“Querer modificar la historia mediante leyes es una nueva Inquisición”

El autor de Memorias de un tambor, podcast de Historia de España, con miles de seguidores es un auténtico “influencer” de la historia, un hecho tan insólito como esperanzador.

José Carlos Gracia no es historiador pero, como muchas personas, sí es un apasionado de la historia. Un hecho que le llevó un buen día a narrarla de manera pública a través de podcast cuya media es de 110.000 descargas “únicas” por audio. El más escuchado supera 250.000. Charlamos con él sobre la Historia de España.

-En primer lugar, felicidades, tiene usted todo un batallón de seguidores y no es influencer ni sale en la tele: cuenta la historia y, además, de manera amena y llena de datos. No sé a usted pero a mí esto me llena de esperanza…

En efecto, el primer sorprendido soy yo. Imagino que tendrá que ver, con la con sencillez con la que elaboro los temas. Por otro lado, quizás, mi forma de narrar, muy personal, es lo que valoran los que escuchan los audios.

-El otro día conté en un artículo que una alumna de bachiller preguntó a su profesor que qué significaba segoviana. La alumna en cuestión no supo identificar Segovia en el mapa. ¿Qué piensa?

Siempre he pensado que el problema de base está en las aulas y en el entorno familiar. Se ha dejado de incentivar lo que siempre se ha conocido como “cultura general”. Los datos que no tienen una utilidad inmediata son despreciados. ¿Se puede vivir sin saber dónde está Segovia? Evidentemente sí, pero la persona cada vez es más simple. Por otro lado, la Historia sin la Geografía no tiene sentido.

-¿Por qué es importante que sepamos historia?

Fundamentalmente como medio de conocerse a sí mismo. Analizar lo que generaciones pasadas experimentaron, nos ayuda a comprender lo que nos sucede y asimilar nuestras sensaciones dentro de la experiencia humana, muy por encima del tiempo en que vivimos.

-Saber historia no es repetir números, datos, sino relacionar entre sí los hechos y ¿compararlos con los actuales? Para qué más diría que sirve la historia.

Además del autoconocimiento, nos aporta riqueza. Nos invitará a leer, a interpretar, a admirar un monumento, a pasear por un pueblo y evocar lo que allí pudo suceder. Y, por supuesto, para tener un criterio propio ante las tergiversaciones que nos puedan llegar sobre hechos pasados.

-Este año 2020 se celebra la consagración de la colegiata de Roncesvalles mandada construir por Sancho VII el Fuerte con motivo de la victoria de las Navas de Tolosa en 1212. ¿A usted le parece normal o le sorprende que no se haga nada desde el Gobierno público de Navarra para conmemorar algo tan importante? Por ejemplo, ¿Por qué casi nadie sabe qué sucedió en la Batalla de Roncesvalles?

Por enlazar temas, a una persona que no sabe dónde está Segovia, poco le importa dónde está Roncesvalles ni lo que allí sucedió. Por otro lado parece que si se conmemora un hecho histórico como este, estamos recordando una historia “rancia”.

Las conmemoraciones son información, como lo es cualquier monumento. Ignorar una efeméride o derribar una estatua, es destruir conocimiento. En el fondo es un atentado contra las generaciones venideras y el sentido común.

-El otro día escuché su podcast (que lo grabó antes de la pandemia del COVID-19) sobre la peste negra. Curiosos parecidos en muchos aspectos, ¿le parece?

Un audio que, sin querer, ha adquirido una gran vigencia. Si analizamos los hechos las respuestas humanas son las mismas. Hoy tenemos mucha más información científica, pero la sensación de lo efímero que puede ser todo, y cómo hemos asumido nuestra debilidad, nos iguala a aquellas gentes. Como decía antes, la Historia nos introduce en el proceso humano.

-Cuando desde sectores llamados progresistas se ataca mucho a la iglesia, lo cierto es que esta tuvo su máximo poder en la alta Edad Media, justo con el nacimiento y expansión de los monasterios. Posteriormente, en la baja Edad Media, este poder eclesial pierde mucho terreno a favor de las monarquías pero esto se cuenta poco. Aunque sea indudable su protagonismo, no fue tal. Por ejemplo, la Inquisición no mataba, lo hacían los reyes. Es más, el Tribunal era una suerte de garantía en una época donde los derechos humanos ni siquiera existían.

Trasladar aquellos hechos a nuestros días no tiene ningún sentido. En la Edad Media española, sumergida en ocho siglos de Reconquista, la espiritualidad y la religión eran el verdadero “flotador” de las personas.

Podemos admitir que la Inquisición era un medio para forzar y vigilar un pensamiento único, pero que tuvo un desarrollo mucho más extremo en otros países.

Manejar los hechos históricos, interpretarlos a conveniencia, o querer modificar la historia mediante leyes es, en el fondo, una nueva Inquisición.

