La triste infancia del príncipe Carlos

Una nueva biografía sobre el duque de Edimburgo revela la fría relación de éste y de la Reina Isabel II con su hijo

«El príncipe revelado», el libro escrito por Ingrid Seward, experta en monarquía británica, que saldrá publicado el próximo mes de octubre, pone al descubierto la fría y distante relación que la Reina Isabel y el duque de Edimburgo tuvieron con el príncipe Carlos cuando era un niño. Según adelanta el «Daily Mail», ni siquiera el día de su nacimiento estuvo presente el príncipe Felipe al encontrarse «jugando al squash». Según explica Seward, autora de varios libros acerca de diversos miembros de los Windor, cuando finalmente vio al bebé lo primero que dijo fue que «parecía un pudin de ciruelas».

La infancia del príncipe de Gales se complicó desde muy pequeño, ya que con tan solo dos años pasó a ser el heredero de la corona, en 1952, cuando su madre se convirtió en Reina de Inglaterra, sin apenas preparación pero con la prioridad de servir a los británicos. Por su parte, el príncipe Felipe había sido asignado como oficial de la Marina en Malta durante dos años, por lo que la infancia del heredero estuvo marcada por la falta de afecto familiar. «Las únicas personas que le daban cariño eran sus niñeras», señala Seward quien en este sentido resulta contundente: «¿La única muestra de amor que aprendió de sus padres? Estrechar la mano».

El príncipe Carlos vivía las ausencias de su madre como «perturbadoras y confusas», según le contó a la autora Godfrey Talbot, corresponsal oficial de la corte en ese momento. Carlos describe a su madre, en estas páginas, como una mujer «indiferente y distante». El libro también deja entrever que esa infancia triste marcó la actitud posterior del heredero a quien siempre le ha resultado difícil expresar sus emociones, ya fuera a través de palabras o gestos. «Sus sentimientos parecían haber sido sofocados al nacer», recoge el libro que dijo una vez Diana de Gales. Con el paso de los años, Carlos se aseguró de que sus hijos no vivieran esa falta de gestos de afecto que él había padecido. Y muestra de ello fue que tras la muerte de Lady Di, el príncipe fue un apoyo importante para los dos hermanos. «Estuvo ahí para nosotros. Él fue el que se quedó. Trató de hacer todo lo posible y asegurarse de que estuviéramos protegidos », afirmó Harry en una entrevista. Otro de los asuntos que aborda el libro es la relación amor-odio del duque de Edimburgo con Diana. Cuando Lady Di llegó a la familia, la ayudó y arropó en casi todos los actos oficiales y cuando se separó de su hijo, mantuvieron una relación epistolar para intentar salvar el matrimonio. Sin embargo algo sucedió entre ambos para que meses antes de morir la princesa de Gales creyera que la odiaba tanto que quería que desapareciera.