Delphine Saxe- Cobourg, la nueva princesa proscrita

La hija extraconyugal de Alberto II de Bélgica no cuenta con el apoyo de su familia y se especula con que no tenga acceso a la herencia que le pertenece tras su reconocimiento legal.

Hay veces que un apellido o un título no sirven para recomponer las convulsas relaciones familiares. Delphine, la hija legítima de Alberto II, fruto de su relación extramarital con la baronesa Sélys- Longchamp, ya puede apellidarse Saxe- Cobourg y utilizar el título de princesa, tras el fallo de la justicia belga. Pero los vínculos con su ya familia oficial siguen siendo gélidos y, quizás por eso mismo, no pudo evitar las lágrimas en su comparecencia ante la prensa este pasado lunes durante la cuál agradeció a su marido el apoyo prestado tras más de siete años de cruda batalla judicial.

Esta escultora de 52 años sigue sin mantener ningún contacto ni con su padre, ya oficial, ni con sus hermanos, incluido el actual soberano, Felipe de Bélgica. Los hijos de Delphine, los ahora también príncipes Josephine y Oscar han intentado escribir varias veces a su abuelo, pero según el relato de la nueva princesa, sin ningún resultado. “No quiero que se lleven una decepción”, ha explicado Delphine, quien no parece querer alentar en sus hijos más movimientos de este tipo.

Pero la distancia con su familia no termina aquí. Todo parece indicar que la monarquía belga ha impuesto una especie de cordón sanitario. Delphine no tendrá ningún derecho sucesorio al provenir de una relación extraconyugal y tampoco contará con ninguna asignación ya que no llevará a cabo tareas representativas. Pero puede haber más sorpresas.

Según una reforma de la ley belga del año 2018, a los hijos les corresponde la mitad de la herencia. En este caso, la cantidad debería ser repartida entre los tres hijos legítimos del monarca nacidos de su matrimonio con Paola, lo que ahora sí incluye a Delphine. A pesar de esto, la prensa belga especula con una donación sustancial de Alberto II a su esposa para evitar que la fortuna correspondiente a sus tres hijos antes mencionados se vea mermada con el reconocimiento a Delphine, quién puede acabar beneficiándose de una cantidad irrisoria.

La nueva princesa siempre ha defendido que el dinero no ha sido el móvil de esta lucha por el reconocimiento como hija del monarca emérito. De hecho, esta batalla conllevó que fuera desheredada de su padre legal, el ex -marido de su madre, Jacques Boël, perteneciente a una de las familias más acaudaladas del país. Actualmente el grupo Boël es un conglomerado financiero de 600 millones de euros, la decimosexta fortuna del país. La prensa belga coincide en que esta riqueza es superior a la de la Familia Real belga, aunque aquí existen algunas dudas.

El soberano Alberto II reconoce un capital privado de 12, 4 millones de euros, una villa en el sur de Francia, un yate y una casa en Roma heredada de la familia de Paola. De esta forma a Delphine le corresponderían al menos 3 millones de euros ( si no se ha producido la donación antes mencionada), aunque según los cálculos del experto Thierry Debels la cifra podría ser mucho mayor ya que la fortuna del rey emérito podría alcanzar los 300 millones de euros si se contabilizar la opaca riqueza proveniente del Congo, en uno de los capítulos más negros de la historia belga. Delphine no tendría acceso a las propiedades del Estado (el palacio real, una parte del castillo de Laeken y el castillo de Belvédère dónde viven actualmente Alberto II y Paola) ni a otros bienes inmuebles que forman parte de la figura conocida como “donación real” y se heredan de monarca a monarca como forma de no repartir la fortuna.

En cuanto a su recién estrenado título, la escultora no tiene intención de utilizarlo a no ser que alguna organización de carácter benéfico se lo solicite. Delphine también ha defendido siempre que no es ninguna trepadora social ya que desde pequeña ha estado acostumbrada a codearse con la alta sociedad belga y que el oropel de los palacios nunca le ha impresionado demasiado.

Tras la mudanza de baronesa Sélys- Longchamp a Reino Unido, la familia también ha sido invitada a recepciones con miembros de la Familia Real británica. Antes de conocer la verdad sobre su filiación, la princesa consideraba al Rey Alberto II como un amigo más de la familia a la que la pequeña Delphine llamaba papillon ( mariposa en francés) de manera cariñosa. El idilio adultero se prolongó durante dos décadas y no salió a la luz pública hasta 1999, a través de una biografía no autorizada sobre Paola. En su discurso de Navidad de ese año, el rey Alberto II reconoció que su matrimonio había pasado momentos difíciles en el pasado. Unas palabras que fueron interpretadas como un reconocimiento velado al romance con la madre de Delphine, aunque no a su paternidad.

A partir de ahora, la escultora podrá utilizar uno de los apellidos de más rancio abolengo de Europa, Saxe- Cobourg- Gotha, un título proveniente del siglo XIX. Debido a su origen alemán, tras la primera Guerra Mundial, la familia belga dejó de utilizarlo. De hecho, en los documentos nacionales de identidad de la familia real se utilizaba el apellido “de Bélgica”. En 2015, un decretó real confirmó el derecho de la Familia Real a llevar este apellido. ¿Volverá a quedar proscrito nuevamente si la nueva princesa decide hacer uso de él?