Las mujeres son más propensas a padecer depresión y ansiedad

La perspectiva biológica, social y cultural entre las explicaciones

  • Las mujeres son más propensas a padecer depresión y ansiedad
Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

02 de abril de 2018. 12:35h

Comentada
Madrid. 3/4/2018

Según estudios epidemiológicos realizados en España, la prevalencia de trastornos psiquiátricos para las mujeres oscila en torno al 20 y el 34%, mientras que para los hombres se halla entre el 8 y el 21%. Se encuentra que algunos diagnósticos como la depresión o los trastornos de ansiedad son mucho más frecuentes en las mujeres, alcanzando valores de hasta el doble que para los hombres. Pero ¿qué hay detrás de estas diferencias? ¿qué nos hace a las mujeres más vulnerables a padecer depresión o ansiedad?

Berta Pinilla Santos, Psiquiatra y Psicoterapeuta de Grupo Doctor Oliveros, nos da las claves:

La necesidad de dar explicación a estos datos ha motivado en los últimos años a la realización de múltiples investigaciones en este campo. Las particularidades y el papel que desempeña el género en los trastornos mentales resulta hoy una cuestión evidente ya no sólo desde una perspectiva epidemiológica, sino también en lo referente al substrato neurobiológico, factores de riesgo implicados, pronóstico, evolución o incluso en cuanto a la respuesta terapéutica.

La perspectiva biológica

A todos nos suena aquello de que los hombres son de Marte y las mujeres de Venus como una forma de decir que nuestros cerebros son de otro planeta, pero ¿qué hay de cierto en eso? Se ha podido comprobar la existencia de diferencias desde las primeras semanas intraútero en relación a la exposición de hormonas sexuales, que influyen en la conformación de las estructuras cerebrales y las redes a nivel neuronal. El cerebro sí tiene sexo y así se han descrito variaciones en diferentes áreas cerebrales y neurotransmisores implicados en la conducta, la emoción, memoria o respuesta y resistencia al estrés que están ahí desde el nacimiento mismo. Más adelante, con la llegada de la pubertad y el nuevo embate hormonal, las diferencias se hacen más evidentes.

Se conoce la influencia a nivel psicológico de los cambios hormonales dentro del ciclo reproductivo de la mujer. Nos podemos sentir más irritables, cansadas, sufrir altibajos a nivel emocional como si de una montaña rusa se tratara, tener mayor tendencia al llanto o querer aislarnos del entorno, síntomas que en mayor o menor medida, hemos podido relacionar con días concretos de nuestro periodo. Así, la caída brusca de estrógenos en sangre experimentada previa a la menstruación, tras el parto y durante la menopausia, se relaciones con momentos de mayor vulnerabilidad para sufrir depresión, ansiedad y otros trastornos psiquiátricos importantes o incluso agravar patologías preexistentes en la mujer.

Las diferencias a nivel biológico entre sexos también tienen su influencia en la manera de responder a los tratamientos farmacológicos y en el perfil de efectos secundarios que producen. Será por lo tanto necesario que los profesionales de la salud mental tengan en cuenta estas diferencias para poder ofrecer un mejor enfoque y resultados terapéuticos.

Una visión social y cultural

El mundo, la sociedad en la que vivimos, el cómo nos relacionamos con todo aquello que nos rodea y las dificultades con las que nos podemos encontrar en el camino de la vida también nos influye. Es particularmente destacable en el caso de la mujer. La revolución feminista iniciada durante la segunda mitad del siglo XX ha hecho dar pasos importantes y necesarios en cuanto a nuestros derechos y concepción dentro de la sociedad, pero es un hecho que a nivel social y cultural todavía quedan muchas cuestiones en el tintero sobre todo con respecto al papel de la mujer en la vida laboral y familiar. Hablamos de los estereotipos de género, los mandatos sociales atribuidos a la mujer o lo que es lo mismo, aquello que se espera de la mujer por el hecho mismo de serlo. Llegan a nosotras en forma de mensajes recibidos en un nivel más o menos consciente, con nuestra educación o desde la sociedad (medios de comunicación, publicidad, etc.).

