y León, los socialistas han replegado fuerzas bajo la vara de mando de Sánchez. Desde González hasta Zapatero, con algún reproche del primero, desde Cataluña a Extremadura, desde los derrotados en 2012 hasta los que perdieron en 2014 y 2016. Ha vuelto sí el PSOE, el PSOE de siempre, aquel que lo perdió todo desde 2011. El cerrado aplauso a Almunia, Zapatero y González representa este espíritu de tribu que cierra filas porque el camino está repleto de curvas.

El PP se consolida. La desaparición de Cs le da un gran impulso y sitúa a Casado en buena posición de salida. De entrada, los populares pueden recuperar posiciones en muchas provincias y arrebatar una veintena de diputados al PSOE porque se convertiría en primera fuerza porque los naranjas desaparecen, aunque no conviene relegar al ostracismo a la España Vaciada. El PP no ha ganado nada todavía y los dos años venideros no son un camino de rosas. Por un lado, porque tiene parte del enemigo en casa, en el Madrid de Díaz Ayuso, y sus aliados huyen de Casado porque sus aliados, Vox, son como la purga Benito para los posibles socios de la España periférica. Ni vascos, ni catalanes, ni aragoneses, ni canarios, ni cántabros... tienen intención de pactar con un PP anclado en posiciones de extrema derecha y arrimado a Vox.

Las andaluzas, el as en la manga de Casado

La realidad la marcan las encuestas. Todas son positivas. Además, Casado y García Egea tienen un as en la manga: las elecciones andaluzas. Una victoria en Andalucía pondría en jaque al Gobierno. Juan Espadas no lo tiene fácil porque con Cs en fuera de juego y con un PSOE andaluz renqueante y malherido, la victoria de Bonilla parece consolidada. Los sondeos demoscópicos no son buenos en números absolutos para el PSOE porque el PP tiene músculo, aunque justo es decirlo este PSOE no está como el de Zapatero en 2011, y porque aparece una nueva figura que incomoda y ha desatado todas las alarmas en Ferraz y en Moncloa: Yolanda Díaz.

Lo apuntó Iván Redondo el pasado miércoles en Espejo Público. Díaz gana en los menores de 40 años y este colectivo se está alejando de la política, de la política bipartidista. Incluso Redondo apuntó a un nuevo 15-M en puertas. Cuentan que ya avisó a Sánchez de esta situación hace unos meses. Obtuvo la callada por respuesta. Habló Redondo el miércoles y en solo 48 horas, el CIS lo apuntó. Díaz es vista como una alternativa, quizá por eso Redondo la situó en la terna de la presidencia de España. La primera mujer que puede serlo.

Redondo ya no está en primera línea. Sánchez afronta la nueva situación sin el que lo hizo presidente por tres veces, en una moción de censura y en dos elecciones generales. Vive en su particular etapa Post-Redondo rodeado del viejo y nuevo PSOE, refugiándose en la tribu. La incógnita es si será suficiente hacer piña con la tribu para evitar que Yolanda Díaz, bien valorada en todas las encuestas y preferida por los más jóvenes, por los alejados de la política, le coma la tostada al PSOE y lo deje a la altura del Partido Socialista de Madrid de Ángel Gabilondo que vivió el sorpasso de Más Madrid.

Casado y Díaz acechan, pero no hay que olvidar al independentismo. El debate ausente ha sido la España Federal. Ni una palabra y un solo gesto: el nombramiento de Guillermo Fernández Vara como nuevo secretario de Política Autonómica y Adriana Lastra hablando de unir España. De momento, los presupuestos están salvados porque hay recursos y Aragonés no los rechazará, pero a medio plazo este paso atrás del PSOE puede tener consecuencias porque parece que Sánchez ha cerrado el paso a la reforma constitucional que evite que crezca el sentimiento independentista. El Congreso Federal ha cerrado filas porque hay mucho en juego. No solo las generales. Veremos si el antídoto del 40 Congreso funciona.