El Gobierno y la Generalitat negocian la gestión del «día a día»

El delegado en Cataluña admite «contactos discretos» con el Govern y Moncloa lo enmarca dentro de las reuniones entre ministros y consejeros para temas concretos.

El delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo, durante su entrevista hoy en TV3
El delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo, durante su entrevista hoy en TV3

El delegado en Cataluña admite «contactos discretos» con el Govern y Moncloa lo enmarca dentro de las reuniones entre ministros y consejeros para temas concretos.

Ministros, secretarios de Estado y secretarios generales de varios ministerios mantienen reuniones a su nivel tanto con la Generalitat como con distintos ayuntamientos, no sólo el de Barcelona. En la agenda de esta negociación abierta «en todos los frentes», según fuentes del Gobierno central, entran cuestiones «de la gestión del día a día». Quieren trasladar a los catalanes la idea de que el Gobierno está por la labor de hablar y de resolver los problemas que les afectan, pero de fondo también está el objetivo por parte del Gabinete de Rajoy de potenciar los puentes institucionales pese al enconamiento de la dirección de la Generalitat en la exigencia del referéndum. Mientras los líderes independentistas fuerzan el pulso en público, el Gobierno ha apostado por extender la «operación diálogo» a todas las Administraciones catalanas, además de a la sociedad civil. Las conversaciones afectan a la financiación, a la Dependencia, al Plan de Cercanías, al Corredor Mediterráneo y a Cultura, por citar sólo algunos ejemplos.

Así, la ministra de Sanidad, Dolors Monserrat, se ha reunido recientemente con la consejera de Asuntos Sociales de la Generalitat, Dolors Bassa, y el Gobierno confía en que participe en la negociación abierta sobre la financiación de la Dependencia. El secretario de Estado de Cultura también ha estado en Barcelona para mantener contactos sobre su área. Y hay disposición de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, para entrevistarse con la vicepresidenta del Gobierno, aunque es posible que antes se vea con el secretario de Estado de Administraciones Territoriales, Roberto Bermúdez de Castro.

Además del despliegue de altos cargos del Ejecutivo, el delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo, tiene una intensa agenda propia institucional, política y económica. Habla con el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y ya se ha reunido, por ejemplo, con los alcaldes de las cuatro capitales catalanas. Mañana visitará Hospitalet. El ministro de Justicia, Rafael Catalá, participó la semana pasada en la clausura del acto de celebración de la festividad de Sant Raimon de Penyafort, patrón de los abogados, y también tuvo un aparte con Puigdemont en un despacho.

Justo hoy la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, vuelve a Barcelona, y al margen de su agenda oficial tiene previsto un almuerzo privado con una veintena de empresarios, dentro de esta hoja de ruta con la que desde el Ejecutivo central están extendiendo la «operación diálogo» a otros sectores de la sociedad catalana, además de a distintos resortes de la Generalitat. El próximo domingo, la vicepresidenta y ministra para las Administraciones Territoriales regresará a Cataluña para acompañar al Rey Felipe VI en su visita al Barcelona Mobile Congress. Con ellos estará el ministro de Energía, Álvaro Nadal.

La estrategia de la Generalitat sobreactúa para poner el acento en la imagen del bloqueo y de la ruptura total con el Ejecutivo central. Ayer reaccionaron de inmediato ante unas declaraciones de Millo en la televisión pública catalana en las que admitía que se están manteniendo encuentros y conversaciones constantes «a todos los niveles», aunque no se hagan públicas. «Las conversaciones, los encuentros, se producen, y a veces son públicos, pero no siempre. De hecho, para que las cosas se puedan hablar con la serenidad que requieren, hacerlas públicas lo dificulta», explicó el delegado del Gobierno. La consejera de Presidencia, Neus Munté, sostuvo que la Generalitat no ha recibido del Gobierno central «ninguna oferta de diálogo ni ninguna propuesta de sentarse y hablar como personas civilizadas como en un estado democrático tiene que ser». Y fuentes de la Generalitat también negaron que se hayan celebrado reuniones entre consejeros de la Generalitat y el Gobierno que no se hayan hecho públicas, por lo que entienden que Millo se refiere a reuniones entre el Ejecutivo central y otros interlocutores, como grupos empresariales.

Moncloa no quiere entrar en el cuerpo a cuerpo con la Generalitat. Insiste en que el diálogo está abierto, y en que se mantendrá abierto. Y en que esos contactos existen. Al último movimiento del ex presidente de la Generalitat Artur Mas, que planteó la posibilidad de una tercera vía a la independencia, que ayer corrigió, el Gobierno central no le da mucho más valor que el de ser «una jugada más» para alimentar el victimismo y reforzarse ante su posible inhabilitación, dentro del proceso judicial que investiga su presunta desobediencia al mandato del Tribunal Constitucional (TC) en la consulta del 9-N. El análisis del Gobierno enfoca la diana hacia las tensiones internas en el bloque independentista y «a la crisis y los nervios en Convergéncia porque saben que si van a unas nuevas elecciones pueden confirmar su ruina política». «Tanto Convergéncia como Esquerra tienen poco margen de maniobra para reconducir su apuesta por el referéndum por la frustración que generarían en todos sus satélites, pero, al mismo tiempo, saben que no van a poder celebrarlo y que si persisten por ese camino se van a ver abocados a ir a unas elecciones, además de afrontar las consecuencias jurídicas y políticas de romper la cuerda», prevén las fuentes consultadas. En un escenario tan difícil, y en el que hay abierta una doble batalla por ganarse a la opinión pública, Moncloa no quiere que la reunión de Rajoy con Puigdemont sea utilizada para «precipitarlo todo» con el argumento de que Madrid les ha cerrado la puerta al referéndum. Ahora bien, al mismo tiempo están preparados para esa entrevista y «para negociar de todo» si la Generalitat explicita que de verdad quiere abrir un diálogo para buscar fórmulas de entendimiento que no incluyan el referéndum ilegal.