-Vayamos con las leyendas negras. Se acusa, cada día de la Hispanidad, de la crueldad de los españoles en la conquista de América. Sin embargo si uno reflexiona se dará cuenta de que no ha habido colonización ni invasión en toda la historia sin violencia. Esta formaba parte de la vida. Como siempre, no podemos mirar la historia con los ojos actuales.

La Leyenda Negra, asumida por nosotros mismos, es el punto de partida de complejos absurdos. Sinceramente, no creo que la Hispanidad sea mejor ni peor que el Imperio Británico, por ejemplo. Objetivamente, es imposible realizar esa comparación. No se trata de una competición, sino de analizar y conocer los hechos. Creo firmemente que todo esto se combate con conocimiento y formación. Y en esta tarea es fundamental lo que yo llamo “ponerse las gafas de la época”, para analizar los hechos desde las circunstancias de cada momento histórico, y no con los criterios del siglo XXI.

-Deberíamos tener orgullo de nuestro pasado histórico?

Difícil pregunta. Personalmente, disfruto con las gestas y hazañas de nuestros antepasados, y me sonrojo con los enormes errores cometidos, vistos desde la distancia temporal. En definitiva, volvemos al concepto anterior, deberíamos acercarnos a la Historia como individuos y no como grupo.

En cuanto al papel de la Hispanidad en la historia mundial, no hay ninguna duda de su trascendencia a todos los niveles. El avance de la humanidad de la mano de España, desde el siglo XV hasta el siglo XVIII es imborrable y ponerlo en duda es absurdo.

-Edad Media: urge explicarla mejor. La mayoría de las personas ven en ella una etapa oscura, yo, sin embargo y me temo que usted también, veo una explosión de arte, cultura, pensamiento, nacen los monasterios, las ciudades, las burguesía...

Efectivamente, así se ve la Edad Media. Además, no se puede interpretar de forma global, ni dar una calificación, a un proceso que dura diez siglos. Para mí, es un proceso largo, complejo, con sus altos y bajos, pero un proceso necesario en el que se produce una evolución. Esto es lo importante, se evoluciona en todos los campos. La lentitud de esa evolución es lógica, no podemos compararla con los tiempos actuales. Hoy, cada diez años se produce una innovación que cambia nuestros hábitos. En la Edad Media estas innovaciones se producían cada cien años. Esto es lo que debemos entender.

-La historia moderna también es apasionante, se consolidan las fronteras, empiezan a nacer las naciones como las conocemos ahora...

Realmente las naciones que hoy conocemos nacen de tiempos de la Ilustración que es cuando empiezan a diluirse los poderes y las figuras de los monarcas para dar paso a las nuevas sociedades y al concepto de nación. Se pasa, claramente, de servir a tu monarca, a servir a tu país. Un cambio esencial para comprender e interpretar la historia reciente.

No hay duda de que la historia reciente nos afecta directamente y, por lo tanto, deberíamos conocerla mejor, no ya por afición, sino por responsabilidad.

-¿Y qué me dice de la historia contemporánea? Todo está pasando de manera vertiginosa. ¿Cree que el futuro revisará la historia y establecerá en la caída de las torres gemelas, por ejemplo, el nacimiento de una nueva era?

Esto tiene que ver con la pregunta sobre la Edad Media. Los procesos lentos se analizan concienzudamente, porque los hechos reseñables nos han llegado difusos y con escasa información. Actualmente los sucesos se multiplican porque el mundo está conectado y no requieren apenas investigación.

La cantidad inmensa de documentos sonoros y de vídeo pasarán a futuras generaciones de forma natural. No tendrán que desentrañar legajos en un archivo. Nosotros hemos visto en directo la Guerra de Vietnam, lo que nos evita utilizar la imaginación para evocarla. Sin embargo, tenemos que utilizar la imaginación para ver a Núñez de Balboa descubriendo el Pacífico. En cualquier caso, intuyo que los grandes hechos contemporáneos serán estudiados, igualmente, en un futuro, en su contexto histórico.

¿Encuentra usted paralelismos sorprendentes entre el XX y el comienzo del XXI. La historia no se repite, se repiten los hombres. ¿Cómo el futuro? ¿Esta pandemia nos cambiará como nos cambió la peste negra?

Realmente, encuentro paralelismos entre un fenicio de antes de Cristo y yo mismo. En efecto, se repiten los hombres y su esencia. En cuanto a la pandemia, veo el hecho como una crisis más, aunque suponga una gran pérdida de vidas. Nos sobrepondremos y, en un par de años, volveremos a nuestra vida cotidiana. Europa, en el pasado siglo XX, sufrió dos guerras exterminadoras, y aquí estamos.

El futuro dependerá del “equilibrio” con mayúsculas. Equilibrios políticos, sociales, económicos y medioambientales, que deberíamos saber administrar, pues tenemos las herramientas.

Y este equilibrio pasa por un cambio en los liderazgos, a día de hoy, alarmantemente insuficientes. Y esto, solo lo podemos cambiar nosotros, con conocimiento y razón. Por eso este grano de arena con este podcast. Al contrario de tanto agorero, soy optimista respecto al futuro.