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Un sistema utilizado en los atentados de París

Tiempo de lectura 2 min.

13 de octubre de 2018. 01:36h

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J.M.Zuloaga Madrid. 13/10/2018

Mandar terroristas a Europa, con el fin de que cometan atentados, no es una novedad para el Estado Islámico.

Ocurrió en las acciones criminales perpetradas en París en noviembre de 2015, que costaron la vida a más de 130 personas. La mayoría de los terroristas del Estado Islámico habían llegado a través de la ruta de Grecia con documentaciones falsas.

Las Fuerzas de Seguridad de Austria detuvieron, meses después, a dos individuos, en cuyo poder se encontraron números de teléfono austríacos, griegos, italianos, ingleses, franceses, alemanes, belgas, turcos y españoles. Se comprobó entonces que los arrestados iban a haber participado en los citados atentados de París.

Adel Haddadi y Muhamad Husman, que así se llaman, y otros dos yihadistas, se habían reunido, dos meses antes de las acciones criminales de la capital francesa, en la ciudad siria de Raqqa, con el entonces responsable de las «acciones en el exterior» del Estado Islámico, Abu Ahmad, que les dio dinero, así como los números de teléfono, entre los que se encuentra el de un contacto en Europa. Antes, se hicieron las fotos para falsificar los pasaportes.

Este mismo número fue hallado entre la ropa de uno de los yihadistas que se suicidaron junto al estadio de fútbol de París (era uno de los que había participado en la citada reunión de Raqqa). El citado número de teléfono apareció también, en enero de 2015, cuando la Policía belga desmanteló una célula yihadista en la localidad de Viviers.

Después de la reunión con Ahmad en Raqqa, los cuatro se dirigieron a la frontera con Turquía. Tras comprar cuatro chalecos salvavidas y cuatro bolsas impermeables para los documentos, se pusieron en contacto con los traficantes encargados de llevarles, junto con otras decenas de personas, por mar a Grecia. Con el dinero que les había entregado Abu Ahmad, pagaron los 1.100 dólares que valía cada «pasaje». Escondidos junto a la costa, esperaron para acceder a dos barcos. La travesía no duró dos horas, ya que fueron interceptados por buques de la Marina griega. Pero no todo les iba a salir bien, ya que los aduaneros helenos descubrieron, a su llegada a la isla de Leros, que los pasaportes de Adel Haddadi y Muhammad Usman eran falsos. El sistema, según las fuentes consultadas por LA RAZÓN, fue tan sencillo como preguntarles el nombre de sus padres o detalles de la localidad donde, según los documentos, habían nacido. No tenían ni idea, no se lo habían preparado (en el manual de actuación yihadista recientemente publicado por este periódico dan consignas para evitar estos fallos).

Los otros dos terroristas, los que se suicidaron junto al estadio de fútbol, pudieron sortear los controles y llegar a París.

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