Nos atraviesan desde la infancia colándose de forma insidiosa en nuestro interior presentándonos una imagen ideal de cómo debemos actuar. Estos estereotipos en ocasiones pueden entrar en conflicto con nuestros anhelos o metas individuales provocando un verdadero choque o callejón sin salida en el que inevitablemente la depresión o la ansiedad pueden aparecer como único marcador del problema. A la mujer se le atribuye socialmente el papel de cuidadora ya sea de la familia, de unos padres ancianos o de personas enfermas, que en muchas ocasiones asume pasando por encima de sus propios deseos, necesidades o aspiraciones y que van a generar una sobrecarga que difícilmente se maneja sin pasar factura. Se ha comprobado que la incorporación de la mujer al mundo laboral le supone trabajar a la semana unas quince horas más que el hombre, ya que no reduce su implicación doméstica y familiar, lo que conlleva una sobrecarga de estrés y tener menos espacio para la satisfacción de sus necesidades personales.

Pensemos en una mujer que, convencida de querer apostar por su vida profesional deja a sus hijos en la escuela desde los primeros meses. En ocasiones escuchará comentarios y cuestionamientos acerca de su dedicación o responsabilidad como madre o con respecto a su capacidad para el desempeño laboral. Es probable además que haya recibido una educación basada en clichés sociales tradicionales en los que la mujer debía dedicarse a los hijos, la casa y la familia, por lo que parece evidente entonces el choque entre estos fantasmas de lo normativamente femenino y las decisiones presentes tomadas.

El estrés, la sensación de no abarcar, la frustración por no poder realizarse plenamente, los sentimientos de culpa, las dudas sobre las decisiones tomadas, pueden jugar un papel importante en el desarrollo de síntomas depresivos o ansiosos. Otra de esas “jugadas” generadas a través de estereotipos de género es hacer que la mujer conviva permanentemente con la imposición de tener que agradar o gustar a los otros mediante una imagen deseable; esto de que la mujer “tiene” que cuidar su aspecto. El bombardeo mediático es implacable pero ¿acaso se puede estar siempre perfecta? Esta visión tan exigente e imposible de satisfacer contrasta con la realidad pudiendo crear un fuerte impacto en nuestro autoconcepto. Nos encontramos con el peligro de caer en sentimientos de baja autoestima, culpa, vergüenza, o incluso en último término al aislamiento y abandono personal, preámbulo de la depresión. Quizá esta cuestión sea responsable de que trastornos como la anorexia y bulimia sean hasta seis veces más frecuentes en mujeres que en hombres.

Frecuentemente escuchamos que la mujer es más “emocional”, que es capaz de sentir y empatizar con el sufrimiento de los demás, que son mejores consejeras, que saben escuchar mejor, pero en ocasiones el asumir ese rol puede llegar a sobrecargar nuestro mundo emocional. La expresión de otras emociones sin embargo parece no estar socialmente permitida, como la rabia, el enfado, quedando atrapadas sin poder expresarse. Esta posición de la mujer como ser sensible, emocional y frágil la sitúa inevitablemente en un lugar de mayor vulnerabilidad y dependencia.

Psiquiatría con perspectiva de género

Atrás quedó aquella Psiquiatría clásica que influida por una sociedad patriarcal trataba como un desequilibrio mental a la mujer que se revelaba ante su condición de sometimiento o que manifestaba unos intereses considerados como “masculinos”. Hoy nos toca avanzar y mirar más allá. La mujer no sólo se mueve en un mundo biológico diferente al del hombre, con sus particularidades y características propias de su sexo, sino que también lo hace dentro de un mundo social y cultural determinado. Resulta necesario tener en cuenta el contexto pasado y presente de la mujer, viendo aquellos posibles factores que se pueden encontrar interactuando, articulándose en cada forma y vivencia personal de la depresión o de la ansiedad.

A lo largo de la vida, una mujer se puede encontrar con experiencias y situaciones propias que van más allá de factores estrictamente biológicos. Cuestiones relacionadas con la maternidad, el embarazo, procesos de reproducción asistida o la menopausia, serán exclusivas de la mujer. La exposición en mayor medida a situaciones de violencia o acoso tanto a nivel laboral como doméstico, desgraciadamente también lo son.

Hoy resulta necesario diseñar una psiquiatría moderna, sensible y con perspectiva de género que contemple todos estos aspectos tanto biológicos como de contexto para poder ofrecer un abordaje integral y eficaz para la mujer. Porque cada mujer tiene una historia propia que contar.

Últimas noticias

Red de Blogs

Otro blogs
Política USA by José María Peredo
Europas