La relación con Rabat se enquista pese al giro sobre el Sáhara

Aunque ha habido avances desde que Sánchez apoyó por carta el plan de Marruecos hace cinco meses, aún quedan asuntos delicados por desbloquear

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez (i), se reúne con el rey Mohamed VI de Marruecos (d), en un encuentro que pretende simbolizar el cierre definitivo de la crisis diplomática
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez (i), se reúne con el rey Mohamed VI de Marruecos (d), en un encuentro que pretende simbolizar el cierre definitivo de la crisis diplomática FOTO: MARISCAL EFE

Cinco meses se cumplen hoy desde que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, enviara al rey Mohamed VI la carta que permitía superar el largo desencuentro diplomático mantenido entre Marruecos y España. En la misiva, hecha pública cuatro días más tarde por el monarca alauita a través de la agencia estatal de noticias marroquí, Sánchez calificaba la propuesta marroquí de autonomía para el como «la base más seria, realista y creíble» para la resolución del conflicto del Sáhara Occidental. Marruecos se daba por satisfecho y el Ejecutivo desbloqueaba una situación cada vez más problemática para los intereses españoles, sobre todo por la falta de cooperación en materia migratoria.

Desde entonces, las relaciones hispano-marroquíes han entrado en una nueva normalidad que arroja un balance aún modesto, lejos de las ambiciosas metas anunciadas por ambas administraciones semanas atrás, aunque positivo. Tras largos meses de turbulencias, la mejor de las noticias es, precisamente, el hecho de que las relaciones y la cooperación se han restablecido en todos los niveles. Rabat es consciente de la precariedad de la situación de Pedro Sánchez y el posible relevo en La Moncloa, y confía en que un eventual Gobierno presidido por Alberto Núñez Feijóo –el líder del PP se reunió a finales de mayo en Rotterdam con el primer ministro marroquí Aziz Akhannouch y prometió viajar a Rabat antes de final de año– mantenga una posición respecto al conflicto saharaui favorable a los intereses marroquíes.

Dos semanas y media después del envío de la misiva al rey de Marruecos –que no compartió nunca con la opinión pública española–, Pedro Sánchez viajaba el pasado 7 de abril a Rabat para firmar con el propio Mohamed VI un acuerdo que quedó plasmado en el documento «Nueva etapa del partenariado entre España y Marruecos». Una optimista hoja de ruta que anticipaba, dentro de un espíritu de «confianza» y «concertación», el comienzo de las negociaciones para la delimitación de los espacios marítimos en la fachada atlántica y la «normalización de la circulación de personas y mercancías». Además de instar a la «reactivación» de la cooperación económica, migratoria o cultural entre las dos partes, el documento fijaba la celebración de la XII Reunión de Alto Nivel hispano-marroquí, suspendida por decisión marroquí en diciembre de 2020, antes de final del año en curso.

Entre los logros concretos de estos cinco meses de «nueva etapa» han de constar la reapertura de fronteras de Ceuta y Melilla –que permanecieron más de dos años y dos meses cerradas–, la celebración de la Operación Paso del Estrecho –también suspendida dos veranos, y aún en curso– y, sobre todo, la cooperación en materia migratoria y de seguridad.

Esta colaboración se ha traducido en la reducción de la presión migratoria desde Marruecos, tanto en las fronteras de Ceuta y Melilla como en la ruta canaria. No obstante, las cifras son superiores a las del año pasado.

Aún por resolver quedan dos asuntos –poco se ha avanzado en sendos frentes– forzosamente delicados: la delimitación de la mediana y las aguas territoriales entre las islas Canarias y Marruecos y la instalación de las aduanas comerciales de Ceuta y Melilla. Además, el Gobierno de Sánchez no ha adoptado aún una decisión en torno a la integración plena de las dos ciudades autónomas en Schengen –a día de hoy lo cierto es que solo pueden acceder a suelo español ciudadanos de la UE, con permiso para circular en el espacio o transfronterizos con la documentación en vigor– y la Unión Aduanera.

Muertes en la valla

El episodio más negro de este período ocurrió el pasado 24 de junio, cuando la intervención de las fuerzas de seguridad marroquíes para impedir el asalto a la frontera de Melilla –protagonizado por 1.500 personas– acabó con la vida de 23 jóvenes subsaharianos, según el balance oficial de Rabat (las organizaciones no gubernamentales de un lado y otro de la frontera lo elevan hasta 37 fallecidos). Mes y medio después, no hay aún una investigación oficial con vistas a esclarecer lo sucedido.

Sin duda, la consecuencia más negativa del acuerdo con Marruecos ha sido el desencuentro con Argelia. Sólo horas después de hacerse pública la carta de Sánchez, Argel retiraba a su embajador en Madrid, Said Moussi (hoy embajador en Francia). El pasado 8 de junio, el régimen argelino anunciaba la suspensión –hasta hoy– del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación, suscrito con España en 2002.

Una represalia que se traduce a día de hoy en la reducción de las relaciones bilaterales en ámbitos como el migratorio o el de la inteligencia a niveles mínimos o casi irrelevantes, la subida de precios del gas y hasta en la posibilidad de que el régimen argelino pueda cerrar el grifo del gas a España en los próximos meses. Además, desde comienzos de año se han incrementado un 45% las llegadas de migrantes en patera desde la costa argelina a las islas Baleares, cumpliéndose los peores pronósticos.

Simultáneamente a la suspensión del citado Tratado, Argel –aunque no a través del Gobierno, sino de una orden de la Asociación Profesional de Bancos y Establecimientos Financieros argelina a sus clientes– decretaba el boicot comercial a España. La propia entidad privada argelina levantó la medida a finales del pasado 29 de julio, después de menos de dos meses en vigor, aunque el Gobierno argelino –que responsabiliza directamente a Pedro Sánchez de todo lo ocurrido– dejó claro horas después que el Tratado de Amistad sigue suspendido.

El último encuentro al más alto nivel desde el restablecimiento de relaciones se produjo el pasado miércoles, cuando delegaciones de España y Marruecos presididas respectivamente por el director de la Policía Nacional, Francisco Pardo Piqueras, y por el director general de Seguridad Nacional y Vigilancia del Territorio Nacional, Abdellatif Hamouchi, se reunieron en Rabat. Una cita en que los representantes de los dos países hablaron de lucha antiterrorista, narcotráfico, inmigración y cooperación fronteriza. Con la preparación de la XII RAN en el horizonte, el otoño será prolijo en encuentros bilaterales.

Cinco meses, en fin, después de la carta que despejó el camino del restablecimiento de relaciones bilaterales, es mucho aún lo que ambas administraciones pueden lograr conjuntamente si preside entre ambas un clima de transparencia y lealtad. Resta por ver si, carente de una estrategia global para el Magreb y frágil en su propia composición y apoyos, el Gobierno de Pedro Sánchez será capaz de aprovechar el nuevo escenario abierto con Marruecos para defender y promocionar los intereses generales de España al otro lado del Estrecho.