España

Barcelona: Ni olvido, ni perdón ni sentido común

Conocía la metamorfosis del territorio, pero lo que vi ayer confirma hasta qué punto vive Cataluña en el delirio

Conocía la metamorfosis del territorio, pero lo que vi ayer confirma hasta qué punto vive Cataluña en el delirio.

Publicidad

Kafka en el Paralelo Geografía mental de una ciudad arruinada. Con una Barcelona de lazos amarillos, engalanada de ensoñaciones golpistas, otra más amurallada en su indignado desprecio, pero también acogotada, y otra más, ruidosa, omnipresente, de turistas con cara de no entender nada. Conocía la metamorfosis del territorio desde mis últimas visitas, pero lo que vi ayer confirma hasta qué punto vive en el delirio. Están las fachadas, con los carteles que hablan de presos políticos. Como si la Cataluña de 2018 fuera la Sudáfrica del apartheid y Artur Mas poco menos que Gandhi en la India. Por la mañana en el Paralelo, un buen amigo, escritor, periodista, gallego en Barcelona, me cuenta que el 2 de octubre de 2017 una vecina entró en el ascensor y sin mediar palabra escupió, “¿Tu qué, de Galicia como Rajoy, no?”. No supo qué contestarle. Sucede a menudo. Cuesta sobreponerse a la agresividad, la mala educación, la superioridad moral y la chulesca convicción de estar en posesión de la sacrosanta verdad que exhiben los independentistas.

Pero quizá nada resume mejor la naturaleza kafkiana del procés -hay que reconocer la perspicacia del nombre- que el lema de la pancarta de la manifestación que recorría Barcelona.

La autodeterminación es un derecho humano. Nada menos. A partir de aquí huelga decir que cualquier cosa es posible. Incluso las más improbables. Como que un señor que dice de sí mismo que es filósofo proteste estos en la prensa nacional porque lo tienen muy apartado desde que se le ocurrió decir que los arquitectos del golpe habían engañado a la gente. Dijeron que Cataluña sería una república independiente, una Dinamarca meridional, y al año del referéndum todo sigue igual. Tanto que parece harto probable que un año más el Barcelona tenga que aplaudir

la enésima champions del Madrid. “1-O. Ni olvido, ni perdón!”, rezaba una pintada en la calle. “1-O. Ni olvido, ni perdón!” abundaba un tuit de la CUP para luego añadir que “Hoy volvemos a salir a las calles para defender los derechos ganados entre todos y todas!”. Cómo perdonar, cómo, que el Estado respondiera a un evidente vulneración de las resoluciones judiciales. Lo democrático, lo progresista, lo fetén, es cortocircuitar el AVE, tomar al asalto la delegación del gobierno, insultar a los policías y cortar la AP7. Normal que José Luis Ábalos, ministro de Fomento, culpara a PP y Ciudadanos de echar gasolina al fuego y añadir provocación a la provocación. Como todo el mundo sabe son ellos, PP y Ciudadanos, los que aprobaron las leyes de transitoriedad, amordazaron a la oposición, cerraron el parlamento regional, liquidaron el Estatuto de Autonomía y proclamaron la república interruptus para inmediatamente después huir de la justicia en la enésima burla al Tribunal Supremo y la Constitución.

Publicidad

En un comunicado tan demencial como todos los suyos, la CUP sostenía que “la lucha social es el camino para materializar la .victoria popular”. Lástima que “Un año después, sin embargo, esta victoria se ha visto frustrada desde las propias instituciones que la tenían que materializar”. Saliendo de la plaza Urquinaona miles de manifestantes caminaban hacia el parlamento de Cataluña. Allí serían bendecidos por Quim Torra y Roger Torrent. Horas antes, de mañana, la gente había escuchado el discurso incendiario de un Torra impecable en su papel de autócrata. Mientras los

Publicidad

Comités de Defensa de la Revolusión cortaban las vías del AVE en Gerona el presidente de su comunidad aplaudía las acciones vandálicas. Delante de las fotos de unos prófugos de la justicia, acusados de los delitos de rebelión y malversación de fondos, Torra celebraba lo que en cualquier país menos enfermo te supondría una demanda por sabotaje, y a tu presidente otra más por presunta apología de terrorismo. A todo esto, en una parada de autobús en Las Ramblas un anciano le afeó a un joven que llevara una maleta pintada con los colores de la bandera separatista. estuvieron a punto pegarse ante el pasotismo de un gentío que por lo visto tenía cosas más importantes que hacer antes que evitar que el chaval le partiera la crisma al viejo. Cerca de allí, en una conocida librería del Raval cercana al MACBA, las mesas de novedades presentan decenas de títulos dedicados a celebrar el Procés.

Monólogos cómicos de Puigdemont desde Bélgica, imprescindibles reflexiones de Anna Gabriel entre las nieves de Zurich y una miríada de títulos consagrados a enjabonar el intento de golpe de Estado. La única excepción a la cháchara independentista y su bajísima calidad intelectual la constituye el magnífico libro de Daniel Gascón sobre el golpe posmoderno y las lecciones que se desprenden. El resto, basura. Ni que decir tiene que a los libreros les parece perfectamente normal purgar todos los ensayos críticos. La Cataluña de las sonrisas también era esto.