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Dime cómo te diviertes y te diré quién eres

La columna de Carla de la Lá

  • Andy Warhol
    Andy Warhol
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Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

06 de septiembre de 2018. 20:25h

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Carla de La Lá,  larazon.es.  Madrid. 8/9/2018

Mi madre dice que las vacaciones son para inmaduros, para aquellos cuya vida no les gusta ni les satisface e ingenuamente idealizan una estancia en la playa o en Tailandia como si en ese escenario se fuera a obrar el milagro y fuese a suceder ese algo maravilloso que les falta y que, por supuesto, nunca ocurre porque la vida, queridos míos, no funciona así.

El pastor de la Iglesia a la que pertenezco, Joel Maceiras, dice que “cuando llegan los momentos “pos” (pos-vacaciones; pos-carrera; pos-fiesta) nos venimos abajo porque normalmente les otorgamos un poder salvador que no merecen. Y que cuando se van, se hace evidente un vacío que siempre ha estado ahí”; dice “que todas las cosas que podamos poner en una lista de deseos son vacías. Fútiles. Y te llevan por decreto ley al sentimiento-pos. Porque sólo lo que es eterno puede dar satisfacción existencial eterna. Y solo cuando reconoces de una vez por todas que todas esas cosas en las que ponemos tantas expectativas son vacías, les quitas el poder de hundirte cuando se van.”

Todo esto guarda relación con el Eclesiastés, uno de mis libros favoritos de todos los tiempos: “Me dije entonces: «Vamos, pues, haré la prueba con los placeres y me daré la gran vida». [...]Me engrandecí en gran manera, más que todos los que me precedieron en Jerusalén; [...] No les negué a mis ojos ningún deseo, ni privé a mi corazón de placer alguno. Mi corazón disfrutó de todos mis afanes. [...] Consideré luego todas mis obras y el trabajo que me había costado realizarlas, y vi que todo era absurdo, un correr tras el viento”.

La verdadera existencia está hecha de miércoles y hay que recibirlos con satisfacción. Yo, como saben, no soy muy de las vacaciones, en cambio adoro la rutina, el trabajo y cómo no, la escolarización, también conocida como evacuación.

No saben queridos con qué alegría y deportividad, he dicho adiós a los trajes de baño, los pareos, las cremas solares, los mojitos y demás pasatiempos estivales..

Soy una mujer muy divertida y mi marido, amigos, ex-amigos, hijos, hijastros, ex-marido, empleados y mascotas pueden atestiguarlo. Pero resulta, queridos lectores, que me he divertido tanto, pero tanto tanto siempre, que la diversión no me impresiona nada en comparación con los discretos encantos del aburrimiento y la quietud y el misterio constante y sereno del aburrido: el Aburrido, ese ser místico y de alguna manera impenetrable.


Y es que la diversión posmoderna es un artificio groseramente producido por la industria internacional para lucrarse. La misma que produce antidepresivos después y los vende como lacasitos. La diversión y los divertidos están peligrosamente sobrevalorados en la aburrida sociedad en la que vivimos. Por eso, su acción y sus efectos se han mecanizado y empaquetado como sanjacobos y se producen, administran y consumen a granel, en todos los soportes imaginables: series, virales, monólogos, escapadas, talleres y motivos divertidos en la ropa interior...
Cada vez me parece más elegante, pero sobre todo cada vez me parece más excitante el aburrimiento ...


El Ulises de Joyce no es divertido... los mejores libros que he leído son aburridísimos ¡Compara la Sacra pasión de San Mateo de Bach, esa sublimación del orden, la estética y hasta del silencio con los alegres confesiones de Bustamante o ¡Malú vociferando sus intimidades con ese masoquismo tan pop!


Una de mis obras favoritas de todos los tiempos es el descendimiento de Van der Weyden, un aburrimiento, si lo comparas con el gamberro Duchamp o el indisciplinado de Warhol, ¿eh?


Pienso que los divertimentos deberían ser pautados con la misma prudencia que si fueran corticoides cuyo mal empleo produce obesidad, estrías, disforia y hasta depresión. En casos de abuso continuado el paciente experimenta irritación, intranquilidad, confusión, falta de concentración e insomnio y puede acabar completamente desorientado y en psicosis franca.


Saquen sus conclusiones amigos, pero la diversión mal entendida y el entretenimiento superficial desembocan rápidamente en una incapacidad absoluta para tolerar la buena vida, que identifican literalmente con el tedio, ansiosos, confusos, insomnes y gordos...


Imaginad una ensalada compuesta sólo por bonito, dados de queso, pasas y picatostes; un edificio formado sólo por ventanas, una semana compuesta sólo por sábados...Todas imágenes aborrecibles, experiencias indeseables, cansinas y arriesgadas.


Pero queridos, si aún dudáis de este sencillo concepto os recomiendo un crucero: una cápsula cerrada herméticamente en el tiempo y el espacio_en medio del océano_ donde es obligatorio, comer, beber y compartir cada segundo del día y de la noche con los demás, pero especialmente, donde es mandatorio, de forma compulsiva, impostada, espuria, descomedida, tosca, zafia y agresiva... “divertirse”.

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